MATE

MATE
La vida en un mate: sorber despacio y saborearlo con intensidad, que el mate como la vida, cuesta tiempo prepararlo, pero sino se disfruta al beberlo, cuando se acaba es tarde.

17 de marzo de 2013

Vuelta al mundo 2013, Capitulo 23 - TREN SHINKANSEN A FUKUSHIMA Y LLEGADA A LA CAPITAL DE JAPÓN

DÍA 44 NAGOYA Y FUKUSHIMA

Por la mañana me preparo como todos los días para seguir viaje en esta pequeña y grande a la vez, vuelta al mundo que ya avanza en su segunda parte por estas tierras japonesas del Pacifico antes de cruzar al continente americano. Otra vez, abandono ciudad con ganas de quedarme más días en ella, sobre todo en esta impresionante Kyoto que tiene 17 lugares declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, ahí es nada.

Importante antes de empezar el día desayunar e ir al baño antes de la salida para evitar posteriores inconvenientes escatologicoviajeros. Vaya palabreja que me acabo de inventar, eh?, pero es que lo que os voy a contar lo merece. Os pongo fotilla en este blog para que veáis que la tecnología japonesa esta por todas partes, y el cuarto de baño no iba a ser menos. No era la primera vez que veía tan ergonómico cuadro de mandos anexo a una taza del W.C. Los hay de muchas formas y con infinidad de botones…pero a ver quién se atreve a tocarlos cuando estas tranquilamente sentado haciendo tus necesidades mayores. Bueno el uso correcto, es cuando acabas de hacer tus necesidades mayores, y decides lanzarte a explorar el maravilloso mundo de la higiene posterior tirando a posterior muy trasera.

Para empezar deciros, que los asientos de los W.C. de Japón como también sucedía en algunos de Corea, están calefactados y uno no tiene el problema de levantarse destemplado y sentir el gélido frío del receptáculo del trasero al sentarse en él. A partir de ahí, un sistema electrónico de sensores tira de la cadena solo, al levantarte del asiento, esto, si no deseas un trabajo más exhaustivo de limpieza. Si lo que quieres es un buen resfregao trasero empiezas a tocar botones y sale desde chorro a presión, viento secador y desodorante para ti y para el próximo piloto que entre a conducir la nave. No sigo con la tecnología japonesa, supongo os hacéis una idea. Solo deciros que hay otros también muy bien pensados en los que un grifo sale de la parte superior de la cisterna y echa agua en una palancana que se comunica con esta para que a la que se llena te puedas ir lavando las manos y ahorrar agua y espacio, no requiriendo el baño tener bañal para ese lavado de manos.

Japón piensa en todo y lo hace bien, otra cosa es que sepas o no sepas pilotar bien estas naves una vez te has sentado en ellas.

Proseguimos viaje tomando metro hasta la estación donde de nuevo en sus andenes, por los que ya voy intuyendo carteles en japonés, un nuevo tren Shinkansen, en esta ocasión me acercará a la vecina ciudad de Nagoya.

De los ultrarrápidos Shinkansen ya os he hablado en otros capítulos, pero no dejan de maravillarte por tanta perfección y rapidez, tanto cuando te subes, como cuando admiras el paisaje que te da tiempo a ver desde el interior de ellos. Es tal la velocidad cercana a los 320 kms/h, que cuando tiras una foto, los postes del tendido eléctrico de la vía salen tumbados en vez de derechos.

En esta ocasión saliendo de Kyoto se comienzan a ver muchos terrenos, sembrados con el omnipresente arroz, que es usado muchísimo en todas las cocinas de Japón y de toda Asia. En los alrededores de estos campos, muchas casas bajas con los tradicionales tejados negros y su pequeño jardín con árboles bonsái a la entrada de ellas.

Con puntualidad milimétrica el Shinkansen se para en la estación hotel de Nagoya, y me bajo para ver un poco esta ciudad. Hoy llueve bastante y tras darme un paseo por sus concurridas calles, con mucha gente que va y viene a sus trabajos y negocios, me voy hacia un gran edificio al que se puede acceder a sus plantas altas.

En concreto me poso en la planta 43, donde en muchas oficinas los empleados allí trabajan, y curiosamente tienen hasta una pequeña tienda en la planta para comprarse algo de comer o beber durante su jornada laboral. En Japón el tiempo es oro, y para una cultura en la que el trabajo es una bendición y al que se le tiene un enorme respeto, la mayoría buscan que no haya perdidas inútiles de tiempo hasta finalizar la jornada. Es Japón, en algunas cosas estaremos de acuerdo, en otras podemos discrepar con ellos, pero sí que se merecen un lógico reconocimiento por su valorado trabajo.

Desde los ventanales que dan a las calles, una panorámica de todo Nagoya se me presenta delante de mis ojos en este gris día. Puedo ver las vías de la estación con el paso de los largos Shinkansen, algún que otro rascacielos cercano y acceder después a una zona de restaurantes en la planta 51 que tienen a la entrada una bonita sorpresa. Esta sorpresa es una gran urna con un muñeco que se moverá a las horas en punto al ritmo de los acordes de esta gran caja de música. En Japón les encantan estas cajas musicales, y como había visto en el museo de Kyoto y vería después en la ciudad de Fukushima las tienen por todos los sitios sorprendiendo a los locales y a los viajeros como yo, poco acostumbrados a tan delicada música.

Durante unos minutos me quedé tonto mirando el artilugio inventado por una imaginativa señora y que deleitaba gratuitamente a los visitantes de la torre.

Aprovecho a cambiar algo de dinero a yenes en banco cercano, viendo a mi paso los preciosos y asombrosos diseños de algunos rascacielos del Down Town de Nagoya. Me vuelvo después al tren viendo las conexiones que desde aquí hay hacia el norte, a los Alpes Japoneses y a las ciudades cuasi alpinas de Nagano y Takayana. Desde allí también otros trenes se dirigen a la popular villa de Kanazawa, donde aún muchas geishas trabajan junto a sus aprendices las Maiko, y también ciudad histórica de los fieros Samuráis.

Imposible verlo todo, por tiempo y logística viajera de esta vuelta al mundo, en la que mi barato y muy aprovechado Rail Pass Japón, finalizaría al día siguiente. Con él, me dirijo a visitar una última ciudad, esta vez en el norte de Japón, que como otras tres de este viaje fueron noticia hace unos años por nuclear suceso. Es la ciudad de Fukushima. Para llegar a ella aún debería cambiar de tren a mi paso por la capital del país, y desde allí tomar otro rápido Shinkansen que me lleve al norte japonés.

Antes de llegar a la capital paso por el lugar desde donde en el día de hoy no podría ver una de las maravillas de este país. El Shinkansen pasa por la localidad de Fujiyama, pero en un día gris y nuboso su afamado monte Fuji no se iba a dejar ver a mi paso. Ya esperando tan infortunado tiempo, tomé fotografía en la estación de Nagoya para poder mostraros como sería su vista con Shinkansen posando rápidamente para la foto. Espero os guste la foto, y os adelanto que la preciosa montaña si se decidió a mostrarse ante mí, días más tarde desde rascacielos de Tokyo.

Primer contacto con la metrópolis de Tokyo, enorme ciudad y área metropolitana, por algo es la mayor del mundo con casi 40 millones de almas viviendo en ella. Casi media hora entrando en ella por el oeste y posteriormente otra media hora saliendo de ella por el este a velocidad nada desdeñable del rápido Shinkansen, que por aquí, si desaceleraba un poco y permitía tomar alguna foto de los aglomerados barrios de casas.

Cambio rapidísimo de tren, viendo muchos carteles que anuncian que esta ciudad es potente candidata a los juegos olímpicos del 2020, en los que creo competirá con Madrid, y continuación de viaje en dirección a Fukushima.

En tiempo record llegada a la estación Shin Fukushima, prefijo que tienen todas las estaciones que acogen el veloz Shin-Kansen, y saliendo a sus calles mucha nieve sin derretirse de las últimas nevadas caídas.

Esta ciudad quizá sería una novedad para muchos de nosotros, pero como también en su día, les ocurriría a las ya visitadas Hiroshima y Nagasaki, pasan a ser muy conocidas por una reacción nuclear. En el caso de Fukushima el fuerte tsunami de hace dos años fue el causante del accidente radioactivo, que viendo la rutina de la ciudad y sus habitantes, creo está ya bien superado. Quizá se ven más personas con mascarillas que en otras ciudades, pero su uso en Japón es bastante habitual entre gran parte de los viandantes. En una de sus calles cercana a la estación, tomo foto a otra original caja de música, que a cada hora se pone sola a funcionar interpretando una agradable melodía de piano. En Japón, como os comentaba a mi paso por Nagoya, les encantan las cajas de música, las hay grandes, pequeñas, en locales y lugares públicos, y hasta pude ver un museo como os decía en mi anterior visita de Kyoto. Hay verdaderas obras de arte como en este caso. Que bien que hoy, en la todavía bastante nevada Fukushima, suene la música y se haya recobrado la normalidad, después de tiempos difíciles.

Paseando puedo visitar el muy sintoísta Inari Temple, cercano al museo de la ciudad, y a continuación otros cuatro pequeños templos budistas que se alinean en cercana calle. Todos ellos con también muy trabajados arboles bonsáis en sus jardines. En el centro de la ciudad, aprovecho para cenar y pasar mails, hasta la hora de madrugada en la que tomaría tren de regreso a Tokyo.

Antes de salir en nuevo Shinkansen, en esta ocasión bautizado con el nombre de Tsubasa, pienso en esta ciudad y le deseo que la fama que por ese adverso y destructivo tsunami , le sirva ahora para atraer muchos visitantes a ver una de las tres maravillas de Japón que son las pequeñas islas de la cercana bahía de Matsushima, en el Oceano Pacifico nipón.

DÍA 45 TOKYO EN HOTEL CAPSULA

Por fin alcanzo definitivamente la actual capital del viejo Japón. Tokyo es la mayor metrópolis del mundo, como os comentaba, su área metropolitana da cobijo a casi 40 millones de personas. Es tan grande que Nueva York aquí casi sería solo un barrio, como las ciudades de Yokohama o Kawasaki adsorbidas literalmente por el gran Tokyo. De hecho Tokyo no se puede entender como una ciudad convencional con un centro y alrededores, sino como varios núcleos independientes con vida propia. Si tuviéramos que definir un centro seria el área de Marumouchi donde está la estación principal de Tokyo y donde llegan los trenes Shinkansen. Cerca de allí, en una ciudad tan gigantesca como esta, el espacio siempre es un problema, y ese problema los económicos hoteles capsula lo tienen resuelto. La noche en un hotel capsule, es como dormir en una estación espacial. Llegas a tu capsula y te insertas dentro de ella donde tienes todas las comodidades, radio, despertador y hasta una pequeña televisión que funciona con monedas.

Te asignan un pijama celestial y tienes una cortinilla para tu intimidad espacial. No hay colchón, se duerme en un pequeño tatami con una especie de edredón encima, y la almohada tiene posición de espuma o posición de granos de arroz. Aunque parezca mentira se está cómodo, y al ponerte el pijama descansas de tu indumentaria viajera. Varios pisos de capsulas albergan muchos cosmonautas como yo. Es como dormir dentro de una pastilla, pero el precio 10 veces inferior al de los hoteles de la zona. Solo una advertencia: antes de usar la capsula consulte con su farmacéutico. Puede ocasionar claustrofobia, pero la experiencia merece mucho la pena para los occidentales acostumbrados a los grandes espacios en grandes habitaciones de grandes cadenas hoteleras. Es simple pero con utilidad plena.

En la tarde aprovecho para conocer el centro de Tokyo, comenzando la visita por su nueva y vieja estación central de ferrocarril, donde desde su oficina de turismo, me equipé con todo tipo de información para poder conocer esta grandísima ciudad, o mejor dicho, grandísimas ciudades enlazadas a modo de barrios con identidad propia. Cercana a la oficina de turismo veo una exposición de un pintor japonés de acuarelas, que está ofreciendo una visión de sus preciosas obras pictóricas que no me resisto a ver, acordándome mucho de un buen amigo, excelente pintor también de tan difícil técnica de pintura, y que pinta muy parecido a este maestro de ojos rasgados. Un abrazo amigo Bustamante.

Desde aquí la zona de Marunouchi y sus edificios de semirascacielos Marunouchi y Shin Marunouchi, donde en sus bajos y continuando por la calle, muchas tiendas caras de Marunocuchi-naka-dori, hacen las delicias de los adinerados turistas.

Atravesando esta zona se llega al Palacio Imperial y su gran recinto amurallado, verdadero centro y corazón del primer y del actual Tokyo.

En él, hoy en día reside la familia real nipona, y por las pistas, que bordean su muralla con foso de agua, muchos corredores se entrenan para la próxima maratón de Tokio, que por unos pocos días no tengo la suerte de presenciar…y quién sabe si también a lo mejor de haberla corrido. Alguna fotilla con camiseta de mi Corresiero Atletismo, equipo al que sé que le encantaría poder llegar algún día a contar con algún miembro corriendo esta importante maratón, que está en el selecto club de los Six Majors, las seis mejores del mundo, junto a Boston, Chicago, , Londres, New York y Berlín.

En mi poder ya están las dos últimas, y que bonito hubiera sido poder correr esta, pero todo no siempre puede ser y mi billete de paso al nuevo continente americano ya estaba emitido y pagado para unos días antes de la prueba. Para más afilado de los dientes, un concesionario de la marca alemana BMW, patrocinadora de la prueba expone los coches que acompañaran a los corredores y los carteles anunciadores de esta edición 2013.

Ya anocheciendo me voy a la ciudad anexada por Tokyo de Nishi Kawaguchi, utilizando el metropolitano de Tokyo, uno de los más complejos de usar por sus cientos de estaciones y líneas que se entrecruzan, habiendo incluso varias compañías circulando por el subterráneo tokiota.

En ella encontré una barata guesthouse y donde con precio muy, muy económico quizá me alojaría en el peor de todos los hostales utilizados en este viaje, un verdadero antro por espacio y limpieza, con bastante, con mucho bastante menos espacio que los hoteles capsula, pero por supuesto nada que no se pudiera resistir, por habitual viajero en pobres ciudades africanas, con alojamientos mucho peores. A veces no se acierta, pero no pasa nada, todo se supera.

Noche en media capsula de espacio, con hasta difícil acceso de subida a cama litera establo. Algo se pudo dormir. Sayonara amigos!



Como siempre anteriores capítulos en:

http://albertocampamontes.blogspot.com

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