MATE

MATE
La vida en un mate: sorber despacio y saborearlo con intensidad, que el mate como la vida, cuesta tiempo prepararlo, pero sino se disfruta al beberlo, cuando se acaba es tarde.

27 de enero de 2014

Amazonia 4 – AMAZONAS – SANTARÉM (COMUNIDADES INDÍGENAS)

DÍA  9 AMAZONAS (ISLA DE MARAJÓ)

Esta noche, y hasta coger confianza con los vecinos, duermo con mi mochila atada a un pie, por si tuviera la mala suerte de topar con amigo de lo ajeno en la nocturna noche amazónica, pero parece que el agua está bastante en calma, y la gente suele ser buena gente, aunque uno aprenda a desconfiar de primeras.

Después de dos días sin dormir reconozco que se me pegaron un poco las sabanas, mejor dicho la toalla con la que me tapo, en esta mi hamaca en noche que de húmeda se hizo fría. También tuve que levantarme a poner unos calcetines por que los piesucos recelaban de tanto presumible nocturno calor.

Todo el barco ya estaba despierto, y desde desayunando viandas en tupper, hasta aseándose en los fregaderos que tenemos con original jabón colgante en cubierta, la vida a bordo fluía por doquier. Mis vecinos, siempre con la sonrisa en la boca, me animan a salir de mi rede para acompañarles a disfrutar de la vida como nadie mejor que los brasileños saben.

Mi teoría en estas tierras cobra más fuerza que nunca. No hace falta mucho dinero para ser feliz, para ser muy feliz, porque con bien poco te puedes arreglar y encima pasarlo diez como pude comprobar poco después en esta enorme barcaza. Y es que está claro que gastando poco se puede disfrutar mucho, como ves que hacen las gentes de muchos lados que no tienen nuestros ingresos pero también pasan sin muchísimos de nuestros gastos. Solo hay que proponérselo a diario. A ellos les debe ser innato.

Y es que a media mañana, la música ya sonaba con fuerza, con mucha fuerza, ¿me oís bien o grito más? El futbol será “O reí do Brasil”, pero la música fijo que es la reina indiscutible. La gente bailando, las duchas de cubierta abiertas a tope rociando de agua a los chavales que en bañador se refrescan en día nuevamente de intenso sol y calor, y los más reposados disfrutando del disfrute de los demás. Esto es Brasil.

Me aseo un poco, me tomo una cervecina porque aquí un café y con este ambientazo ya ni pega, y poniéndome a escribir un poco entre tanto jaleo, pienso como me gustaría que estuvieran todos ustedes aquí conmigo para al menos saborear un poco esta forma de vida de viajeros brasileños y amazónicos. Espero al menos saber transmitirlo fielmente.

El paisaje, por supuesto que responde a las expectativas que uno trae por la gran vegetación que acompaña constantemente el recorrido del barco por uno de los muchos cauces del rio que van bordeando la también grandísima Ilha de Marajó, que es la mayor isla fluvial del mundo. Solo para que se pueda uno hacer una idea de tan magno tamaño, decir que en el mundo hay casi 70 países que son más pequeños que ella. Imaginaros sus dimensiones, pensando que tiene el tamaño de toda Suiza.

Según vamos remontando el río, muchísimos pequeños cayucos de habitantes de los pequeños poblados cercanos a la orilla, lo cruzan constantemente, y algunos se abarloan al barco cuando disminuye la velocidad para subir a bordo a vender productos entre los que los camaroes hacen las delicias del pasaje. Darse el gusto de estar comiendo nuestras quisquillas al precio de nuestras aceitunas es algo que no desaproveche.

A parte de las pequeñas embarcaciones de madera, otras grandes plataformas empujadas rio abajo por remolcadores, trasladan por el Amazones grandes contenedores, camiones y grandes paquetes. A veces la plataforma llega a ser veinte veces mayor que el pequeño remolcador, pero la fuerte corriente hace el resto.

Calor, mucho calor, ya no sé que más quitar, porque uno esta sudoroso constantemente. Pero lo impresionante del paisaje, lo acogedor del lugar, hace que la enorme humedad no importe tanto.

Ver la vida cotidiana de las poblaciones indígenas, bañándose, lavando la ropa o preparando las artes de pesca, es el hobby principal durante todo el día que transcurre lento por las muchas horas de luz de este día de verano austral. Y es que llegando a Belem ya crucé la línea del Ecuador que pasa por la ciudad capital de la provincia brasileña de Amapá, la pequeña Macapá. Así que oficialmente y aunque sea solo por unos pocos grados latitud sur estoy en verano.

Invito a mi brasileño vecino que disimuladamente se me ofrece a esa luego mi invitación, de cervecina Skol, pero lo que disfrutó con ella mereció la pena. A bordo dos cerveciñas, la citada Skol y la más conocida Bramha, precio el mismo, sabor el mismo también. Solo se debe de escoger por el color de la lata, si te gusta más el amarillo: Skol. Si te gusta más el rojo: Bramha. Así de sencillo.

Me topo con Fernando y Celila que están dando la vuelta a Sudamérica en moto y ayer la embarcaron compartiendo viaje conmigo hasta Santarém. Aprendiendo a vivir la vida, una vez criados y mayores los hijos, pertenecen a un club motero y ya llevan unos meses de viaje donde han llegado hasta Ushuaia por la zona Pacifica y retornan hacia Colombia por tierras brasileñas.

Al poco se me unen también a mi antes solitaria mesa, y ahora ya con cinco parlanchines hispanoparlantes, dos catalanes, Isabel y Amadeu, que también viajan en una pequeña moto alquilada, pero en este caso por Brasil, Perú y Bolivia. Tarde de relatos de aventuras viajeras.

Al poco tiempo  el barco vira a babor entrando en la zona ya anchísima del anchísimo, pero que muy ancho, principal Amazonas. Las orillas ahora ya están a kilómetros una de la otra, y no como hasta ahora que podías ir viendo detalles de ambas. Lo bueno de remontar el rio es que el barco para contrarrestar un poco la fuerte corriente casi siempre navega pegado a una de ellas para avanzar más, ya que no tienen excesivo calado al no tener que navegar por el mar. La vegetación sigue siendo igual, no excesivamente alta, aunque me imagino que más cerca de Santarém y luego Manaos sea mayor.

No apetece mucho comer con el calor y aprovecho a hacer una sola comida principal al día, que en el día de hoy será la cena a base de una preparada sopa de noodles con pollo.

La noche cae sobre el rio y la música sigue a tope, aquí para oír la fauna amazónica hay que esperar a bien entrada la noche, cuando en la paz de la hamaca uno recuerda otro maravilloso día de la vida a juntar con otros cuantos, se congratula con la buscada suerte, y da gracias por no haber tenida la otra suerte, la que te busca a ti, la tan temida mala suerte. Y para espantarla, es cuando se centra en imaginar alguno de los sonidos de la selva amazónica que mira inmaculada a los pasajeros del barco a su paso.

Entrada bien la noche el barco hace parada en pequeña población para coger y dejar pasajeros fluviales.

 

DÍA  10 AMAZONAS (A PRAINHA Y MONTE ALEGRE)

Hoy comienzo explicando el nombre del rio a quienes no lo sepáis, y es que el nombre proviene de la percepción que tuvo el gran explorador del mismo, Orellana, que viendo a los indios de las tribus del rio con su pelo muy largo y pensando que eran mujeres, lo llamo pensando en ellas como fieras guerreras mitológicas, Amazonas.

No responderá a la realidad, pero si es verdad que el nombre para mí es guapísimo, evocador y muy contundente como creo es este rio, que ha sido elegido en la votación que se celebró para elegir las nuevas maravillas naturales del mundo como una de ellas. Se hizo justicia plenamente.

Mi ya casi inseparable vecino de hamaca desde que le pagué una cerveciña, Cruzivaldo, me despierta enseñándome su camiseta del día, que es de su equipo preferido. Yo meto la pata preguntándole si es del Flamingo, mirando con cara de decepción al ser la de su queridísimo Santos. En fin, uno que no está muy puesto en los colores de los equipos brasileños. Y ya que me sonaban los nombres, que si no me deporta para España.

Al haber parado el barco, algún coleóptero pasa en vuelo rasante por encima de mi cabeza, una vez que está a gusto a bordo con tanta exquisita compañía. Los niños juguetean en sus redes, las niñas se peinan y arreglan para empezar el día, junto a sus mamas, y el sol da tregua matinal.

El día sigue con mucho movimiento de acoplamiento de los nuevos pasajeros que subieron durante la noche, y están acabando de colocar sus cosas e instalar hamacas. Aprovecho para afeitarme después de 10 días de viaje en los fregaderos que hay en esta cubierta de hamacas. Lo de hacer pipí sin tener que contener la respiración es una cosa que no entro en detalle a explicaros, es lo que tiene viajar en la última de las clases posibles.

Lo que si está bien es que en la cubierta inferior hay dos grandes bidones plásticos con café y leche gratis para todo el pasaje, que aprovecho a tomar con unas galletas que todavía tengo guardadas de queridísimo picnic que me hicieron antes de partir.

Otra cosa que no necesito comprar es el agua, ya que en la cubierta principal hay unos enfriadores que mantienen bastante fresca la espero depurada agua de las bodegas del barco, y que está siempre disponible para la sed del pasaje.

Una vez ya desayunado jugueteo con los muchos niños pequeños que andan por la cubierta, siempre con el incondicional permiso de sus mamás y papás, que siempre te corresponden con una sonrisa y les encanta les saques fotos a los retoños de todos tipos. Papá negrito con mamina india, mamina india con papiño blanco portugués, etc, y así esta tierra hoy, no sabe ya casi de razas y colores. Máxima y fenomenal mezcolanza multicultural y multirracial. Que más dará las formas y colores, si la gente se encuentra a gusto con otra persona. Viva Brasil!

Recordarme si no os cuento en estos días curiosidades de una de las tribus más utópicas de esta amazonia, y que sería el ejemplo para toda la humanidad, en cuanto a pensamiento, costumbre y forma de vida.


Al mediodía otro puerto fluvial donde dejar y recoger pasaje, es A Prainha. No estamos más de 15 minutos, en razón a la importancia de esta pequeña población. Las paradas más largas vendrán al final del día.

Día que aprovecho para devorar publicación del Amazonas que me traje para el viaje y de las que os cuento alguna cosilla de este insuperable rio en todos los sentidos. Sabíais que:

-          Cuando el rio desemboca en el Atlántico forma una mancha en este que es 14 veces mayor que toda la Península Ibérica.

-          A casi tres mil kilómetros tierra adentro, su curso solo tiene un desnivel de entre 100 y 200m, teniendo anchos kilométricos.

-          Alberga la mayor riqueza y densidad de especies animales y vegetales de la tierra, algunas que todavía ni se conocen.

-          Tiene más de 1000 afluentes que se pueden considerar como grandes ríos, con sus respectivos también miles de afluentes

-          Arroja al Atlántico más de 200.000 m3 de agua….por segundo. Eso es cinco veces más que el africano rio Congo, el segundo más caudaloso del mundo. Nuestro queridísimo Ebro no supera en su delta los 500m3, insignificante comparado con este.

-          Cuando hay crecidas anega kilómetros de tierra creando varzeas, especie de lagunas que permanecen tierra adentro todo el año, dándose en ellas hojas flotantes que pueden sustentar varios kilos de peso.

-          Grandes barcos pueden navegar por más de 14.000 kms y pequeños por más de 40.000 kms de vías fluviales.

-          Y por supuesto que aparte de ser el mayor y más caudaloso rio del mundo, desde hace unos pocos años descubriéndose sus fuentes cerca de Arequipa en Perú, es también el más largo, superando en unos metros los casi 7000 del Nilo, al cual tuve la suerte de llegar a ver sus fuentes en pasado viaje a Uganda.

-          Y que contiene casi el 20% del agua dulce del planeta o que en sus aguas hay delfines adaptados al agua dulce hace millones de años, y encima son de color rosa….es “el no va más en ríos”.

¿Qué os diga que veo en este preciso momento de directo relato?

Pues os lo traslado fielmente. En este momento estoy sentado con mi notebook mirando a popa del barco, navegamos con la vegetación pegada a estribor, y el rio se extiende a popa y a babor tantos kilómetros que no atisbo a ver la otra orilla, en una postal panorámica de agua marrón color café con leche. Bueno y con algo tan idílico también acaba de llegar Cruzivaldo a decirme en ya comprensible portugués que si le dejo un real para completar los cuatro que le cuesta su nueva cerveciña. Como desde la primera invitación le corté el grifo ahora me pide pequeños anticipos a cuenta, jejé, es mundial, y encima piensa que Albertinho es el Banco Do Brazil.

-          ¡Se acabó Cruzivaldo, ahora a por café do Brazil de la cubierta de abajo, que es gratis majo!

Tras este inciso sigo describiéndoos estos momentos en el barco. La música suena alta, muy alta, pero como es toda muy melódica no molesta nada, y la gente sentada mirando al exterior de la cubierta toma una cerveza, juega con los niños o intenta ganar una partida de cartas. Hace calor, mucho calor, y sobran las camisetas y hasta la piel si se pudiera quitar.

La motonave disminuye su velocidad, eso indica que tenemos pronta parada para dejar pasaje y carga, así como también para subirlo a bordo. La parada de la tarde es la pequeña localidad de Monte Alegre, donde aprovecho para desembarcar durante la poco más de media hora que estaremos en ella atracados, y así pasar algún correo con wifi que encuentro en almacén de piensos cercano y donde me facilitan gentilmente la clave. Uno siempre se acaba arreglando, pero que bueno sería que venciendo el negocio de las telefónicas, se pudiera impulsar el wifi global, y uno pudiera estar conectado en todas partes sin falta de restrictivas claves de acceso.

Se hace de noche y antes de zarpar el barco aprovecho para tomarme un cafetillo brasileño de cortesía a bordo, con mis amigos de también país muy cafetero como es Colombia.

Ellos continuaran viaje hasta cerca de Manaos donde desembarcaran y proseguirán viaje en moto hacia Venezuela. Yo sin embargo me posaré de madrugada para ver otra protagonista de esta cuenca amazónica, que no es otra que su gigantesca selva.

Tomamos unas fotos juntos, y comprando mi nocturna sopa de noodles, me despido de ellos para intentar dormir alguna hora extra antes de mi desembarco a las cuatro de la mañana en Santarém. Dije intentar, porque entre la muchedumbre que subió en Monte Alegre y colocó sus hamacas por todas partes, incluso encima de la mía, y el calor sofocante de esa sin nada de brisa noche, fue casi imposible hasta bien entrada la noche nocturna noche.

A uno le apetece en alguna ocasión tirarse al rio por proa y subirse con el paso del barco por popa, para refrescar un poco, pero por no asustar a los caimanes lo dejo para otro día.

 

DÍA  11 SANTARÉM-COMUNIDAD INDÍGENA DE MAGUARÍ

Suena despertador, pero el barco lleva algo de retraso y aun vamos en marcha, el barco todavía no ha llegado a Santarém, y tengo media hora más para dormitar a estas horas con un poco más de frescor, o mejor diremos con un poco menos de calor.

A eso de las cuatro y media llegamos a Santarém, y echando un poco de agua a la cara, descolgando mi fijo nuevamente necesaria hamaca y cargando con el petate, desembarco en la noche en oscuro puerto. Me entero de a cuanto está el centro de la ciudad para ir andando, pero enseguida locales me dicen está a casi 4 kilómetros y a esas horas mejor no ir andando. Cogida la indirecta, tomo un moto taxi que por 4 reales me llevará un poco más seguro. Insertándome estrecho casco, pero es el que hay asignado al pasajero, sea del tamaño que sea la cabeza del pasajero, me lo inserto como puedo, y allá que vamos, por oscuras carreteras hasta que la noche se hace aún más oscura, por la gran tromba de agua que se nos viene encima y que hace que el motorista taxista se pare debajo de un entoldado que no da a mas a evacuar agua.

Esperando sea una tormenta breve, esperamos un cuarto de hora…media hora…una hora, y esto no para. Creo que se va a batir el record del arca del buen Noé, así que allá que vamos nuevamente quedando casi como pitinos.

Y además pienso, ¿y ahora donde me meto, que hago hasta que tome un mañanero autobús a algún lugar en la selva?

Bueno, le digo que me lleve a un hotel, pero no para dormir, solo para desayunar. Y dejándome con mi lustroso y húmedo aspecto a la puerta, pico. Y un dormitado recepcionista me abre pero me dice que el desayuno nada de nada hasta las siete. Al menos el buen hombre me deja entrar, y espero a techo hasta la hora de devorar desayuno de huevos, salchichas y frutas, muchas frutas. Que bien pagué los 10 reales que me pidieron por saciar hambre mañanera…y es que después de ducharse ya se sabe, que entra el hambre, y menuda ducha amazónica!

Una vez acabado el diluvio mítico de Santarém voy a cambiar algo de dinero en la única casa de cambio que me indican hay en el centro, y aprovecho para enterarme como llegar hasta una comunidad indígena que había leído acoge huéspedes y enseña la selva al visitante.

El destartalado bus dirección a Jamaraquá sale a las 11 desde la zona alta de la ciudad a la que llego con mochila y una gran sudada, que se une a la mojadura anterior, por empinadas calles de Santarém. Me instalo en el bus y compro agua, porque me parecía poca la que llevaba encima. Cuando digo encima, era encima.

Como me acuerdo de mi padre en su época de conductor de rudimentarios autobuses, donde hacer el doble embrague no era algo recomendable, sino estrictamente necesario. Y es que hasta que uno alcanzaba en este bus los 50km/h, ya había que ir reduciendo para tomar más pasajeros en la carretera que iba pareja al Tapajós, nuevo cauce de rio amazónico, cerca del cual se encuentran los enclaves indígenas a los que me dirijo para conocer sus vidas y su gran selva.

Por el camino parada en tienda almacén de carretera, donde todos los pasajeros se apean a comprar productos que en sus poblaciones no habrá, al carecer de tiendas. Yo “haciendo lo que vieras”, también aprovecho y compro mi manjar preferido, el pan, y un refresco omnipresente en estas tierras de rico guaraná. En el bus aparte de portugués los viajeros de rasgos claramente indígenas, hablan lenguas locales, imposibles de entender por este foráneo que escucha atento pero sin posibilidad alguna de aprender algo.

La carretera esta asfaltada con la selva bien deforestada para poder mantenerla despejada, hasta una localidad municipio de nombre  Belterra, donde un conocidísimo constructor de coches americano, diseñó esta ciudad como lugar donde habitaran los trabajadores que recogieran el caucho para los neumáticos de una marca llamada: FORD.

El sueño de Henry Ford no duró mucho por la competencia asiática en el mercado del caucho, y la ciudad quedó para siempre como un tranquilo lugar a orillas del rio Tapajós.

Por pista ya de tierra, y ligeramente inundada después de tanta lluvia, seguimos hasta llegar a la entrada de la reserva, luego de unas 3 horas de viaje. Se pagan 13 reales por visitante huésped, para acceder a alojarse con estas comunidades y así poder seguir con el proyecto adelante de ecosistema sostenible.

Me quedo en el primer poblado, de nombre Maguarí, que cuenta con unas cuarenta familias indígenas, y en casa de una de ellas pasaré dos noches de este viaje para convivir y saber vivir bien con un medio no tan hostil como pudiera parecer desde fuera del mismo.

El patriarca de la familia indígena me recibe, se llama Joaoquín, después sabré que nació el mismo año que mi queridísima madre, y hasta se conserva tan bien como ella. También decir que mucho más tostado que ella, por numerosos días de amazónico sol, y no por habituales nubosos días asturianos.

Su mujer María tiene con él numerosos “filhos”, que a su vez les han dado numerosísimos nietos. Solo una de sus hijas ha tenido catorce, así que podéis imaginaros si se juntan en el día de la madre.

Una pequeña casa principal, y dos cobertizos de techumbre de paja anexos son sus posesiones, y en uno de ellos yo colgaré mi hamaca para dormir estas noches. Después del palizón de mañana viajera, lo que más deseo es darme una ducha y aunque en el exterior, y aunque con paredes de palmera, y aun con rudimentaria cebolleta…que fresca agua me refresca sudoroso sudor sudoriento.

A continuación cafetillo brasileño, registro en libro con todas las nacionalidades viajeras que han pasado en estos meses por aquí, y programada incursión en la selva al día siguiente. Ahora un poco de descanso y en la tarde, pequeña fiesta en el poblado a cargo de los más jóvenes que improvisan un altavoz con algo de música que sirve de entretenimiento en la noche.

Disfruto conociendo a todas las generaciones familiares del clan, entre las que se encuentra una jovencísima indígena de meses de edad, y que se aferra con fuerza a mi brazo, en para ella al parecer confortable cuello español.

La música la llevan dentro todos los brasileños, sean de la preciosa región de Bahía, del afamado Rio de Janeiro  o de esta selva amazónica, y eso se nota en los ritmos de las canciones que hacían vibrar hasta a la pequeñaja.

Después cena a base de pescado, arroz y tomate, que fenomenalmente cocinada me supo a manjar cotidiano y casero como nuestros asturianos platos. Junto a mí, como una que dejé también es asturiana casa, una gata que parece también encontrarse a gusto al lado de este español. Le habrán dicho por email que a este español le gustan todos los animales, como  a su también española chica del otro lado de este gran oceánico charco.

Así que me voy encantado, de convivir y saber vivir entre geniales gentes, que ofreciéndote sencillas cosas, te hacen sentirte sencillamente afortunado.

Boas noites amazónicos lectores!

8 comentarios:

  1. Esperando con ganas el próximo capítulo! :)

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  2. Ya van 10 días de viaje y parece que fue ayer cuando salimos de Ranón.
    Tengo la impresión que se avecinan grandes aventuras. ¡Qué interesante!
    Cuídate Campi.

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  3. Me gusta !! ... Un abrazu amazónico meu amigu !!

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  4. Me voy a mimir y me noto cansado y sudoroso como TU mon ami,que GRANDE eres EXPLORADOR.
    No dejes NUNCA de COMPARTIR todo eso que ves,sientes y transmites.
    Se te extraña Livingstone.

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