MATE

MATE
La vida en un mate: sorber despacio y saborearlo con intensidad, que el mate como la vida, cuesta tiempo prepararlo, pero sino se disfruta al beberlo, cuando se acaba es tarde.

10 de enero de 2013

VUELTA AL MUNDO 2013, CAPITULO. 3 – MOSCÚ (GMT+4)

 





DÍA 4º KIEV– MOSCÚ

Como veo que después de leer muchos el anterior capitulo, me escribisteis sobre todo interesándoos por el despertar de mi amigo Iván, comienzo este informando del tema.

Iván, la anterior noche Iván “el terrible”, se convirtió por la mañana solo en Iván “el travieso”, porque como casi todo en la vida hay que dar tiempo al tiempo y en el caso de mi amigo ruso, pues también. En su línea de ayudar al camarada Alberto, se levanto primero que yo ya muy lúcido y me indicó, nada más abrir yo el ojo, mediante señales inequívocas donde tenia la toalla y que tenia que ir a lavarme porque en menos de una hora, estaríamos en la capital rusa.

Mediante señas charlamos un poco a nuestra manera y me hizo saber que fue militar y excombatiente en la primera guerra de Afganistán, cuando la URSS invadió el país. Hasta me enseño herida de bala en su brazo derecho y casaca militar.

Al llegar a la estación nos despedimos con un fuerte abrazo, para mí demasiado fuerte abrazo, no soy ruso, pero eso sí sincero de una buena persona, que la vida le haría matar sus penas en alcohol. Pero le agradezco también me diera las primeras lecciones de la vida en los trenes rusos, que fijo me servirán y mucho en tantos que tendré que coger en este viaje. Hasta que otro viaje nos junte Iván, eres una buena persona.

Salgo con mis mochilas del andén y camino hacia el interior de la estación, que como me esperaba era sobria pero grandísima. Los aeropuertos hoy en día son casi todos iguales pero entrar en una estación de trenes rusa es como entrar en una gran catedral, te impacta su grandiosidad.

Mucho trajín de gente yendo y viniendo, y lo primero me tomo un café para despertar de una mala noche, sobre todo por el mucho calor que había en el compartimento, mi reloj marcaba 31º, casi prefiero el frio exterior, que ese calor que te reseca la boca hasta el punto de roncar todos como una sinfónica.

Tengo la gran suerte de tener WiFi gratuito en la estación, cosa bastante habitual en todo Moscú, y pongo la dirección del Backpackers en que me alojaría. Menos mal, porque me dio todas las indicaciones de los metros que debía tomar, así como también hacer los cambios.

Cuando entras en el metro ruso también te impresiona por lo bonitas que son todas sus estaciones, los bolcheviques las llamaban “Los palacios del pueblo”, y no sin razón, que maravilla. Cada una más bonita que la otra y en diferentes estilos, aunque guardando una cosa en común: la exaltación de los trabajos del pueblo e iconos de la época comunista. Me gusta que no se haya destruido esta estética, porque independientemente de ideologías y cambios que en todos sitios se van produciendo constantemente son historia reciente, que puede convivir con el presente sin tener que desaparecer.
Salgo después de unas cuantas estaciones y unos estudiantes me ayudan a llegar a mi alojamiento, Godzillas Hostel, de los que más fama tiene en Moscú entre mochileros. Atravieso un parque completamente nevado y con la temperatura bastante mas baja que en Kiev.

Me registro y me asignan cama, luego de que un grupo de americanos de Nueva York acaben de negociar una habitación para estar todos juntos. Mientras espero, entablo conversación diciéndome que están una semana de vacaciones en Moscú. ¡Quien se lo iba a decir a Kennedy cuando la crisis de los misiles!, americanos en Moscú sin ser espías. Eso sí, algunos de ellos con ese aire de superioridad que  no son capaces de esconder aunque estén fuera de su país, pero sin mas importancia que alguna frase al recepcionista como “Es que mi tiempo vale mucho dinero”. Siempre la ecuación tiempo-dinero, que dilema.

Me acomodan en una habitación de 10 camas y me toca compartir con dos fineses, de la misma Finlandia, una simpatiquísima surcoreana que también está dando la vuelta al mundo, pero en avión, Seúl, New York, Barcelona, Moscú y vuelta a Seúl, y un siberiano que estudia en Moscú.

Charlando con los fineses me dicen que saldrán también a hacer el transiberiano pero con menos paradas que yo. No iremos juntos pero si me ayudan bastante, indicándome que para poder sacar los billetes en recepción me ayudan a traducir los nombres, días y clase al cirílico ruso para luego poder sacarlo en la estación, sin que a uno le riñan mucho.

Descanso un poco después de una ducha hirviendo, y empiezo a preparar las etapas que pretendo hacer en el tren. Hay que planificar con unos días de antelación para poder conseguir los billetes mas económicos que son viajando en tercera clase, y poder así, ir subiendo y bajando en las poblaciones más interesantes que visitar. Si emites un billete completo en la ruta Transiberiana no puedes bajar del tren salvo en las cortas paradas en las estaciones.

A última hora me acerco a cenar a una zona de cafés cerca del hostel y paso al lado del circo, con gran entrada de público a esas horas ya que al ser fiestas de Reyes está lleno de papas y mamas con neninos rusos. Deciros que los circos aquí en el este, como ya viera el de Kiev que os muestro en la foto, son permanentes en edificios de construcción, y no en carpas. Antes eran en carpas pero se les congelaban los leones, dos de ellos los mandaron al congreso de los diputados español petrificados…es broooooma. Normal que no sean en carpa porque aquí se va mucho al circo como en otros sitios puede ser ir al teatro, y con estos fríos se les congelan también los niños.

Ceno en un pequeño restaurante un poco de pescado cocinado al estilo ruso, en una especie de empanado, y bliny, una especie de crepes rusos rellenos.

Al salir, un reloj exterior marca también la temperatura en la calle que a esas horas ya de noche es de 11º bajo cero, aquí en esta época oscurece muy temprano y el frio se acentúa bastante.

Noche en hostel después de pasar un ratillo con todos vosotros en Facebook, que gozada leer y compartir comentarios, acompaña muchísimo.

DÍA 5º MOSCÚ

Me levanto para visitar la gran capital rusa empezando por su famoso Kremlin, tomo el metro y comienzo la gran prueba de orientación y descifración de jeroglíficos que es moverse por aquí. He estado en los metros de casi todas las grandes capitales del mundo, pero el de Moscú es de otro planeta. Las estaciones son tan preciosas y una obra de arte, en piedra y mármol, que claro no se coloca ni carteles, ni mapas ni nada. Solo cada mucho tiempo hay carteles en el techo con las estaciones, en alfabeto cirílico claro esta, y hay que traducirlo al nuestro para saber el nombre de la estación a donde quieres ir. Así que lo más sencillo es enseñarle a un moscovita la foto del Kremlin, “Et Voilá”, vas pasando pantallas como en un videojuego y de estación en estación hasta que salgo victorioso enfrente de la entrada principal del Kremlin en Alexandrosky SAD.

Pero como es festivo en Rusia, me desanima un poco asomarme a ver los muros del Kremlin con una gran cola que da vuelta tomando todo un costado de la inmensa muralla. No obstante saco entrada de acceso al recinto y me dirijo a ella. La cola avanza despacio por los fuertes controles de seguridad para acceder al recinto, sede de la administración rusa así como de la presidencia del país, en otras palabras, a la casa de Vladimir Putin hay que entrar sin armas, no vaya a ser que se repita algo parecido a la crisis de los rehenes en el teatro moscovita. Espero una media hora y cuando llego paso el control, pero mi mochila no, lleva un ordenador y al Kremlin no se puede entrar de ordenador. ¿Pa donde vas Albertín?, para el carro. El uniformado miembro de la policía rusa me indica amablemente que netbook no pasa, así que a dejarlo en consigna para entrar. Afortunadamente me indica que no haga cola para entrar de nuevo.

Solucionado el problema de logística accedo al magno recinto, que preciosidad, me gusta todo pero el Kremlin me pareció fabuloso, por imponente, por acogedor y por apoteósico. El Kremlin esta compuesto de muchos edificios entre los que destacan varias catedrales ortodoxas como la de la Asunción, la del Arcángel y la de la Anunciación, así como varias iglesias. Las voy visitando todas sorprendiéndome de los bonitos interiores muy coloridos con sus iconos y altares decoradisimos, y con la agradable sensación de calor que hay dentro y contrasta con el frio que hay en la plaza exterior común a todas ellas. Árbol gigantesco de navidad que luego resulto ser de los mas pequeños comparado con los del resto de Moscú, preciosos e iluminadísimos todos ellos.

Luego de entrar en calor y conocer mejor los ritos de los cristianos ortodoxos, me dirijo a ver el palacio presidencial, después de ver a mi paso unos gigantescos cañón y campana de hierro fundido y capa de nieve adicional, que no se mueven con solo dos bilbaínos, hay que contar con un tercero para moverlos, y tiene que ser de los mejores aizcolaris vascos. Me intereso por Vladimir ya que Jose Luis, un amigo mio del gimnasio, me dijo que le saludara. Me indica un joven militar que en el día de hoy no está en el Kremlin, no obstante le dejo tarjeta con mi móvil e email de Jose Luis, por si tiene un ratín cuando llegue y nos quiera saludar. Es broma, pero y si me llama?

Salgo por la gran torre que da al parque Alexandrosky, todo un espectáculo nevado, y rodeando toda la muralla me dirijo a la famosa Plaza Roja viendo a mi paso el casi congelado rio Moscova, que da nombre a la ciudad. Que nivelazo hay en el antes bastión comunista, se ha cambiado un sistema por el radicalmente distinto en muy poco tiempo, y el Zar de Rusia ahora es el rublo. Por cierto por un Euro nos dan 40 Rublos, no está mal, pero la vida es carísima en Moscú. Un café: 200rublos, no se toma más café. Entrada a la Roja Plaza, ahora blanca de nieve, que gran cantidad de maquinas y camiones se afanan en quitar, después de las fuertísimas nevadas del ultimo mes, y mi imaginación vuela hasta los grandes desfiles militares que veía en los telediarios de los años 70 en mi país. La plaza impresiona, pero aún mas su catedral de San Basilio, a la derecha con sus coloridas paredes y sus cúpulas bulbosas. Una pasada sacada del mejor parque de Disney.

Avanzo hacia el centro de la plaza y una masa de gente camina y se dirige a ver un gran espectáculo como es una pista de hielo instalada delante de la torre principal de acceso al Kremlin. Muchos niños y mayores se deslizan por ella en el sentido contrario a las agujas del reloj pero con un ritmo acompasado y algún que otro resbalón. Para contrarrestar algunos expertos hacen piruetas de vértigo sacadas de una exhibición de un campeonato de patinaje.

En frente los grandes almacenes GUM, en un fabuloso edificio que al caer la noche giña un ojo a la catedral de San Basilio para ser el hotel Disneyland de Paris. Cuento de hadas moscovita. Como un perrito ruso caliente, que tarda más en calentar que uno americano, será por el frio de Moscú, con un agua con gas que tarda más en congelarse en la calle, y mientras observo las caras tiendas de los almacenes con el gran café en primer plano, una masa de moscovitas entran y salen comprándolo todo. ¿Crisis rusa? No toca.

Luego camino a ver la pequeña iglesia ortodoxa frente al mausoleo de Lenin, con gran cantidad de gente poniendo velas y rezando en este día de fiesta ruso. Ya saliendo de la plaza y por sorpresa me encuentro con quien tanto me gusta encontrarme que son personajes históricos. Allí tenía saludándome al mismísimo Stalin a quien le pude sacar una foto, pero con quien no me pude sacar una foto porque los tiempos de los Soviets han cambiado y ahora el fenomenal imitador vestido de bolchevique pide una pasta por hacerse una foto con las gentes del pueblo. Habrá que esperar a la siguiente revolución para la foto. Más personajes de la gran madre Rusia, como el último zar Nicolai II, pululan a la salida de la plaza junto al rojísimo y espectacular museo de historia nacional en busca de gentes con las que se fotografiar.

Y en breve veo un tumulto de personas que parecen querer pisar todas la misma baldosa, que sorprendentemente no era otra que la baldosa 0, si el kilometro 0, como en la Puerta del Sol madrileña, aquí también hay el punto desde donde se miden todas las distancias en Rusia desde su capital, las mayores distancias de un país en este mundo. Al lado muchos vendedores con el bien más preciado para un turista, las matrioskas rusas, de distintos tamaños y con muchísimas piezas encajando unas en otras como si de un puzle tridimensional se tratara. Gorros con los emblemas comunistas y pins de la antigua Unión Soviética.

Es increíble como se nota todavía en una gran mayoría de gente, quizá la más sencilla, una cierta nostalgia por el pasado soviético. Como todo en la vida, nada es perfecto, ni el anticuado pasado comunista ni el feroz capitalismo moderno, solo en el término más medio se puede intentar la ponderación entre una cosa y la otra. Hoy en día Rusia tiene unas grandes diferencias entre riqueza y pobreza, quizá debido a ese cambio tan rápido que propicio la caída de la URSS.

Bajando muchísimo la temperatura me vuelvo a mi backpackers a hacer balance del día, y a comer algo más que ese único perrito del día. Cuando uno viaja intensamente casi se olvida de la comida, será que hay reservas en el cinturón abdominal.

Arroz con crujiente de pollo, especie de hamburguesa rusa riquísima, y cafetín, que tiendo a dejar de tomar ya que es carísimo desde que salí de casa, hasta el punto que te puede costar tanto o mas que el plato de comida. A partir de ahora “cha”, el té si es una opción barata.

Buenas noches Moscú. Os cuento más pronto.

4 comentarios:

  1. Bueno Alberto, ya leida tu cronica de viaje, uno se va a la cama feliz de sigas disfrutando de tu viaje y por supuesto de que nos lo sigas contando asi de bien.
    Abrazos amigo

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  2. Bien Campi, bien. Esto se anima. Da gusto leerte en el sofá de casa y con la calefacción a tope.
    Me estoy animando a realizar mi próximo viaje por esas tierras. Eso sí, en confortable cama y mejor compañía :-).
    ¿Cual es la siguiente parada? Bueno, no hace falta que respondas; ya lo comprobaré en el capítulo IV.
    No sé si te valdría más cambiar el café por Vodka en lugar de té :-).
    Nos Vemos ( ... en el cap. IV).

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  3. Jajajá. Si además el vodka barato barato.

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