MATE

MATE
La vida en un mate: sorber despacio y saborearlo con intensidad, que el mate como la vida, cuesta tiempo prepararlo, pero sino se disfruta al beberlo, cuando se acaba es tarde.

16 de enero de 2013

Vuelta al mundo 2013 CAPITULO 6 OMSK (GMT+7) LA SIBERIA OCC.

DÍA 9º EKATERIMBURG-OMSK

Ya de madrugada en Ekaterimburgo, pero esperando por la hora de Moscú para tomar mi tren, salgo de la verde e imponente estación de la ciudad a conocer a alguien muy especial. Se llama Rossiya y es el tren por excelencia de la ruta Transiberiana. De hecho si el nombre de Transiberiano se lo quisiéramos poner a un solo tren, sería a este. Estoy haciendo todo el recorrido intentando siempre el precio mas bajo en cada trayecto pero no quería dejar la oportunidad de subirme a este para conocerlo aunque fuera en su tercera clase.

Son la 1:30h de Moscú, las 3:30h en Ekaterimburg, la revisora llena de nieve después de quitar capa que el tren iba acumulando en su parte inferior durante el trayecto anterior, me comprueba pasaporte y billete, y aupa. Poco después el Rossiya comienza a rodar. Me acomodo en mi litera y aun siendo tercera, hay diferencia de confort con el resto de los trenes, estoy en las de arriba, las que la gente no suele querer y las que suelen quedar libres a buen precio. Debajo un matrimonio mayor muy parecido al de la noche anterior.

Enfrente mio, en las literas del pasillo una gran señora que sobresale de su litera, ya durmiendo y adivino ver con un enorme peluche. Me llama la atención el equipaje con el que viaja la gente, igual que Mr. Bean. Luego compruebo que no era tan infantil sino que se lo había colocado su hija que estaba en la litera de al lado y pasaba a por su bien mas preciado amigo después de que arropara y mimara a su mama.

La temperatura ideal y muy buena noche, duermo bien y descanso de las otras noches de ronquidos y cuchicheo interminables.

En la mañana me despierto como casi todos los días con el desayuno picnic de mis vecinos, los güelinos de las literas inferiores, paisaje de taiga nevada y muchos pueblecillos con casas tapadas por la nieve a nuestro paso. La nevada es de infarto.

Me aseo un poco y compruebo que existe una curiosa coincidencia. El reloj digital del vagón que marca la temperatura indica, que hay la misma temperatura dentro que fuera. Lo podríamos llamar equilibrio térmico. Dentro unos 23ºC muy agradables y fuera unos -23º C muy desagradables. Alcanzo la temperatura mínima a la que estuve en un viaje y que fue con Mónica en la Laponia finlandesa un precioso invierno ártico. Me imagino en algún momento del viaje se superará esa marca de frigorífica temperatura.

Había leído, pero no me imaginaba que iba a saborear las dos temperaturas, y es que dándome un paseo por el tren hasta el vagón restaurante y la primera clase para conocerlo, pasando de puerta en puerta y de vagón en vagón saboreas los 23ºC y atraviesas los -23ºC y así en once ocasiones en cada trayecto, tantas como vagones llevaba el Rossiya.

Tras visitar los vagones de primera clase que tampoco eran para tanto, la única diferencia consiste en el tapizado en terciopelo y que solo hay dos literas por vagón, y ya con el frescor que te dan las mañanas rusas atravesando el tren, desayuno un sándwich que consistía en una única rebanada de pan duro y una única loncha de jamón york cortada a hacha. Nada de margarina, ni mantequilla, ni tostado, ni nada. Aquí en Rusia mariconadas las justas.

Solo, solo, en este vagón que parecía estar esperando un cadáver y que apareciera Jessica Flecher a solucionar el caso, trago el morillo pan con el morillo jamón, como en un concurso de a ver que entra pa dentro.

Al volver a mi vagón me tome un té de la maquina que me sirvió el revisor y cortesía de la compañía para con lo pasajeros. El porta tazas para no escaldarse las manos precioso.

Mamas con neninos en viaje hacia casa y güelinos con los que comparto conversación sin compartir conversación. También les gusto fotina de despedida y ellos como rosas de guapos. Vitaley 84 añucos muy bien llevaos y ella Taisia 81, en la flor de la vida. Juntinos y pa su casina de un pueblín a las afueras de Omsk.

Me bajo fotografiando el vagón restaurant del Rossiya y me dirijo a buscar donde pasar la noche que me quedaría en Omsk.

Estación con wifi como todas hasta el momento y tras informarme por portales de backpackers y hostel veo que en esta capital de la Siberia Occidental no hay ninguno. Casi todos son hoteles sencillos como un Ibis francés, pero de precio unos 3000 y 4000 rublos la noche. En la estación me indican que arriba hay camas compartidas y para arriba que me voy, y efectivamente puedes quedarte en la misma estación en una habitación de tres camas compartidas por unos 1900 rublos, unos 45€. Me sigue sin encajar y reviso mas cosas por internet hasta que topo con un lugar un poco extraño a las afueras, al otro lado del congelado rio. No me cuadra mucho, tiene buena apariencia, la habitación no es compartida y cuesta solo 800 rublos. Pregunto como ir y lo única forma a esas horas ya oscureciendo es un taxi. Me cobra 300 rublos así que me tiene cuenta igual y para allá que voy.

En el trayecto, larguísimo, como para intentar ir andando, serían unos 8 ó 9 kilómetros por heladas carreteras atravesamos el rio y nos internamos en un siniestro bosque de pino ruso hasta que por unas pequeñas carreteras y después de dudar un poco el taxista, divisamos un edificio. Me bajo sin pagarle al taxista por si las moscas y allí no hay nadie, pero al poco tiempo me hable una recepcionista que me verifica hay plazas y que son 800 rublos.

Como para no haber sitio deberíamos estar 2 o 3 personas por lo que vi a la mañana siguiente en el desayuno que cogí por solo 80 rublos más. Era una especie de residencia para deportistas o algo similar. Baño fuera de la habitación pero bien.

DIA 10º OMSK

Desayunando dos personas, y me dieron queso, jamón y pan con una especie de Maizena. Café soluble y bien. No obstante aquello por la soledad del lugar y de clientes parecía la película “El resplandor”, con todo pinos y abetos nevados en el exterior y jardín preparado para aparecer Nicolson con el hacha.

Por la mañana caminando un kilometro si salí a una carretera por donde pasaban autobuses al centro de Omsk. Esta ciudad esta al norte y a muy pocos kilómetros de la frontera de Kazajistán, la mayor republica separada de la extinta CCCP. Me quedo con ganas de irme hasta Astana, pero solo tengo visado ruso con dos entradas y la segunda será para entrar de vuelta al país desde la vecina Mongolia. Cerca de aquí otra ciudad compite por la capitalidad de esta zona de Siberia y de nombre muy parecido: Tomsk.

En el bus mitad de personas de rasgos eslavos y la otra mitad ya con rasgos más asiáticos. Cerca del centro tomo un viejo trolebús para irme hacia la zona del gran teatro y de la catedral ortodoxa. En el recorrido todas las farolas llevan pintada la bandera rusa y muchos empleados retiran nieve de las calles.

Al llegar tengo la suerte de ver que hay gente arropando a unos novios y que entran a celebrar una boda. Así que a hacer bulto, que es sábado y no tengo mucho que hacer. La novia blanquina, blanquina y el delgadísimo seguidos de fotógrafa y familiares e invitados avanzan hacia el altar…se internan por la banda, avanzan al área, driblan al cura, centran y golllllllllllllllllllllllllllll. No, no fue así pero que recuerdos del gran Gila.

Se consumen muchas velas en una ceremonia ortodoxa, no me extraña que en todas las iglesias haya una tiendina en su interior con imágenes, calendarios religiosos, iconos y sobre todo velas, muchas velinas. Se ponen a todos los iconos.

Abandono el recinto del acontecimiento y visito el gran teatro de la ciudad, de color verde celador, muy verde, con llamativa estatua en su exterior dedicada a un atleta entrando en meta de la cual saco foto y dedico a mis amigos maratonianos, para desde allí dirigirme hasta el centro a comer algo y esperar escribiendo en la tarde a la salida de mi nuevo tren de la noche.

En el trayecto muchos puestos callejeros, eso si ye pasar frio y no un martes por la mañana en el mercao de Pola, con venta de frutas del bosque y un mercadillo de ropa, ninguna muy de verano.

Como algo en una pizzería local con wifi y veo una mesa preparada en un pequeño salón que no me imaginaba después fuera la usada por los novios y sus invitados para el banquete. Mucha animación después de la comida, música, baile, más música, en esta ocasión española que es la que animó el baile y a por una tarde noche loca, loca, loca. Me imagino después vienen años de seriedad rusa, hay que aprovechar el día con música de Shakira y de Paquito.

Mañana nos vemos en Novosibirsk.

Capitulos anteriores en blog:

Http://albertocampamontes.blogspot.com

5 comentarios:

  1. Nos dejas acongojados esperando el capítulo siguiente y sin saber cómo fue el despertar en esos albergues bosquianos lejos de la mano de Dios. Cada vez buscas cama en lugares más inhóspitos.
    No sé si visitando tanta iglesia ortodoxa al final terminarás acogiéndote a su fe. O en su defecto haciendo de padrino de boda o bautizo.
    Ten cuidado en los pasos entre vagones, con ese hielo no debe de ser muy difícil apearse, mejor dicho culearse, en marcha.
    Cuando hablas de camas compartidas te estás refiriendo a habitación compartida ¿no? No te imagino durmiendo en medio de dos en una cama de 90 cm. :-)
    Me ha gustado el té y su sujetavaso. Precioso.
    Nos vemos en Novosibirsk.

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    1. Jaja, eres mundial, quedamos en Novosibirk. Abrazoski.

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  2. Amiguuuuu tas haciendome desempolvar el Atlas toos los dias ... jajajajaja...hoy tocó localizar Omsk (no sabía ni que existía) y de pasu aprovecho pa localizar tu próxima parada Novosibirk,así pa mañana ya tengo el trabayu fechu.Tas en el quintu pino compañero.¿Sabrás volver oh? jajajajajajajaja ...Abrazoski amigu.

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    1. Si la tierra es redonda, creo que llegaré, jaja, pero sino, buff.

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    2. Si la tierra es redonda creo que si, jaja, pero sino, buff.

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