MATE

MATE
La vida en un mate: sorber despacio y saborearlo con intensidad, que el mate como la vida, cuesta tiempo prepararlo, pero sino se disfruta al beberlo, cuando se acaba es tarde.

22 de enero de 2013

Vuelta al mundo 2013, CAPITULO 9 – LAGO BAIKAL (GMT+9

DÍA 15º IRKUTSK-LISTVYANKA
Me desperezo en mi litera del hostel, cuando oigo picar a la puerta y Yelena abre. Nada más oír el primer tono de voz en ingles del nuevo cliente, ya se quién es. Y es que el mundo es un pañuelo y viajando mucho más. Entra en la habitación compartida un siempre sonriente, que gozada estar al lado de gente así que te alegra el día, excompañero de pequeña charla en hostel de Moscú. Rodrigo, el brasileño con quien compartí unas pocas palabras antes de subirme al Transiberiano en Moscú, aparecía por allí para acompañarme el resto del día.

Rodrigo, también iba a comenzar el Transiberiano unos días después que yo, pero con menos paradas, por lo que aquí en Irkutsk ya me había pillado. Casualidad es que coincidamos en el mismo hostel, pero ser el más barato ayuda a sincronizarse.

Me pregunta que tal, y que intención tengo en el día, si voy a visitar la ciudad u alrededores. Le comento que nada más desayunar salgo hacia el lago Baikal, y que si le apetece acompañarme pues que genial.

Casi sin descansar, pero dándose una ducha rápida mientras desayuno en la pequeña cocina del hostel, acepta la invitación. Yelena me había puesto en la mesa mantequilla casera, pan tostado, mermelada y té. Entre tanto, estaba cociendo huevos, que no resultaron ser con yema tan colorida como los que salen de la parte trasera de las tan cuidadas gallinas de mi madre y Mónica, pero que con hambre atrasada me supieron a gloria. Por cierto un saludo Gloria de Avilés, que tienes un nombre que sabe a poco.

Yelena desayuna conmigo, cuando oímos un gran alarido en el baño, pensando que Rodrigo se había caído en la ducha, o le había dado un ataque, pero no. Me acerco a la puerta y le pregunto si necesita ayuda, pero enseguida me contesta que no, que está bien. Una experta en su casa Yelena acierta en el pronóstico, -hot wáter- me comenta. Y efectivamente, se había tropezado con el regulador de la ducha convirtiendo el agua muy caliente de por aquí en los cuartos de baño, en agua para escaldarse la espalda. El mayor peligro que de momento yo también me había encontrado por aquí, el agua de las duchas. Un fallo de previsión al abrir el grifo caliente antes que el frío, y creo que roza los 90º. Vamos que te queda la espalda para derretir hielo una semana.

Ya preparados, y superado el incidente térmico, salimos caminando primero hacia la estación de trenes, donde yo debía dejar comprado mi billete para esa noche. En el camino, unos tres kilómetros vemos en la nieve, cerca del río Angara, una manada de perros que guiados por su líder buscan sustento para el día. Es muy habitual ver por aquí perros semisalvajes, buscarse la vida por las ciudades, comentándome Rodrigo que la mayoría el Ayto. les da caza para vacunarlos y luego los vuelven a dejar en libertad.

Cruzando el puente sobre el río y las vías del Transiberiano, saco foto muy fotogénica, de los vagones esperando en las vías muertas trabajo para los próximos días. Los ferrocarriles aquí son tan usados que la cantidad de vagones a la espera de formar convoy que ves en las vías es enorme en todas las estaciones.


En la gran estación, tras saber cuál era la ventanilla rusa adecuada, saco mi pasaje hacia Ulán Ude para esa noche, sin ningún problema ya. Yelena me había escrito en ruso toda la información, que después de varios días yo ya casi se leer, y explicar que billete quiero. Como siempre, tercera clase, el más barato, y a ser posible litera que no esté en el pasillo. Todo perfecto señora despachadora, a la noche me tiene Usted aquí para seguir usando su Transiberiano.

Antes de irnos hacia el lago, le digo a Rodrigo que me gustaría ir a ver un barco con mucha historia, que hoy en día esta encallado en el hielo al norte de la ciudad, junto a una presa que se construyó hace unas cuantas décadas.

Caminando y viendo a nuestro paso todavía alguna de las antiguas casas de madera, que sobrevivieron a varios incendios de esta ciudad, y que dan un aire de pasado a varios barrios donde se ubican, nos vamos a coger un bus urbano que creo nos lleve rio arriba.

Rodrigo lleva el GPS activado, y mientras estamos en el bus que tomamos, vemos que vamos hacia la dirección que queremos. Siempre estás un poco desubicado en el bus, ya que aquí nunca se paga al subir, sino al conductor cuando te apeas en tu parada. El bus va por encima de la presa congelada, y por el mapa sé que el barco se encuentra al final de ella en la otra orilla.

Nos bajamos y caminando un poco ya vemos el famoso Angara. Este es uno de los barcos que se construyeron para ayudar a cruzar el Transiberiano el lago Baikal cuando aún no había vías construidas, por lo difícil de la orografía cercana al gran lago.

No os voy a contar toda la historia, pero os resumo que el Transiberiano inicialmente llego hasta aquí, y ante la dificultad del lago y sus montañosa orilla sur, la más fácil de rodear sin tener que irse casi 600 kilómetros hacia el norte, se pensó en cruzar los vagones en un gran barco que los depositara al otro lado del lago, para desde allí seguir con el trayecto hacia el Pacifico sobre raíles.

Se construyó un barco, que tenía que ser rompehielos, para poder atravesar el helado lago en el frio invierno, y no quedarse atascado cuando comenzara la solidificación del agua. Ese barco tuvo que descomponerse en piezas una vez hecho, para a su vez venir correctamente embalado en miles de piezas a bordo del propio Transiberiano, y luego al llegar cerca del lago volver a montarse todo. Imaginaros que obra, hacer, desmontar, cargar, descargar y volver a montarse casi a 6000kms de su puerto de llegada, para a su vez luego transportar al mismo Transiberiano que le transportó hasta aquí, una locuuuuura. Pero se hizo, y en tiempo cuasi record, ya que el ejército ruso lo necesitaba con urgencia para transportar tropas y material hacia sus defensas de la zona siberiana del Pacifico.

No faltaron problemas y errores, como que hasta que comenzó a navegar con vías en sus cubiertas capaces de albergar todo un tren Transiberiano en cada sentido, se pensó en poder cubrir el trayecto en invierno, haciendo unas vías sobre el hielo del lago, con la esperanza de que el hielo soportara el peso, pero no. Después de construir todo un trazado, se probó a pasar con una locomotora, la cual no soportando el peso el hielo en el centro del lago por las corrientes submarinas de agua menos fría, se fue hundiendo, hasta que los presentes se quedaron boquiabiertos con tan magno espectáculo. El Transiberiano, se convertía en el Nautilus, y ahí descansó la locomotora buceadora.

Más tarde se mandó construir otro barco, un poco más pequeño, que es el que estábamos nosotros ahora viendo, de nombre Angara, como el río que atraviesa esta ciudad de Irkutsk , y que es el único que desagua aguas del gigantesco lago, y cuya misión era surcar las aguas del rio hasta el lago y desde allí cruzarlo. Pero el barco era más pequeño de lo que debiera para que con su peso rompiera el gran espesor del hielo en invierno, por lo que resultó un fracaso total.

La única forma de que pudiera cruzar el Baikal era siguiendo la estela del gran rompehielos que le iba abriendo camino. Aún con tan des motivantes malas noticias, la capacidad del hombre para superar obstáculos es total. Se hizo una línea férrea llamada Circumbaikal, que con un numeroso número de túneles y puentes, bordeaba el lago por su parte sur.

Hoy en día esa línea se sigue usando, pero solo con fines turísticos por su lentitud, ya que la nueva línea que yo tomaría esa noche va directa desde Irkutsk hasta el punto más al sur del Baikal, y desde allí a Ulán Ude, ya en la vecina República de Buriatia.

Bueno y no sigo contándoos batallas del transiberiano a su paso por tan imponente lago, sino que os cuento un poco nuestra visita al pequeño Angara, que ahora descansa aquí como historia del río y del Baikal. Descendemos por el terraplén que forma la presa sobre el río hacia el gran pantano congelado que se forma en esta época, y en frente nuestro tenemos al histórico barco encallado en el hielo, como si en cemento armado lo hubieran depositado.

Tomamos unas fotos desde la parte de babor del barco y rodeándolo por la proa, intentamos rescatarlo del hielo sin éxito (es brooooma). Primero Rodrigo, un brasileño de Rio de Janeiro con tejanos en Siberia, y luego Alberto, un asturiano que todavía no ha usado los guantes en todo el viaje. Vaya par de integrantes del ejército siberiano ruso. No pasamos ni la primera oposición a ayudantes de cocina para servir los ranchos de los camaradas soviéticos.

Nos hacemos unas fotos y al no ver a nadie por allí abordamos el barco, con intención de hacernos a la mar (es más broma), para hacernos a la mar echaríamos una vida. Primero deberíamos esperar al deshielo, luego que se rajara la presa, luego navegar el río, luego desmontar el barco, luego montarlo en el Indico y luego, bueno luego, luego seriamos “los reyes del mambo” navegando en el hasta la playa de Copacabana, para que nos viera llegar la madre de Rodri en él. Por falta de imaginación no iba a ser, a que no?

Una vez en cubierta, vemos que está bien conservado para tener sus 100 añitos, y me recuerda mucho a mi navegación en otro de los mitos del agua dulce, y de similar historia que os comparto enlace por si tenéis más ganas de leer. Se trata del gran Liemba, el cual hoy en día sigue navegando por el africano Lago Tanganika.

http://albertocampamontes.blogspot.com/2012/02/cuaderno-de-viaje-africa-ix-lago.html

Desde dentro del puente de mando alguien nos mira, y como si hubiéramos perturbado su intimidad sale a nuestro encuentro. Nos disculpamos ante casero ruso del Angara y desembarcamos de la nao, sin haber completado el abordaje pirata, y diciendo adiós a nuestro sueño de irnos con él al pueblecito brasileño de mi amigo: Riuuuu do Janeeeerio.

Lo miramos por última vez e iniciamos vuelta hacia el centro de la ciudad, en otro bus urbano, para a continuación dirigirnos al Baikal. En el centro camino de la estación de minibuses, le enseño a Rodrigo varios lugares que había visto el día anterior, para que él pueda visitarlos al día siguiente. La plaza Kirov, el Circo, las calles peatonales con sus simpáticas figuras de bronce.

Después de preguntar varias veces, un corpulento señor nos señala una pequeña furgo ya a punto de salir al estar casi completo su aforo. Nuestro destino, Listvyanka, pequeño pueblo a orillas del lago, está más o menos a una hora de viaje por nevada carretera entre bosques siberianos. En la furgo viajamos doce personas, pero nuestra mirada recae en una simpática y coqueta niña que viaja con su mama. Con su colorido anorak y capucha de pelo, va mirando a estos dos peces de aguas más calientes, que se están a punto de congelar unas horas más tarde en tan helador lago frigorífico.

Poco antes de llegar a Listvyanka, vemos donde se juntan las aguas del lago con las del rio Angara, formando un precioso contraste de medio acuífero sólido y líquido, que maravilla. Unos tres kilómetros más adelante nos posamos y sin pensarlo dos veces corremos a tirarnos a bañar en el lago,…nooooooo, eso es en verano, donde miles de rusos de todas las Rusias, se vienen aquí de vacaciones a tomar el sol en la playa que el lago forma junto a esta tranquila villa vacacional, y zambullirse en sus aguas.

Parece increíble, pero como me comenta por Facebook mi amigo Ángel, que estuvo aquí en verano y con calorcito, ahora el lago es una gran pista de patinaje, con una ya buen capa de hielo.

Rodrigo con más precaución por si se rompe el hielo, y yo más alegremente al observar que hasta hay coches circulando sobre el lago, nos subimos a tan deslizadiza superficie. Una gozada dejarte patinar por el hielo, mirando hacia abajo y viendo el fondo cristalino a través del hielo, con burbujas de aire y nieve atrapadas en su compacta capa de hielo.

Cerca de nosotros se está construyendo todo un Port Aventura a la siberiana, es decir un parque de atracciones pero de hielo, con sus muros de hielo, sus toboganes gigantes con altura y curvas iniciales, piscinas de hielo, y todo cortando este material en el centro del lago con un mecanismo de sierra eléctrica.

Me acerco hasta ellos para ver como cortan el hielo y luego lo transportan en una pequeña furgoneta en bloques, pero enseguida me avisan que no me acerque por que donde están cortando y hasta que de nuevo el agua que brota del fondo se vuelve a congelar podría romper. Como entiendo el ruso ya, como si hubiera nacido aquí. Nooo, ni entiendo el ruso ni nací aquí, porque si no no me estaría acercando a los agujeros, ni este ruso me estaría haciendo los grandes aspavientos con las manos que me estaba haciendo, jajá. No hay nada como la mímica. Charlot hablaba sin hablar, y que bien le entendíamos todo al gran cómico en blanco y negro.

Seguimos inspeccionando tan diferente para nosotros medio acuoso, hasta que uno de los dos ya le dice al otro sino sería mejor ir a tomarnos un té, ya que estábamos con signos avanzados de congelación en dedos de los pies de tanto caminar sobre Frigoríficos Fandiño, y en los de las manos de sacar tantas fotos en la cámara de Congelados Basilio.

Tiritando entramos en un pequeño bar a la orilla del lago donde una estufa hacia saltar las lágrimas de satisfacción a tan grandes exploradores polares.

Media horina allí, y listos para salir, o mejor dicho para entrar al frío nuevamente. Caminamos por un sendero que asciende por las montañas que bordean el lago, y así poder desde lo alto contemplar tan bella obra de arte. El Baikal a nuestros pies, más de 600 kilómetros de longitud norte-sur, un ancho que llega a los 80 kilómetros este-oeste y en su interior el 20% del agua dulce de todo el planeta. Es grande pero no tanto como para esta cifra, pero ahí es donde interviene su gran profundidad, hasta los casi 1700 m de vertical cantidad de agua, hace que tenga más líquido, ahora sólido, que todos los grandes lagos norteamericanos. Y para abastecer tanta capacidad 336 ríos siberianos se ponen todos de acuerdo para escupirle agua sin parar al amigo. Im-presionante, diría Jesulín.

-Ya me guztaria a mí, torear en una plasa como ezta, vaya pedaso plasa- comenta el afamado torero.

Todo impresiona aquí, hasta ver que ya puedes cruzar el lago en taxi a gran velocidad, eso sí conociendo por donde no se romperá, que sino acabas visitando la locomotora.

Con pocas ganas de abandonar el lugar, pero con posible pérdida de mi tren si no lo hacemos, tomamos una furgo de regreso, pero haciéndosenos inevitable pararnos a hacer fotos en el entronque del lago con el rio Angara.

Abandonamos esta furgo y nos acercamos a un simpático mirador donde vemos a gente atravesar el lago en skis de fondo y en motos de nieve. La puesta de sol sobre el lago es preciosa, y muy cerca de allí, un pequeño transbordador, transporta pasaje y coches de una orilla a otra del rio, uniendo esta con Port Baikal, donde comienza la ruta del tren Circumbaikal.

Ahora sí, a esperar el minibús definitivo que nos devuelva a Irkutsk, viendo en la parada el cercano museo del lago, con un robot submarino expuesto en una cristalina urna en su exterior, y un precioso perro siberiano que merodea por los alrededores.

Una hora de regreso, todavía nos da tiempo a comer algo camino del hostel para recoger yo mi mochila grande, y despedida de mi gran amigo ya, Rodrigo de Rio.

Camino hacia la estación y tomo el tren de la noche camino de mi nuevo destino: la Republica de Buriatia, os cuento más cosillas “mes amis”, como me presta teneros leyendo. Abrazoski.

Como siempre capítulos anteriores en:

Http://albertocampamontes.blogspot.com

1 comentario:

  1. Ya tardaba en aparecer este congelado capítulo. Esto engancha, Campa.
    Se hecha en falta la foto correspondiente a la puesta de sol sobre el Baikal y soban los paréntesis que abrazan el "es broma" ya que rompen el sarcasmo astur :-).
    34 años enseñando Geografía a los guajes y desconocía la historia del Angara y sus congeladas aguas. Nunca es tarde para el aprendizaje.
    Me maravilla lo bien organizado que tienes el viaje dejando poco para la improvisación. Supongo que esto te haya servido para realizar el viaje al menos dos veces.
    También desconocía que existiese en Rusia una república denominada Barataria :-). Esto parece el juego de la oca, de república en república y tiro por que me toca. A ver si vamos aprendiendo por aquí.
    También echo de menos foto con Rodrigo. Nada esto es tarea pendiente para el próximo reencuentro, si lo hubiera, claro.
    Por cierto el domingo en TVE2 estuve viendo un reportaje sobre esa tierra y salieron los cortadores de bloques de hielo para realizar una exposición de esculturas gigantes de hielo. Era impresionante, incluso visto por TV así que no me imagino como será en rabioso directo.
    Na, que nos vemos en Ulán Ude. Dobroye utro!

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