MATE

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La vida en un mate: sorber despacio y saborearlo con intensidad, que el mate como la vida, cuesta tiempo prepararlo, pero sino se disfruta al beberlo, cuando se acaba es tarde.

3 de abril de 2013

Vuelta al mundo 2013, Capitulo 24 – GRAN METRÓPOLIS DE TOKYO


DÍA 46 TOKYO  SHIBUYA Y SHINJUKU (HISTORIA DE HACHIKÒ)

Tras noche en mi pequeña litera a bordo de armario ropero, me preparo un té antes de irme a visitar otra zona del gran Tokyo. Caminando por el tranquilo y sencillo barrio de Kawaguchi,   lleno de pequeñas casas bajas con decorados jardines de árboles bonsái, llego a la estación de la Japan Railway, por donde circula uno de los metro-trenes de esta gigantesca metrópoli que dispone de varias alternativas para moverse por ella según la distancia del extrarradio que se utilice, en total casi 140 líneas de metro que usan diariamente 22 millones de personas, ahí es nada. En concreto la línea JR con cambio de estación en el barrio ciudad de  Akabane, me llevaría hacia la zona de Shibuya, quizá otro de los centros más importantes y conocidos del gran Tokyo.

Al llegar a esta gigantesca y elevada estación, con todo tipo de servicios en su interior, nada más salir, apareces en el centro de una marea humana cruzando varios pasos de peatones en un cruce con cuatro calles repletas de edificios con llamativas luces de neón, y en el cual los semáforos se ponen en verde para todos los viandantes a la vez. Saboreo el espectáculo desde la altura de la estación y posteriormente cruzando yo mismo entre los atareados japoneses.
Paso al lado de la figura más famosa de la zona y de la ciudad, está situada a un lado de esta plaza, y no es otra, que la de un canino muy especial. Se trata del fiel perro Hachikò, del cual os relato brevemente su historia, y el sorprendente cumulo de casualidades que se produjo a mi paso junto a su estatua.

La historia es muy conmovedora,  algo triste pero quizás también con una pizca de alegre nostalgia, las dos sensaciones se dan a la vez, y ha sido tan, tan famosa, que fue llevada al cine en varias ocasiones, siendo la más real la película japonesa de  1987 “Hachikō Monogatari” y la más conocida, la versión americana interpretada por Richard Gere “Siempre a tu lado”.

Eisaburò Ueno, un profesor universitario japonés, le regaló un día a su hija un precioso cachorro de perro Akita Inu. Al ir creciendo, Hachikò despedía todos los días al profesor que se iba a coger el tren para ir a su trabajo en la universidad de Tokyo. A la hora de la vuelta Hachikò le iba a esperar a la estación del tren de Shibuya para regresar con él a casa. Así, día tras día hasta que un malogrado día, la repentina muerte de su dueño y amigo en una de sus clases, le hizo no bajarse de nuevo del tren, que como siempre Hachikò esperaba.

 Aunque los familiares intentaron hacerse cargo del canido, el fiel compañero solo tenía una cosa en su cabeza, que no era otra que ir a esperar a su ya difunto amo al sitio habitual. Los transeúntes y comerciantes de la zona empezaron a comprender a Hachikò y a darle de comer a las puertas de la estación de Shibuya y durante casi 10 años no se separó de allí con la esperanza de juntarse con su amo, cosa que ocurriría un día, en una parada de metro más adelante llamada “Cielo”, al morir Hachikò en 1935 y juntarse con su amo en esa estación en la que más tarde o más temprano nos posaremos algún día todos.

Un año antes de morir, el mismo Hachikò pudo estar presente al erigírsele en el lugar una estatua como homenaje a tanta fidelidad de un animal por una persona, de la que ojalá los humanos tomásemos ejemplo, y a la que, por mucho que nos esforcemos, difícilmente podremos llegar a estar a la altura de Hachikò.

 


 
En los años cuarenta, la incursión de Japón en la segunda guerra mundial, hizo necesario fundir la estatua, pero al finalizar la contienda esa estatua se volvió a hacer y colocar merecidamente en este punto neurálgico de la ciudad de Shibuya, hoy uno de los barrios más transitados de todo Japón, con muchísima semejanza al también abarrotado siempre, Times Square en New York. Este japonés lugar, como ocurre también con el americano, ha sido escenario de varias películas ambientadas en Tokyo, una de ellas, la muy conocida y dirigida por Sofía Coppola e interpretada por Bill Murray “Lost in traslation”.

La estatua  de Hachikò, es lugar de encuentro para muchos tokiotas, y en sus inmediaciones un vagón de tren sirve hoy en día de museo de la historia de este lugar, al exponerse en su interior muchas fotografías de varias décadas de esta gran y famosa estación metropolitana.

Si no tenéis oportunidad de ver la película japonesa, en el portal “ YouTube”, tenéis un tráiler de ella, así como de la versión americana “Siempre a tu lado” e infinidad de videos con textos y música de unos 10 minutos de duración dedicados al siempre a nuestro lado: Hachikò.

Me sumo al homenaje habiéndoos relatado esta historia junto a esta foto de su estatua, que si no llega a ser por cosas del destino y el azar que ahora os comento, igual me hubiera pasado desapercibida. Bravo Hachikò, viva tu nombre y si alguien te quisiera poner un apellido sin duda ese sería: Fidelidad.

En cuanto a lo que os comentaba de la casualidad, esta quiso que al poco de pasar junto a la estatua de Hachikò, una buena amiga y antigua compañera de trabajo en Gijón, Mónica, asidua lectora del blog de viaje de esta vuelta al mundo, me pasara un mensaje al saber de mis andanzas por Japón, en el que me decía:

        ¡Alberto!, no sabes que acabo de ver una película en la tele, que cuenta una preciosa historia de un perro que fue siempre fiel a su desaparecido amo, y al cual le hicieron una estatua en una ciudad de nombre Shibuya o algo parecido.

Miro el mensaje y me lo había enviado justo a la hora en la que yo, sin saberlo, estaba pasando al lado de esa estatua y en esa ciudad, que hoy ya es una parte de Tokyo llamada Shibuya. Para colmo de casualidades, revisando en internet la historia veo que el perro es de raza Akita, de la cual había pasado hacía unas horas, varias fotos a la otra mi Mónica, con diversas poses de tan bella raza de caninos. Y para más colmo veo las fotos originales de la época en la que vivió Hachikò y tiene un  grandísimo parecido con otro perro que había fotografiado días antes. Os cuelgo una foto antigua de Hachikò y otra de nuestro contemporáneo doble.

Desde allí, continuo paseando por las muchas comerciales calles de la zona, donde aparte de infinidad de tiendas y franquicias de las más afamadas marcas, se alzan los grandes almacenes Shibuya 109, los cuales podemos comparar a nuestro también conocido, Corte Ingles. Autobuses eléctricos y taxis de llamativo color amarillo eran los únicos vehículos en abrirse paso entre la multitud de viandantes de la zona.

A mi paso muchas ejemplares cosas de este sorprendente país se graban en mis ojos, limpieza total en las calles, simpáticos y ordenados contenedores  de reciclaje de basura, bicicletas con ergonómicos asientos para varios niños, mini coches blancos para circular por abarrotadas calles, algún que otro original hombre orquesta y hasta chicos vestidos como los héroes de los comics manga caminando por las aceras.
 Tokio también es una ciudad global, pero muy diferente por dentro, al resto de capitales mundiales.

Finalizada la zona comercial de Shibuya y atravesando  un tranquilo barrio, se llega hasta el parque de Yoyogi, pulmón natural del gran Tokyo entre el barrio ciudad de Shibuya y el de Shinjuku. En el parque, día de esparcimiento de infinidad de tokiotas que paseaban, jugaban al  "frisbee", leían, circulaban en bici y hasta enseñaban a andar a otro simpático colega del fiel Hachikò con un grave problema de movilidad al faltarle sus patas traseras. Pero con cariño y amistad todo se supera, y el accidentado perrillo estaba feliz intentando seguir a sus amigos y  pacientes educadores de su accidentada mascota.

 

 


 
 Otros japoneses pasan su día libre haciendo complicados ejercicios de funambulismo en los árboles del parque, otros con camuflados trajes, fotografían pajarillos con objetivos en su cámara fotográfica que creo a mí me costaría mucho trabajo levantar, por el gran tamaño que tenían,  y otros muchos grupos de chavales hacen corros en el suelo para charlar, tocar la guitarra o  cantar, como en los famosos y muy abundantes karaokes japoneses.

Después de atravesar todo este variopinto parque, entro al céntrico templo de Meiji -Jingù, en el distrito de Shinjuku, pasando por debajo de sus grandes puertas sintoístas de madera.
 Al caminar hacia la segunda puerta de acceso una gran pila con coloridos barriles de Sake, está siendo fotografiada por los curiosos visitantes, así como otra en frente, en la que se apilan unas cuantas barricas del mejor vino francés, australiano y español, y que sirven de homenaje a los muy apreciados pero también muy caros en Japón, caldos de uva.
Tras pasar otra nueva puerta, accedo al interior del recinto principal del templo, donde hoy se celebra otra tradicional boda japonesa como la que había podido ver en la ciudad de Hiroshima.

Después de pasarme un tiempo visitando el gran templo, me voy también caminando hacia el corazón financiero y comercial de la mega polis en el barrio de Shinjuku, no sin antes detenerme a tomar un riquísimo café en un establecimiento francés de este barrio, y que aunque es un producto aquí cuasi de lujo, no soporto la tentación de tomar, y pagar su precio cercano al de una comida en muchos restaurantes. El vicio se reprime varios días, pero es imposible eliminarlo del todo. Cruzando la zona de grandes bancos, llego hasta la zona  de Nishi Shinjuku donde subo a una de las torres del Gobierno Metropolitano de Tokio, que ofrece la visita y subida sin coste, teniendo la posibilidad de admirar una genial vista de toda la ciudad desde este altísimo edificio de dos torres gemelas.
Desde lo más alto de la torre sur, la vista de los rascacielos cercanos de Nishi Shinjuku, con todo el grandísimo Tokyo extendiéndose kilómetros y kilómetros a tus pies era  sencillamente espectacular, pero al ir cayendo el sol sobre una montaña que estaba a unos 100 kilómetros de allí y que tenía la posibilidad de contemplar a esa hora nítidamente, era realmente maravillosa.

Esa lejana y a la vez cercana montaña, con casi 4000 m de altura, no era otra que la cumbre sagrada de los japoneses, el Monte Fuji, el cual días atrás no se me quiso mostrar a mi paso en el Shinkansen por Fujiyama, cuando estaba a sus pies, y sin embargo hoy tenía la posibilidad de admirar su belleza, con su nevada cumbre sobresaliendo del resto del horizonte japonés, y todo él, tapado por una gran nube que a modo de sombrero cubría como queriendo proteger del luminoso sol poniente, a tan sagrado y bello cono volcanico.

Ya finalizada la puesta de sol, hacia el otro lado de la torre, se podía apreciar claramente la otra gran altura de Japón, en este caso no natural, sino construida por el hombre y que hoy en día es uno de los edificios más altos del mundo, la torre de comunicaciones SkyTree. Esta grandísima jirafa quitaba el honor de máxima altura a la archifamosa CN Tower de Toronto en Canadá, la cual vería posteriormente en esta vuelta al mundo, pero que a su vez era sobrepasada por el Burg Dubai de los Emiratos Árabes, el cual había visto en viaje pasado  a ese emirato, y  que con sus casi 800 m de altura es hoy en día el edificio más alto del planeta.

A parte de esta, la máxima altura de Japón, otros edificios con modernos y estudiados diseños, hacen del Sky line de Tokio uno de los más singulares del planeta. Degusto el paisaje urbano de 360º pero debiendo abandonar esta torre que cierra al oscurecer el día.
 Bajada en rápido ascensor junto a pareja japonesa encantada de dejarse fotografiar por europeo tira fotos, para a continuación y siguiendo a los demás japoneses visitantes verme viendo nuevamente todo Tokyo desde la torre norte, a la que todo el mundo se apunta a subir para así ver, esta vez el Sky Line tokiota iluminándose desde el mirador de esta gemela torre, en la que un pequeño restaurante ofrece la cena a unos novios y sus invitados, que celebran su nuevo matrimonio con un banquete de altura, de mucha altura.

Ya casi hasta consiguiendo tener montañero “mal de altura” de tanto tiempo sobre el cielo de Tokyo, me bajo para entre muchos carteles de la candidatura olímpica de esta gran ciudad y capital, dirigirme hacia la Shinjuku Station, donde en sus alrededores se puede pasear por el barrio de la electrónica, donde docenas de grandes tiendas venden sus productos de la más innovadora y reciente electrónica. Me doy un paseo por una de ellas, en concreto la muy aquí conocida “Bic Camera”, donde puedes comprar, desde un simple lápiz de memoria hasta una gran pantalla para tu Pc.

Ya un poco cansado de tanto pateo japonés, me resisto a volver a mis reales aposentos dentro del armario, sin antes visitar el también famoso barrio de Kabukicho. Este muy iluminado en la noche, barrio de Shinjuku, es el gran barrio rojo de Tokyo, donde supuestamente la “Yakuza” nombre con el que se denomina a la mafia japonesa, lo controla todo, desde los locales de alterne y juego, hasta los restaurantes llenos de gente a esas horas. La Yakuza es la mayor organización mafiosa del mundo, uno solo de sus clanes, el de los Yamaguchi, se cree está integrado por unos 40.000 individuos y mueve miles de millones de yenes en Japón. El nombre proviene de un juego de cartas en el que una mala mano está compuesta por los números: ocho, nueve y tres, los cuales en japoneses se escriben “ya”, ku” y “za”, de ahí el nombre dado a la organización.

Para regresar a mi barrio-ciudad de Kawaguchi, nuevamente me subo a uno de los metro tren de Tokyo que con dos cambios y una más de media hora de trayecto me dejaría ya cerca de mi resort, en el que pasaría última noche mudándome al día siguiente de nuevo a otro hotel capsula, que aunque pequeño también, mucho más acogedor y cómodo que el armario de esta guesthouse de ajustado presupuesto.

DÍA 47 TOKYO TRADICIONAL (BAÑO “ONSEN” Y CENA “SUSHI”)

Como os comentaba en la noche de ayer, mis riñones y huesos protestaron en esta segunda noche en la cama-armario del guesthouse de Kawaguchi, y tras localizar otro hotel capsula, un poco más caro de precio pero bastante asequible dentro de lo que es el hospedaje japonés me dispongo a hacer traslado hacia nuevo barrio-ciudad, en esta ocasión de nombre Kinshichò.  Acarreando las dos mochilas que día a día van aumentando de peso por todos los folletos y documentación que voy acumulando de este muy circular viaje, y que tengo la manía de llevar y archivar como recuerdo en casa de cada viaje que hago, llego a la estación de Kinshichò,  y ya muy cerca del otro famoso distrito de Tokyo que es Asakusa, que visitaría al día siguiente.
Dejo mis cosas en la capsula asignada del tercer piso, y a la cual debo de entrar en esta ocasión frontalmente, como si de un nicho de un cementerio se tratara, pero que una vez dentro e instalado, nada tiene que ver con mi escaso agujero donde pase las dos noches anteriores. Como el de las primeras noches, en el interior de la capsula Tv, radio, despertador y pequeña mesilla con lámpara de noche, hacen las delicias de este otra vez enclaustrado viajero.

Visita a la zona cercana del hotel, donde muchas tiendas ofrecen frutas y preparada comida japonesa que va a ser mi manjar de mediodía. Descanso después de comida, con siesta incluida en la muy amarilla capsula, y continuación de día de descanso con gratificante baño en el “Onsen” del hotel capsula, que aun siendo el establecimiento más barato de la zona, ofrecía a sus clientes este reconfortante y para nosotros poco conocida forma de baño.

Ducha sentada con agua caliente, baño en estanque de agua fría, sudorosa sauna y relajante ducha en baño cuasi turco. Una antiquísima tradición japonesa basada en los muchos manantiales de agua caliente que hay por todo el país, y que en las ciudades no se resisten a abandonar, sus muchos japoneses forofos, con algunos de los cuales pude compartir afición en este tokiota “Onsen” de altura.

Y para finalizar uno de los pocos días de relax de este largo viaje de vuelta al mundo, una comida tradicional japonesa en japonés restaurante de japonesa capital de Japón. La cena a base de pescado con  mucho tentáculo cocinado al estilo Tepanyaki , junto a rollitos de Sushi con Wasabi y por supuesto, palillos palilleros para comer japoneses manjares.

A pesar de que en España todavía no tiene demasiados adeptos, la comida japonesa es una de las más completas, exquisitas y de refinados sabores del mundo. En Japón es imposible pasar hambre, aunque a veces hay muchos sabores que tienen un elevado coste, aunque valorando el producto ofrecido, puede que no sea tanto como parece.

El plato estrella es el Sashimi, que es el pescado crudo, cortado en rodajas y expuesto cuidadosamente para el selecto paladar de sus compradores. El Sushi, que aparte de usar pescados cocidos o crudos, usa muchos otros alimentos son generalmente rollitos acompañados con arroz, con diversos nombres, los más habituales están envueltos en algas, y se denominan “makis”  inmejorablemente presentados en pequeñas cajas que se pueden comprar y consumir con palillos en cualquier parte. Completando la pequeña selección de platos están las elaboraciones en Sukiyaki, carne cocida con caldo, Tepanyaki, cocinados a la plancha y las tempuras, que son riquísimas frituras de finas masas de rebozado a verduras y hortalizas. Para finalizar de acompañar cualquier comida, un chupito de Sake, fuerte licor destilado de arroz, o su versión más suave el Shòchù. Me gusta todo, aunque el Sashimi da un poco de repelouse si está cortado a hacha, jajá. Os presento mi cena de hoy. Bon apetit, mes amis!
 

 

Como siempre anteriores capítulos en:
 





 
 

6 comentarios:

  1. Por fin vienes a rescatarnos del Oriente antes de que los coreanos, pinchados por los yanquis, se peleen y dejen, de nuevo, Asia Oriental echa una "yaceria".
    Buen reportaje fotográfico. Parece que al subir las fotos desde Asturias éstas tengan más calidad.
    Dada mi claustrofobia no creo que pudiera dormir en esas habitaciones nicho.
    Te seguimos.

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  2. Gracias José Manuel, intentaremos seguir publicando cosas curiosas de esta vuelta al mundo.

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  4. Un capítulo muy completo. Me entretuvo mucho leerala! Tiene de todo, como de todo parece haber en Tokyo. Se me saltaron las lágrimas con la historia de Hashiko. Había oído hablar de la peli, pero no sabía que era una historia real. La comida tiene muy buena pinta. Eso sí, yo pasaría de café allí, con los buenos tés que tienen :) Y eso de la cápsula, me parece un depósito de cadávares, imposible meterme ahí consciente... Eres un valiente jeje. Un besín! Vir.

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    1. Gracias Vir, me alegro te haya gustado. un beso..

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    2. Gracias Vir, me alegro te haya gustado. un beso..

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