MATE

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La vida en un mate: sorber despacio y saborearlo con intensidad, que el mate como la vida, cuesta tiempo prepararlo, pero sino se disfruta al beberlo, cuando se acaba es tarde.

19 de febrero de 2012

CUADERNO DE VIAJE ÁFRICA IX – LAGO TANGANICA EN EL “M V LIEMBA”

CUADERNO DE VIAJE ÁFRICA IX – LAGO TANGANICA EN EL “M V LIEMBA”



DÍA 35 DE VIAJE

11 FEBRERO MPULUNGU – M V LIEMBA

Hoy el comienzo del día me dice “Zambia de aires”, así que a primera hora de la mañana me voy con Salvatore hasta el pequeño puerto de Mpulungu para comprobar si ya había llegado el barco en la madrugada. Así era, y al entrar en el recinto portuario veo por primera vez a tan histórico barco. Para pasar tenemos que hacer trámites de inmigración, y pagando 7000 kwachas, poco más de un euro, la policía zambiana nos sella el pasaporte de salida y nos vamos a informar de pasaje en el Liemba y hora prevista de salida.

Al acercarnos al barco, grandísima actividad de gente saliendo y entrando y descarga de sacos, bultos y fruta. Accedemos saltando la borda entre la muchedumbre y preguntando conseguimos saber que en una cabina de la cubierta principal un oficial confirma pasaje. No estaba en ese momento y esperamos casi media hora a que llegara, viendo el ir y venir de tanta afanada gente.

Una vez llega la persona encargada de asignación de las cabinas, nos informa que entre segunda y primera clase solo hay una diferencia de 10$, y que nos aconseja cojamos una de esas cabinas dobles porque en la de segunda debemos estar en la parte baja del casco con muchísimo calor y cabinas de 6 personas. Nos asigna la cabina 9, pequeñita con dos literas y un lavabo, entramos justos pero se esta bien. El baño compartido, uno para hombres y otro para mujeres, está bastante des dejado y sucio pero como en la mayoría de los sitios del continente.

Una vez reservado el pasaje y hasta que se desembarque toda la carga del barco, nos vamos hasta el centro, para recoger Salvatore su mochila grande y para desayunar yo, cosa que luego no hago al haber solo pescado para desayunar, no apetece mucho a esas horas. Cosas de África, pas probleme.

Nos sentamos cerca de un enorme árbol de bambú, en el exterior del guesthouse donde habíamos pasado la noche, y donde aún no había regresado la corriente eléctrica. Salvatore me cuenta más sobre su infinidad de viajes realizados por África y América.

Haciendo tiempo hasta el mediodía, regreso con él a ver la zona de los pescadores locales, que vendían su pescado seco de todos los tamaños exponiéndolo en el suelo. Nos volvemos viendo las grandes empresas pesqueras y de exportación del lago en suelo Zambiano.

Ya de vuelta hacia el puerto, el barco aún no está del todo descargado, y aprovechamos para dejar las cosas en nuestra cabina y ver como se cargaba en camiones los sacos de harina y pescado que salían de las bodegas del barco. Mientras en el pequeño bar restaurante de la cubierta principal muchos locales aprovechan la llegada del carguero cada quince días para tomarse unas sodas y cervezas y romper la monotonía de la vida en el pequeño pueblo. Aprovechamos a cambiar algún dólar en los ya usados chelines tanzanos y que eran la moneda a usar, en el barco de bandera tanzana en los días de navegación por el Tanganica. Consigo buen cambio con un musulmán que quería dólares y tenia muchos chelines tanzanos por ser residente en Tanzania. En el barco policía tanzana nos requiere a que saquemos un visado en transito de tres días que pasaremos en costas y suelo tanzano.

Como no había desayunado me tomo unas samosas, especie de empanadillas triangulares y un poco picantes de carne, con cerveza tanzana Safari. Luego me acerco hasta la cubierta del puente de mando, y el capitán me deja visitarlo y charlar un poco con él y el timonel que se preparan para soltar amarras.

Hacia las tres del mediodía, comienzan a sonar las sirenas del Liemba y zarpamos, haciendo primero maniobras en el muelle para separar a otros dos cargueros abarloados al nuestro.

La salida como casi siempre que se deja un puerto entre gran expectación de los que van y los que se quedan, y los que no van con nosotros pero tampoco se quedan, unos sudafricanos que en sus equipados kayaks se disponen a una dura aventura, navegar todo el Tanganica remando. Aprovecho este comienzo de hazaña para daros algunos datos del lago.

El Tanganica es el lago mas largo de África y creo también del mundo con unos 700 kms. de longitud, y en él, está siempre la presencia de cocodrilos e hipopótamos en varias de sus orillas, como días mas tarde pude contemplar. Se ubica en la llamada región de los grandes lagos, haciendo compañía a los otros grandes lago Nyassa o Malawi y lago Victoria, así como al Eduardo, Jorge y Kivu, de menor tamaño estos últimos. Zona esta de muy convulsos enfrentamientos tribales en los últimos años.

Por tanto comenzaba para mí, la travesía de otro de mis muy contemplados en los Atlas accidentes geográficos centroafricanos, y como un niño observaba desde la borda las islas que íbamos dejando atrás al comenzar la nueva singladura con marcado rumbo norte.

Tras unas dos horas de navegación llegábamos al primer y creo único embarcadero del lago en su travesía tanzana, donde tras maniobra de acercamiento, un inmenso volumen de sacos de harina nos esperaba en el muelle de Kasanga para alojarse en la gran barriga del carguero. Tanto era así, que comenzando a cargarlo de día manualmente saco por saco en las redes de la pequeña grúa que lo depositaba en la bodega interior, y que posteriormente otra cuadrilla de jóvenes tanzanos, lo colocaban para aprovechar espacio, pasó la tarde, el ocaso y casi toda la noche cargando y cargando hasta las cinco de la mañana a las que de nuevo zarpamos, esta vez completos de carga.

Para esa hora ya había cenado un poco de arroz con salsa piri-piri, intentando no recordar el aspecto de las ennegrecidas potas tiradas por el sucio suelo de la cocina del barco, y me había acostado en mi pequeño camastro para pasar la noche a bordo. Había que ir haciéndose al lujoso crucero poco a poco, jajá. Lujoso por supuesto no era el adjetivo, pero exclusivo si que era, pocos europeos lo pisaban hoy en día.



DÍA 36 DE VIAJE

12 FEBRERO LAGO TANGANICA

Sobre las siete de la mañana me levanto para ver fondear al Liemba en las próximas escalas de Kala y Wapende, donde pequeños cayucos se abarloan al barco, para llevar y recoger pasaje local así como pequeños bultos en cestos y cajas. Durante estas maniobras los patrones de los cayucos se encolerizan gritando a su improvisada tripulación, para asegurarse recoger a los pasajeros que se tiene que acercar a tierra y ganarse así unos pocos chelines. A veces parecen que se vayan a abordar unos cayucos a otros, pero como todo en África, todo controlado, por lo menos hasta que se descontrola.

Luego el desayuno a base de fabinas con tortilla francesa y andazi, especie de buñuelos africanos que hacen las veces de pan, con aguado café y leche en polvo, pero a bordo es plato único. Eso si el precio, unos 3000 chelines, supone poco mas de un euro y medio.

Navegamos tranquilamente por las aguas del Tanganica avistando siempre al este la costa de Tanzania y al oeste la del vecino Congo Zaire. Me siento a babor cerca de mi cabina y disfruto leyendo, de la brisa del lago y el ir y venir de africanos por cubierta y de numerosas mamis musulmanas con sus niños.

El M V Liemba es ahora un barco de carga y pasaje, pero en sus comienzos era un buque de guerra alemán, que fue transportado y luego armado en el lago, donde se botó en 1914. Así que enseguida cumplirá su centenario, y yo no dejaba de pensar durante la travesía, la cantidad de historias que si hablara podría contar. Por sus cubiertas vio pasar militares, turistas, refugiados y hasta fue hundido y reflotado en dos ocasiones, para seguir hoy navegando como el primer día, por su amigo y compañero lago Tanganica. Te deseo otros cien años de servicio amigo Liemba, y es un sueño y un placer poder pisar tu férreo casco, y compartir y ser parte de tus historias.

Continuamos navegación con día muy soleado, y tras fondear en una antigua estación misionera, Kipili, seguimos hasta la cercana ínsula de Ntanga, donde recogemos a dos chicas blancas que llegan en un pequeño bote del lodge ecológico que hay en esta paradisiaca isla del lago. Y con ellas ya somos cinco los blancos a bordo, junto con un norteamericano de Philadelfia que ejerce de profesor en Mozambique y de viaje por la zona, Salvatore y yo. Vamos que somos una clara minoría a bordo.

Una docena de veces fondearía cerca de pequeñas poblaciones para embarcar y desembarcar gente, y cargar y descargar material como sillas, colchones, una moto, maíz, azúcar, zumos y un largo etcétera de cosas, siendo un constante espectáculo para los ojos del allí presente y obnubilado redactor de esta historia.

Converso entre otros con Abdí, un sonriente comerciante musulmán que acompaña a sus mercancías, y que como muchos de los suyos sigue llevando y trayendo cosas para ganarse la vida.

Ducha en destartalo baño y colada, ya necesaria tras días de viaje y sudor, para seguir usando mi escaso fondo de armario, que en el viaje se basa en mi pequeña y única mochila.

Cerca de Kabué, empieza a caer el sol y una preciosa puesta nos deleita en el lago. No puedo negar que en tantos y tantos viajes las he visto preciosas, pero esta sobre las montañas congolesas, estará en el Top10 seguro. Charlo con las chicas que subieron a bordo, una de Suiza y otra de Liechtenstein, creo es la primera vez que me topo con alguien de Liechestein, claro está salvo cuando estuve en el pequeño país entre las fronteras de Austria y Suiza. Trabajan juntas en una agencia de diseño de Zúrich y viajan un mes por Tanzania.

En la noche cenamos junto con ellas, americano, italiano y yo, pero se nos unen una pareja de ucranianos que no había contabilizado anteriormente. Ponemos la Túrmix, y babel de lenguas en la mesa, francés, ingles, italiano, ucraniano y hasta un poco de suajili, vamos que todos nos entendíamos perfectamente…o casi perfectamente, vamos a decir que casi no nos entendíamos. Bueno ya paro, pero mi ucraniano muy cortito, jajá. De hecho ya domino mucho más el suajili. Karibu, amigos de Ucrania.

De noche, una gran tormenta me despierta y salgo a pasear por cubierta entre la luz de los rayos, y la mucha gente durmiendo encima de los fardos. El Liemba siempre a su trantran mantiene sus constantes nudos de velocidad, acompañando al pasaje con una constante música que suena por el altavoz de proa.



DÍA 37 DE VIAJE

13 FEBRERO LAGO TANGANICA - KIGOMA

Amanece un nuevo y oscuro día en el lago cerca de Kiwesa, y poco a poco nos vamos acercando a las últimas escalas antes del puerto final de Kigoma. Años atrás, el Liemba continuaba viaje hasta la capital de Burundi, Buyumbura, a donde transportaba a muchos refugiados que retornaban después de los conflictos armados que asolaron estos países centroafricanos, pero hoy en día finaliza trayecto en Kigoma, debiendo luego viajar por tierra hasta mi próximo destino, Burundi.

Atrás dejamos el tanzano parque nacional de las montañas de Mahale, y al otro lado la región de Kivu Sur comenzará en tierras congolesas. A bordo, me hago amigo de un pequeñajo, hijo de uno de los muchos residentes en el Congo que usan también el barco para desplazarse a la antigua colonia belga, y un servidor, aprovecha para usar con ellos el francés en vez del omnipresente hasta ahora ingles de las excolonias británicas.

Fondeamos en Lagosa y seguimos en tramo final, ya con casi todo el pasaje en cubierta y me voy hasta la proa del barco para sintiendo la brisa, observar a las muchas negras mamis juguetear con sus niños en el puente, los nenos con usadas camisetas y las neninas con sus coloridos y pomposos vestidos. Sus papas a veces provocan una sonrisa en el que escribe, al ir algunos muy preparados con traje, pero debajo del mismo no les pega mucho una futbolera camiseta del Arsenal o del Chelsea, pero… me encantan los africanos, son únicos.

Sale el sol y el agua del lago brilla y forma luminosos destellos que me hacen pensar en lo afortunado que soy por poder estar navegando por semejante maravilla natural en el corazón de mi querida África, y compartiendo unos meses de mi vida con todas sus hospitalarias gentes a bordo de tan histórico barco.

Entramos en la bahía de Kigoma, después de ver la gran playa de Ujiji ,que al día siguiente visitaría, para ver de nuevo donde estuvo mi aventurero amigo Livingstone. Desembarco masivo de personas y bultos, pasamos frontera tanzana en el mismo puerto y nos vamos caminando hasta el centro pasando al lado de la estación ferroviaria.

Kigoma es una pequeña localidad pero con gran importancia por ser el principal puerto tanzano del lago y sobre todo turísticamente por estar muy cerca del Gombe N.P, santuario de muchos chimpancés, protegidos y estudiados durante casi 50 años por la naturalista británica Jane Goodal.

Después de ver algunos alojamientos me alojo junto a Salvatore y el casi amero mozambiqueño Samuel en el Hills Chimpancés Lodge, por unos 8 dólares, con baño en la habitación y con el desayuno incluido, todo un lujo por menos de lo que esperábamos. Cena en pequeño bar local de habichuelas con arroz, y noche bastante fresca.



DÍA 38 DE VIAJE

14 FEBRERO KIGOMA – UJIJI – KIGOMA

En el día de hoy, Samuel se va a enterar de como llegar a Gombe para pasar unos días en el parque, y Salvador y yo nos acercaremos a verificar los trámites para conseguir la visa para entrar en Burundi y asimismo comprobar la situación actual de este convulso país en los últimos años.

Entre todos los países a visitar en el viaje, Burundi, ha sido el que más dudas me ha generado hasta el último momento, ya que las informaciones que traía de España desaconsejaban viajar por él, por la todavía poco estable situación política y algunos atentados contra turistas de la guerrilla opositora al actual gobierno.

Es difícil decidir si entrar o no, si correr riesgos o no, y evaluar la importancia del riesgo, así que decidí ir preguntando ya acercándome a él. Pregunté al capitán del Liemba cuando estuve con el visitando el puente, y me dijo que el pais ahora estaba tranquilo, un oficial tanzano al timón lo corroboró, y luego Salvatore entrando en un foro viajero busco ultimas noticias de la zona, siendo pocas, pero todas nada inquietantes.

Así que nos dirigimos por la mañana al consulado de Burundi en Kigoma para ver si teníamos que solicitar visado allí o lo podíamos tramitar una vez en la frontera. Nos costó encontrarlo, ya que las primeras indicaciones de locales nos llevaron al consulado congoleño, en el que sonrientes funcionarios del mismo nos animaban a visitar su país. Desde allí nos enseñaron una casa blanca en lo alto de una colina cercana, indicándonos que allí vivía el cónsul burundés, y recordando ascensión al Kilimanjaro, para ya nos fuimos, no sin antes dar un pequeño rodeo de ascenso hasta topar con el lugar exacto.

Una vez allí, un agradable burundés nos indicó que podíamos hacer un visado de transito pero que lo gestionáramos en la misma frontera al llegar a ella, y tras recabar nuevamente información de la seguridad en el país nos mencionó nuevamente las tranquilizadoras palabras ya escuchadas: todo tranquilo.

Descendimos de tan alto consulado, y tras llamar a casa para felicitar el cumpleaños de mi blanca mami, me dirijo al cercano y pequeño pueblo de Ujiji, donde tengo otra histórica cita con el Doctor, que estuvo allí hace siglo y medio y fue localizado por americano periodista. Os suena la frase, supongo. “Dr. Livingstone, I presume”.

Pues sí, cerca de indicativo y patrocinado cartel de Vodafone, esa frase fue pronunciada debajo de dos arboles de mango a orillas del lago Tanganica en lo que es el edificio de una misión que rememora tal encuentro con una placa en una piedra debajo de los descendientes de aquellos famosos mangos.

Al lado un desangelado museo muestra a los pocos visitantes que por allí se acercan, es decir yo solo, por lo menos en ese día, unos cuadros con imágenes del encuentro y algún que otro dato de tan histórico momento, en que Livingnstone liberaba esclavos y con ellos buscaba incansablemente las fuentes del Nilo. Tambien en esta zona del lago fue de donde salió la expedición para la exploración del lago de Burton. A pocos metros del lugar el lago baña preciosas playas en las que pescadores descargan gasoil de un viejo camión en bidones para luego abastecer sus grandes cayucos de pesca.

Es curioso que no se sepa exactamente el lugar, ya que posteriormente pasaría por otro pequeño pueblo a unos 10 kilómetros de Buyumbura en Burundi, que rivaliza por ser la sede de tan relatado encuentro con su vecina de lago, Tanzania.

Después de ver este lugar regreso a Kigoma caminando por la adoquinada calle de Ujiji, donde modestas familias viven en pequeñas casas, con sus niños jugueteando entre las cabras que descansan en los quicios de las puertas. Una niña juega a ser mayor, llevando atado con pañuelo a la espalda a su polvoriento osito de peluche, como su mamá hace con su pequeñajo hermanito bebé.

A la vuelta en el matatu nuevo Africa record con 20 dentro más otros 5 que se suben apiñados de pie entre parada y parada. Menos mal que este viaje es de solo media hora hasta la ciudad, que si no, no soy quien a aguantar en apnea mucho más tiempo, jajá.

Ya en Kigoma aprovecho para comprar unos mangos en el mercado, repleto de pequeños puestos de fruta en una zona del mismo, y de pequeñas carnicerías en otra, caminando por estrechísimas callejuelas de puestos de ropa y calzado. De vuelta al lodge veo la sede de Unicef entre muchas otras organizaciones humanitarias que operan en la zona y que tienen aquí un emplazamiento seguro para moverse por la zona del Congo y Burundi, donde en los últimas décadas hubo mucho movimiento de desplazados. Tarde de descanso con sorprendente canal árabe que pasa una película de Almodóvar subtitulada en suajili, el no va mas, en cuanto a sorprender a uno se refiere.

Curiosidades que se dan en los viajes, o más bien diría casualidades. En el barco cuando mi italiano amigo Salvatore hablaba de viajes, en un preciso instante hablamos de Canadá, y en ese mismo instante pasa delante de nosotros un pasajero congolés del Liemba con una camiseta de Canadá, cosa que resulta estadísticamente casi increíble. Pero en la mañana de hoy Salvatore y yo charlamos de cine y de Felini, y yo le nombro a mi director español preferido, Pedro Almodóvar, y esa misma tarde en Tanzania estoy viendo en un canal árabe una película de un director español con ese nombre. Es casualidad, o rarísima casualidad, cosas de los viajes, I presume (supongo).

En la cena nos volvemos a juntar para despedirnos al separarnos todos al día siguiente. Samuel se va hacia Gombe, las suizas hacia el Serengueti, y Salvatore y yo hacia el incierto Burundi.

Os dejo descansar la vista y os cuento más de Burundi y Ruanda en próximo cuaderno…

1 comentario:

  1. Hola Alberto! He llegado aquí por Mónica que me facilitó la dirección. Un diario muy interesante. Genial cada uno de los detalles que recoges en tu día a día. Y las fotos, algunas espectaculares. Buen viaje! Disfrutad de la experiencia, y de los gorilas. Un saludo afectuoso. Besos a Mónica! - Virginia.

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