DÍA 48 LONJA DE TOKIO Y SKY TREE TOKIO (GMT
+9)







Esta noche
no he sido capaz de dormir, será cosa de los husos horarios. Después de pasarme
la primera parte de la noche escribiendo, salía desde mi hotel
capsula a las cuatro y media de la mañana para ver quizás los sitios más espectaculares
de la capital japonesa. Hoy estaría en tres sitios muy conocidos por todos los tokiotas. El
primero en visitar está denominado como la mayor lonja de pescados del mundo,
Tsujiki, donde cada día en sus muelles muchos barcos descargan sus
espectaculares capturas, que no son otras, que pescados de grandes dimensiones,
como los gigantescos atunes de más de cien kilos de peso.
Comienzo la
visita apeándome en la estación de Tsujikishijo, desde donde nada más subir por
sus escaleras al exterior del metro, te topas de frente con la entrada
principal de la gran lonja. Al entrar en sus largas naves, una marea
humana de gente ya lleva horas trabajando, empaquetando, cargando,
transportando y mimando toda la gran cantidad de pescado que aquí se mueve.
En
las inmediaciones de la lonja, infinidad de pequeñas carretillas van y vienen
cargadas con muchos pescados. Estas carretillas son de una forma muy peculiar,
ya que son con morro circular y tienen un gran volante. Son manejadas por
operarios que van de pie en ellas conduciéndolas a un ritmo frenético, teniendo
este incrédulo occidental visitante, mucho cuidado que no se lo lleven por
delante a las primeras de cambio.
Me interno poco a poco en el interior de una
de las naves interiores y así interiorizarme dentro de todo ese espectacular
espectáculo de la trata de pescado que los afanados operarios japoneses llevan
a cabo trasladando el pescado en cajas y que colocan en diversas partes de las
naves frigoríficas o cargan en los pequeños camiones, algunos de ellos muy
tuneados por sus conductores que los tienen estacionados en el exterior de las
naves, y que presumiblemente luego sirvan de ansiados manjares en los
restaurantes tokiotas ese mismo día como productos frescos, frescos, fresquísimos.
Continuo internándome, y
al final de la nave ya comienzo a ver la zona de los grandes pescados, en
concreto grandes atunes que tras haber sido rulados se están empaquetando con
mimo. Estas enormes piezas, unas frescas y otras congeladas, tras
ser ruladas, son transportadas por el inmenso mercado, por decenas de esas modernas
carretillas a los vehículos de sus compradores.
En otra zona de la lonja,
otros trabajadores están cortando con unas sierras industriales algunos pescados
para empaquetarlos en pedazos, en cajas a medida de las piezas cortadas.
Sobre las siete de la
mañana, y una vez finalizada toda la subasta de pescado, este viajero que no
deja de sorprenderse a cada paso que da en su maravilloso viaje, abandona el
lugar por un cercano puente que cruza desde el barrio de la Tsujiki, sobre las
aguas costeras de Tokio hacia el barrio de Toyosu. El metálico puente resulta
ser levadizo, para poder dejar pasar barcos de gran tamaño cuando es necesario
hacia los diques interiores que unen dos zonas de la gran marina de Tokio. Al
cruzar hacia el nuevo barrio, veo las gabarras que transportan materiales, y a
lo lejos la totalidad de la bahía de Tokio, con el puente Rainbow al fondo, y
la cercana y visitada lonja que ocupa una superficie nada despreciable de la
ciudad, así como varios pesqueros que tras descargar el pescado, se disponen
nuevamente a zarpar.
Ahora ya camino entre
grandes edificios de oficinas, los cuales se pueden atravesar por sus lobby
(plantas bajas), teniendo como acompañantes a muchos japoneses, la mayoría dirigiéndose
a sus puestos de trabajo en esa laborable jornada.
Aprovecho para hacer una
parada cerca de uno de los puertos de la zona, donde muchos pequeños barcos de
recreo están amarrados a la espera de clientes que quieran navegar por esta acuática
zona de Tokio. En las inmediaciones de uno de estos puertos, una gran hélice adorna
el acceso a los pantalanes de varios pequeños catamaranes para también paseo de
turistas.
Una vez vistas estas dos
zonas costeras de Tokio me vuelvo nuevamente al metro y regreso hacia la zona
de mi hotel, donde después de comer aprovecho para ver, el quizá otro gran
barrio turístico de Tokio y que no había visitado todavía. Se trata de Asakusa,
y donde después de cruzar el puente que lo separa del barrio donde yo me
hospedaba, se llega a través de una calle comercial llena de
tiendas, llamada Nakamise, al templo de Sensò-ji.
Allí el gran templo y la
habitual pagoda, esta de 5 pisos de altura, comparten ubicación con otro santuario sintoísta llamado Asakusajinja, y que mucha gente visita
en este día. A lo lejos se puede ver la Gran Torre de Tokio, la cual me iré a
ver desde allí, eso sí, sin dejar de disfrutar en el camino de los preciosos
jardines al más puro estilo Zen, que unen la zona de los templos con un pequeño
parque de atracciones para niños, y un curioso teatro callejero dónde muchos
japoneses acuden a ver obras de teatro popular.
Cruzando el puente Azuma y en dirección a la gran torre de Tokio, paso
junto a la Asahi Breweries Ltd, donde su edificio en forma de jarra de cerveza
y pieza de chile, así como restaurantes en edificio anexo, no pueden dejar
indiferente a nadie. Este edificio de la gran cerveza nipona, Asahi, puede
carecer de muchas cosas salvo de originalidad, el edificio principal simula una
jarra de cerveza dorada con espuma y todo, y al lado otro edificio más pequeño
es el cuenco con el chili de acompañamiento a tan fresca bebida.
Ya cayendo la noche y paseando por
el parque Sumida, me acerco al barrio de Ryogoku. Se puede divisar un gran y
moderno centro comercial de Tokio, es el Solamachi, antesala de la todavía en segundo
plano, pero aún bastante lejana, Sky Tree, la gran torre de comunicaciones
japonesa. Este árbol de metal que puede tocar el cielo, es la mayor torre
observatorio del mundo, con una altura cercana a los 700m, y el segundo
edificio del mundo, que duplica y triplica a los rascacielos cercanos.
Al acercarme a ella por los canales y el
centro comercial abarrotado de gente a esas horas, la torre empieza a tomar luz
en la noche, y los muchos neones de color azul le dan un precioso tono
turquesa. Subo por las escaleras mecánicas del centro comercial para llegar a
la base de la torre donde en este barrio de Sumida, el mayor acuario de Tokio,
hace las delicias de los niños que lo van a visitar, y más aún la visita final
de su tienda de peluches de todas las especies de peces que en él se pueden
ver.
Encima del acuario y justo en la base del
SkyTree en el exterior, varios árboles totalmente iluminados con luces de neón,
llevan hasta la escalinata que accede a la estructura de la gran torre. Pagando
la cara entrada que permite tomar uno de los ascensores que suben al observatorio
de esta torre, y que como os decía es el segundo edificio más alto del mundo
después del Burj Dubai en los Emiratos Árabes, puedes experimentar la rápida
ascensión. Años atrás había tenido la oportunidad de ver el árabe edificio de
los EAU en viaje en barco por el Golfo Pérsico, comprobando como al alejarse muchas
millas de la costa de Dubái, todavía era visible por su gran altura, que
equivaldría a colocar una de las hoy destruidas torres gemelas neoyorkinas
sobre la otra, en total casi 800 metros de vertical altura, mucha altura
vertical para casi tocar el cielo, desde este gran rasca, rasca cielos, de los
Emirates.
Volviendo a
la torre de Tokio, y donde este árbol que toca el cielo del oriente asiático, es
curioso ver en una de las tiendas del centro comercial que está especializada
en hacer todas las maquetas de comida que se exponen en los restaurantes de
Tokio y Japón. Desde unos sabrosísimos a la vista, huevos fritos de plástico,
hasta unos pedazos de sushi y sashimi que parecen totalmente reales, aunque no
tan crudos como los originales. En otra de las tiendas también se pueden ver
trajes de casi todos los personajes de los cómics manga, que entre los jóvenes
japoneses son pasión, y no se cortan ni un pelo en comprarlos y ponérselos para
pasear por sus japonesas calles.
Y ya dejando
la zona caminando, completamente de noche, la Torre azul turquesa brilla con
luz propia y yo muy cansado de intenso día, tomo el metro para dirigirme de
nuevo a mí aposento en el Hotel cápsula del barrio de Kinchiko.
Con
intención de meterme en mi capsula cama a descansar del maratoniano día, me
siento en la recepción a tomarme un último café gentileza de la casa, pero cuál
es mi asombro al ver que todavía el día daría para más, para más y mejor, al
ofrecerme este genial país la sorpresa final antes de mi partida al día siguiente
y que no era otra que otro típico tópico de Japón que era uno de sus muchos seísmos.
Mi silla se mueve, mi café en la mesilla se mueve, y sin pensar del todo en que
estaba pasando, giro mi cabeza hacia la recepción, donde el sonriente y majísimo
recepcionista japonés me mira asintiendo con su cabeza, e indicándome que sí,
que era lo que yo ya estaba empezando a sospechar que era, un pequeño terremoto,
a los que sus japoneses habitantes están muy acostumbrados por la cantidad de
ellos que hay durante todo el año.
Y para
acabar de darle crédito al incidente, la pequeña pecera que decoraba el
mostrador de la recepción, intentaba no derramar su agua que se movía de un
lado al otro de sus bordes con el anaranjado pececillo japonés, surfeando las
olas que se formaban en su interior por la fuerza del seísmo.
Aproximadamente
duraría un minuto, después del cual otra pequeña replica, mucho más benévola
con la credibilidad de este viajero español, duraría la mitad del primer
seísmo.
Mi
recepcionista, muy sonriente, y diría que casi contento de que esto ocurriera
para poder enseñarme como inmediatamente ellos pueden saber dónde se originó y
la magnitud del mismo, me llamaba para que me acercara a ver en su ordenador el
punto exacto del epicentro y la intensidad del terremoto.
En la página
web del instituto sismológico, y en apenas unos minutos ya se podía ver que
había sido a unos cuantos kilómetros del centro de Tokio y que la intensidad
había sido de casi 4 en la escala Richter, nada desdeñable, aunque sin daños
materiales significativos.
No quise
dejar yo también de entrar en mi pc a descargarme este mi segundo seísmo
vivido, tras el de hacía tres años, en viaje por tierras centroamericanas y que
me pilló visitando la capital nicaragüense, Managua.
No espero
más, me voy ya a dormir a mi pequeña, pero segura y blindada capsula cama.
Buenas noches amigos lectores de blog.
DÍA 49 DISNEY TOKIO Y VUELO A LOS ÁNGELES
Hoy 20 de
febrero abandono Japón para irme a un nuevo país, EEUU, pero intentando
aprovechar la mañana en mi último día en Tokio, me voy a despedir de esta ciudad
y de este país, no antes sin ver otra de las grandes atracciones de la capital
del lejano oriente y qué es el parque Disney Tokio. Me dirijo ya con la mochila
grande y la pequeña a la estación de la JR. Railway de Kinchiko, para desde
allí irme a ver Disney.
En la
estación, una gran tienda, como en muchas otras zonas de Tokio, y cantidad de
tiendas en otras ciudades de Japón de nuestra empresa más famosa en el mundo
entero, Zara, que por todas partes se expone en este país como si llevara toda
la vida vendiendo en él, con gran afluencia de jovenzuelas de ojos rasgados
probándose sus nuevas colecciones de económica ropa. Aunque la imagen de los héroes de los comics manga japoneses aún tiene mucho tirón entre todos los jóvenes que visten imitando a sus personajes.
Antes de
tomar el tren, compro sellos de este país que no pueden ser más originales para
mi colección que los de la famosísima Heidi. Al pagar los sellos en la caja de
correos, observo folleto del nuevo tren que se va inaugurar el día 16 de marzo
y que es el aún más rápido Shinkansen con un diseño parecido al de un torpedo
en colores verde y rojo y que va alcanzar la velocidad de 320 km hora.
Bueno, y por
fin tomo la línea de metro que ya sale del centro de la ciudad y va pasando por
todo el extrarradio de Tokio hasta llegar a la estación donde está el enlace
hacia el parque de atracciones de Disney Tokio. Desde el tren se puede ir
viendo la zona marítima de Tokio. Al ir llegando al parque, grandes carteles
anuncian esta franquicia de la empresa norteamericana Disney en la capital
japonesa. Me poso y me voy a ver la entrada del parque, muy parecido a los
demás por mí vistos en anteriores viajes a la francesa París y a la americana
Orlando, y replica cuasi exacta del de la costa oeste americana.
El castillo
en el centro del parque, la montaña rusa del Oeste, la zona de los Piratas del
Caribe así como la omnipresente Space Mountain, replican a los otros. Pero para
no imaginarse que uno está en otro Disney, a lo lejos y a muchos kilómetros de
distancia, se puede ver la Gran Torre de Tokio que sobresale de la ciudad, el
Skytree.
Ya sin
tiempo y a primera hora de la tarde me voy nuevamente a coger el metro tren
para ya irme hacia el aeropuerto internacional de Narita, el más importante de
la capital japonesa. Todavía quedaría un largo trayecto hasta llegar al
aeropuerto, donde me poso en la Terminal 1 para ir a buscar mostrador de mi
vuelo que tengo reservado con la compañía Singapour Airlines.
Antes de
salir de este precioso país todavía me llevaría una última sorpresa, y es que
al salir por mi puerta de embarque veo por la zona acristalada del finger, que
el avión de la compañía Singapoure es el nuevo Airbus A380, el avión comercial
más grande del mundo, y cuyo vuelo comercial inaugural corrió a cargo de esta
compañía y hacía pocos años.
Ya había volado en otras ocasiones con esta
compañía, de ese pequeño pero muy interesante y utópico país situado al final
de la península malaya, y la verdad es que considero que es una de las mejores
compañías del mundo, junto con la Garuda indonesia y la tailandesa Thai. Las
compañías asiáticas llevan muchos años dando un servicio muy, muy superior, a
las clásicas europeas o a las muy, muy simples, aerolíneas americanas, por un
precio muy similar.
En mis
viajes había cruzado todas las líneas imaginarias de la tierra, los dos
Trópicos (Cáncer y Capricornio), los dos círculos polares (Ártico y Antártico),
y hasta paseado por encima de la línea del Ecuador en Kenia y la del Meridiano
de Greenwich en Londres, pero me faltaba una línea que no es recta, esa línea
es la del Cambio Horario Internacional. Pues la pasaría esta noche, cruzando el
Pacifico en vuelo de Tokio a Los Ángeles, pasando de GMT+9 hora de Japón a
GMT-8 hora de la Costa Oeste americana, por lo que el día 20 de febrero lo estaria
viviendo doble, lo viví ayer en Japón y lo estaría viviendo mañana en USA.
Por otro
lado, en mi tercer vuelo de Singapour Airlines, y después de hacer cientos de
vuelos en estos años, para mí era un regalo poder volar en este nuevo coloso de
los cielos, habiendo visto la noticia de su puesta en funcionamiento por
televisión y preguntándome si podría alguna vez volar en él. Hoy era el día,
era mi día. Mi vuelo Tokio-Los Ángeles está siendo en el avión comercial más
grande del mundo, el Airbus A-380, de dos pisos completos, con capacidad para casi
500 pasajeros, y que esta compañía fue una de las primeras en adquirir y v comercializar
estos megaviones.
Como
curiosidades, decir que casi alcanza la velocidad del sonido, se acerca a los
1200kms/h, tiene 16 salidas de emergencia y a bordo dispones de un menú individual
para elegir entre 230 películas o 750 cds de música, la cena a la carta, y para
celebrarlo elijo menú japonés como despedida de gran país. Tomo cafetín con
chupito cortesía de la compañía y pido permiso a un tripulante de cabina para
visitar el piso superior del avión. Permiso concedido, amigo Alberto, paséate
por el A380 como por tu casa. Subo las muy curvadas escaleras de caracol y al
llegar a la planta superior, era como acceder a las habitaciones del hotel
desde los salones de butacas.
Todos los asientos en esta parte del coloso eran
convertibles en confortables camas aéreas, y recordándome mi estancia en los
hoteles capsula de Tokio, pude contemplar como a esas horas ya muchos de los
pasajeros más pudientes comenzaban su relajante sueño aéreo. Buenas noches
señores, que ustedes lo duerman bien.
Espectacular
el avión, y el día y la noche de hoy.
No pudo haber sido un día y noche más
mágicos, me estaba yendo de Disney Tokio a Universal Estudios en California, en
un día, y con día extra “free”, ya que cuando aterrizara de mañana en Los Ángeles,
el reloj del tiempo se habría detenido, y yo disfrutaría de una experiencia más
mágica aún, al vivir un día dos veces. Volvería a estar en el día 20 de
Febrero, el mismo que había vivido el día anterior en otro país y en otro continente. Cosas de los husos
horarios mundiales, lo que antes se pierde, más tarde se gana todo junto. No lo
desaprovecharía.
This is The
World! This is de travel around the world!
Os cuento más en próximo capítulo, esta vez, ya muy americano, y como siempre capítulos anteriores en:
http://albertocampamontes.blogspot.com.es/
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