MATE

MATE
La vida en un mate: sorber despacio y saborearlo con intensidad ya que el mate, como la vida, cuesta un tiempo prepararlo, pero si no se disfruta al beberlo, cuando se acaba ya será tarde. Fotografía tomada en Argentina durante el corralito del año 2002

27 enero 2014

Amazonia 4 – AMAZONAS – SANTARÉM (COMUNIDADES INDÍGENAS)

DÍA  9 AMAZONAS (ISLA DE MARAJÓ)

Esta noche, y hasta coger confianza con los vecinos, duermo con mi mochila atada a un pie, por si tuviera la mala suerte de topar con amigo de lo ajeno en la nocturna noche amazónica, pero parece que el agua está bastante en calma, y la gente suele ser buena gente, aunque uno aprenda a desconfiar de primeras.

Después de dos días sin dormir reconozco que se me pegaron un poco las sabanas, mejor dicho la toalla con la que me tapo, en esta mi hamaca en noche que de húmeda se hizo fría. También tuve que levantarme a poner unos calcetines por que los piesucos recelaban de tanto presumible nocturno calor.

Todo el barco ya estaba despierto, y desde desayunando viandas en tupper, hasta aseándose en los fregaderos que tenemos con original jabón colgante en cubierta, la vida a bordo fluía por doquier. Mis vecinos, siempre con la sonrisa en la boca, me animan a salir de mi rede para acompañarles a disfrutar de la vida como nadie mejor que los brasileños saben.

Mi teoría en estas tierras cobra más fuerza que nunca. No hace falta mucho dinero para ser feliz, para ser muy feliz, porque con bien poco te puedes arreglar y encima pasarlo diez como pude comprobar poco después en esta enorme barcaza. Y es que está claro que gastando poco se puede disfrutar mucho, como ves que hacen las gentes de muchos lados que no tienen nuestros ingresos pero también pasan sin muchísimos de nuestros gastos. Solo hay que proponérselo a diario. A ellos les debe ser innato.

Y es que a media mañana, la música ya sonaba con fuerza, con mucha fuerza, ¿me oís bien o grito más? El futbol será “O reí do Brasil”, pero la música fijo que es la reina indiscutible. La gente bailando, las duchas de cubierta abiertas a tope rociando de agua a los chavales que en bañador se refrescan en día nuevamente de intenso sol y calor, y los más reposados disfrutando del disfrute de los demás. Esto es Brasil.

Me aseo un poco, me tomo una cervecina porque aquí un café y con este ambientazo ya ni pega, y poniéndome a escribir un poco entre tanto jaleo, pienso como me gustaría que estuvieran todos ustedes aquí conmigo para al menos saborear un poco esta forma de vida de viajeros brasileños y amazónicos. Espero al menos saber transmitirlo fielmente.

El paisaje, por supuesto que responde a las expectativas que uno trae por la gran vegetación que acompaña constantemente el recorrido del barco por uno de los muchos cauces del rio que van bordeando la también grandísima Ilha de Marajó, que es la mayor isla fluvial del mundo. Solo para que se pueda uno hacer una idea de tan magno tamaño, decir que en el mundo hay casi 70 países que son más pequeños que ella. Imaginaros sus dimensiones, pensando que tiene el tamaño de toda Suiza.

Según vamos remontando el río, muchísimos pequeños cayucos de habitantes de los pequeños poblados cercanos a la orilla, lo cruzan constantemente, y algunos se abarloan al barco cuando disminuye la velocidad para subir a bordo a vender productos entre los que los camaroes hacen las delicias del pasaje. Darse el gusto de estar comiendo nuestras quisquillas al precio de nuestras aceitunas es algo que no desaproveche.

A parte de las pequeñas embarcaciones de madera, otras grandes plataformas empujadas rio abajo por remolcadores, trasladan por el Amazones grandes contenedores, camiones y grandes paquetes. A veces la plataforma llega a ser veinte veces mayor que el pequeño remolcador, pero la fuerte corriente hace el resto.

Calor, mucho calor, ya no sé que más quitar, porque uno esta sudoroso constantemente. Pero lo impresionante del paisaje, lo acogedor del lugar, hace que la enorme humedad no importe tanto.

Ver la vida cotidiana de las poblaciones indígenas, bañándose, lavando la ropa o preparando las artes de pesca, es el hobby principal durante todo el día que transcurre lento por las muchas horas de luz de este día de verano austral. Y es que llegando a Belem ya crucé la línea del Ecuador que pasa por la ciudad capital de la provincia brasileña de Amapá, la pequeña Macapá. Así que oficialmente y aunque sea solo por unos pocos grados latitud sur estoy en verano.

Invito a mi brasileño vecino que disimuladamente se me ofrece a esa luego mi invitación, de cervecina Skol, pero lo que disfrutó con ella mereció la pena. A bordo dos cerveciñas, la citada Skol y la más conocida Bramha, precio el mismo, sabor el mismo también. Solo se debe de escoger por el color de la lata, si te gusta más el amarillo: Skol. Si te gusta más el rojo: Bramha. Así de sencillo.

Me topo con Fernando y Celila que están dando la vuelta a Sudamérica en moto y ayer la embarcaron compartiendo viaje conmigo hasta Santarém. Aprendiendo a vivir la vida, una vez criados y mayores los hijos, pertenecen a un club motero y ya llevan unos meses de viaje donde han llegado hasta Ushuaia por la zona Pacifica y retornan hacia Colombia por tierras brasileñas.

Al poco se me unen también a mi antes solitaria mesa, y ahora ya con cinco parlanchines hispanoparlantes, dos catalanes, Isabel y Amadeu, que también viajan en una pequeña moto alquilada, pero en este caso por Brasil, Perú y Bolivia. Tarde de relatos de aventuras viajeras.

Al poco tiempo  el barco vira a babor entrando en la zona ya anchísima del anchísimo, pero que muy ancho, principal Amazonas. Las orillas ahora ya están a kilómetros una de la otra, y no como hasta ahora que podías ir viendo detalles de ambas. Lo bueno de remontar el rio es que el barco para contrarrestar un poco la fuerte corriente casi siempre navega pegado a una de ellas para avanzar más, ya que no tienen excesivo calado al no tener que navegar por el mar. La vegetación sigue siendo igual, no excesivamente alta, aunque me imagino que más cerca de Santarém y luego Manaos sea mayor.

No apetece mucho comer con el calor y aprovecho a hacer una sola comida principal al día, que en el día de hoy será la cena a base de una preparada sopa de noodles con pollo.

La noche cae sobre el rio y la música sigue a tope, aquí para oír la fauna amazónica hay que esperar a bien entrada la noche, cuando en la paz de la hamaca uno recuerda otro maravilloso día de la vida a juntar con otros cuantos, se congratula con la buscada suerte, y da gracias por no haber tenida la otra suerte, la que te busca a ti, la tan temida mala suerte. Y para espantarla, es cuando se centra en imaginar alguno de los sonidos de la selva amazónica que mira inmaculada a los pasajeros del barco a su paso.

Entrada bien la noche el barco hace parada en pequeña población para coger y dejar pasajeros fluviales.

 

DÍA  10 AMAZONAS (A PRAINHA Y MONTE ALEGRE)

Hoy comienzo explicando el nombre del rio a quienes no lo sepáis, y es que el nombre proviene de la percepción que tuvo el gran explorador del mismo, Orellana, que viendo a los indios de las tribus del rio con su pelo muy largo y pensando que eran mujeres, lo llamo pensando en ellas como fieras guerreras mitológicas, Amazonas.

No responderá a la realidad, pero si es verdad que el nombre para mí es guapísimo, evocador y muy contundente como creo es este rio, que ha sido elegido en la votación que se celebró para elegir las nuevas maravillas naturales del mundo como una de ellas. Se hizo justicia plenamente.

Mi ya casi inseparable vecino de hamaca desde que le pagué una cerveciña, Cruzivaldo, me despierta enseñándome su camiseta del día, que es de su equipo preferido. Yo meto la pata preguntándole si es del Flamingo, mirando con cara de decepción al ser la de su queridísimo Santos. En fin, uno que no está muy puesto en los colores de los equipos brasileños. Y ya que me sonaban los nombres, que si no me deporta para España.

Al haber parado el barco, algún coleóptero pasa en vuelo rasante por encima de mi cabeza, una vez que está a gusto a bordo con tanta exquisita compañía. Los niños juguetean en sus redes, las niñas se peinan y arreglan para empezar el día, junto a sus mamas, y el sol da tregua matinal.

El día sigue con mucho movimiento de acoplamiento de los nuevos pasajeros que subieron durante la noche, y están acabando de colocar sus cosas e instalar hamacas. Aprovecho para afeitarme después de 10 días de viaje en los fregaderos que hay en esta cubierta de hamacas. Lo de hacer pipí sin tener que contener la respiración es una cosa que no entro en detalle a explicaros, es lo que tiene viajar en la última de las clases posibles.

Lo que si está bien es que en la cubierta inferior hay dos grandes bidones plásticos con café y leche gratis para todo el pasaje, que aprovecho a tomar con unas galletas que todavía tengo guardadas de queridísimo picnic que me hicieron antes de partir.

Otra cosa que no necesito comprar es el agua, ya que en la cubierta principal hay unos enfriadores que mantienen bastante fresca la espero depurada agua de las bodegas del barco, y que está siempre disponible para la sed del pasaje.

Una vez ya desayunado jugueteo con los muchos niños pequeños que andan por la cubierta, siempre con el incondicional permiso de sus mamás y papás, que siempre te corresponden con una sonrisa y les encanta les saques fotos a los retoños de todos tipos. Papá negrito con mamina india, mamina india con papiño blanco portugués, etc, y así esta tierra hoy, no sabe ya casi de razas y colores. Máxima y fenomenal mezcolanza multicultural y multirracial. Que más dará las formas y colores, si la gente se encuentra a gusto con otra persona. Viva Brasil!

Recordarme si no os cuento en estos días curiosidades de una de las tribus más utópicas de esta amazonia, y que sería el ejemplo para toda la humanidad, en cuanto a pensamiento, costumbre y forma de vida.


Al mediodía otro puerto fluvial donde dejar y recoger pasaje, es A Prainha. No estamos más de 15 minutos, en razón a la importancia de esta pequeña población. Las paradas más largas vendrán al final del día.

Día que aprovecho para devorar publicación del Amazonas que me traje para el viaje y de las que os cuento alguna cosilla de este insuperable rio en todos los sentidos. Sabíais que:

-          Cuando el rio desemboca en el Atlántico forma una mancha en este que es 14 veces mayor que toda la Península Ibérica.

-          A casi tres mil kilómetros tierra adentro, su curso solo tiene un desnivel de entre 100 y 200m, teniendo anchos kilométricos.

-          Alberga la mayor riqueza y densidad de especies animales y vegetales de la tierra, algunas que todavía ni se conocen.

-          Tiene más de 1000 afluentes que se pueden considerar como grandes ríos, con sus respectivos también miles de afluentes

-          Arroja al Atlántico más de 200.000 m3 de agua….por segundo. Eso es cinco veces más que el africano rio Congo, el segundo más caudaloso del mundo. Nuestro queridísimo Ebro no supera en su delta los 500m3, insignificante comparado con este.

-          Cuando hay crecidas anega kilómetros de tierra creando varzeas, especie de lagunas que permanecen tierra adentro todo el año, dándose en ellas hojas flotantes que pueden sustentar varios kilos de peso.

-          Grandes barcos pueden navegar por más de 14.000 kms y pequeños por más de 40.000 kms de vías fluviales.

-          Y por supuesto que aparte de ser el mayor y más caudaloso rio del mundo, desde hace unos pocos años descubriéndose sus fuentes cerca de Arequipa en Perú, es también el más largo, superando en unos metros los casi 7000 del Nilo, al cual tuve la suerte de llegar a ver sus fuentes en pasado viaje a Uganda.

-          Y que contiene casi el 20% del agua dulce del planeta o que en sus aguas hay delfines adaptados al agua dulce hace millones de años, y encima son de color rosa….es “el no va más en ríos”.

¿Qué os diga que veo en este preciso momento de directo relato?

Pues os lo traslado fielmente. En este momento estoy sentado con mi notebook mirando a popa del barco, navegamos con la vegetación pegada a estribor, y el rio se extiende a popa y a babor tantos kilómetros que no atisbo a ver la otra orilla, en una postal panorámica de agua marrón color café con leche. Bueno y con algo tan idílico también acaba de llegar Cruzivaldo a decirme en ya comprensible portugués que si le dejo un real para completar los cuatro que le cuesta su nueva cerveciña. Como desde la primera invitación le corté el grifo ahora me pide pequeños anticipos a cuenta, jejé, es mundial, y encima piensa que Albertinho es el Banco Do Brazil.

-          ¡Se acabó Cruzivaldo, ahora a por café do Brazil de la cubierta de abajo, que es gratis majo!

Tras este inciso sigo describiéndoos estos momentos en el barco. La música suena alta, muy alta, pero como es toda muy melódica no molesta nada, y la gente sentada mirando al exterior de la cubierta toma una cerveza, juega con los niños o intenta ganar una partida de cartas. Hace calor, mucho calor, y sobran las camisetas y hasta la piel si se pudiera quitar.

La motonave disminuye su velocidad, eso indica que tenemos pronta parada para dejar pasaje y carga, así como también para subirlo a bordo. La parada de la tarde es la pequeña localidad de Monte Alegre, donde aprovecho para desembarcar durante la poco más de media hora que estaremos en ella atracados, y así pasar algún correo con wifi que encuentro en almacén de piensos cercano y donde me facilitan gentilmente la clave. Uno siempre se acaba arreglando, pero que bueno sería que venciendo el negocio de las telefónicas, se pudiera impulsar el wifi global, y uno pudiera estar conectado en todas partes sin falta de restrictivas claves de acceso.

Se hace de noche y antes de zarpar el barco aprovecho para tomarme un cafetillo brasileño de cortesía a bordo, con mis amigos de también país muy cafetero como es Colombia.

Ellos continuaran viaje hasta cerca de Manaos donde desembarcaran y proseguirán viaje en moto hacia Venezuela. Yo sin embargo me posaré de madrugada para ver otra protagonista de esta cuenca amazónica, que no es otra que su gigantesca selva.

Tomamos unas fotos juntos, y comprando mi nocturna sopa de noodles, me despido de ellos para intentar dormir alguna hora extra antes de mi desembarco a las cuatro de la mañana en Santarém. Dije intentar, porque entre la muchedumbre que subió en Monte Alegre y colocó sus hamacas por todas partes, incluso encima de la mía, y el calor sofocante de esa sin nada de brisa noche, fue casi imposible hasta bien entrada la noche nocturna noche.

A uno le apetece en alguna ocasión tirarse al rio por proa y subirse con el paso del barco por popa, para refrescar un poco, pero por no asustar a los caimanes lo dejo para otro día.

 

DÍA  11 SANTARÉM-COMUNIDAD INDÍGENA DE MAGUARÍ

Suena despertador, pero el barco lleva algo de retraso y aun vamos en marcha, el barco todavía no ha llegado a Santarém, y tengo media hora más para dormitar a estas horas con un poco más de frescor, o mejor diremos con un poco menos de calor.

A eso de las cuatro y media llegamos a Santarém, y echando un poco de agua a la cara, descolgando mi fijo nuevamente necesaria hamaca y cargando con el petate, desembarco en la noche en oscuro puerto. Me entero de a cuanto está el centro de la ciudad para ir andando, pero enseguida locales me dicen está a casi 4 kilómetros y a esas horas mejor no ir andando. Cogida la indirecta, tomo un moto taxi que por 4 reales me llevará un poco más seguro. Insertándome estrecho casco, pero es el que hay asignado al pasajero, sea del tamaño que sea la cabeza del pasajero, me lo inserto como puedo, y allá que vamos, por oscuras carreteras hasta que la noche se hace aún más oscura, por la gran tromba de agua que se nos viene encima y que hace que el motorista taxista se pare debajo de un entoldado que no da a mas a evacuar agua.

Esperando sea una tormenta breve, esperamos un cuarto de hora…media hora…una hora, y esto no para. Creo que se va a batir el record del arca del buen Noé, así que allá que vamos nuevamente quedando casi como pitinos.

Y además pienso, ¿y ahora donde me meto, que hago hasta que tome un mañanero autobús a algún lugar en la selva?

Bueno, le digo que me lleve a un hotel, pero no para dormir, solo para desayunar. Y dejándome con mi lustroso y húmedo aspecto a la puerta, pico. Y un dormitado recepcionista me abre pero me dice que el desayuno nada de nada hasta las siete. Al menos el buen hombre me deja entrar, y espero a techo hasta la hora de devorar desayuno de huevos, salchichas y frutas, muchas frutas. Que bien pagué los 10 reales que me pidieron por saciar hambre mañanera…y es que después de ducharse ya se sabe, que entra el hambre, y menuda ducha amazónica!

Una vez acabado el diluvio mítico de Santarém voy a cambiar algo de dinero en la única casa de cambio que me indican hay en el centro, y aprovecho para enterarme como llegar hasta una comunidad indígena que había leído acoge huéspedes y enseña la selva al visitante.

El destartalado bus dirección a Jamaraquá sale a las 11 desde la zona alta de la ciudad a la que llego con mochila y una gran sudada, que se une a la mojadura anterior, por empinadas calles de Santarém. Me instalo en el bus y compro agua, porque me parecía poca la que llevaba encima. Cuando digo encima, era encima.

Como me acuerdo de mi padre en su época de conductor de rudimentarios autobuses, donde hacer el doble embrague no era algo recomendable, sino estrictamente necesario. Y es que hasta que uno alcanzaba en este bus los 50km/h, ya había que ir reduciendo para tomar más pasajeros en la carretera que iba pareja al Tapajós, nuevo cauce de rio amazónico, cerca del cual se encuentran los enclaves indígenas a los que me dirijo para conocer sus vidas y su gran selva.

Por el camino parada en tienda almacén de carretera, donde todos los pasajeros se apean a comprar productos que en sus poblaciones no habrá, al carecer de tiendas. Yo “haciendo lo que vieras”, también aprovecho y compro mi manjar preferido, el pan, y un refresco omnipresente en estas tierras de rico guaraná. En el bus aparte de portugués los viajeros de rasgos claramente indígenas, hablan lenguas locales, imposibles de entender por este foráneo que escucha atento pero sin posibilidad alguna de aprender algo.

La carretera esta asfaltada con la selva bien deforestada para poder mantenerla despejada, hasta una localidad municipio de nombre  Belterra, donde un conocidísimo constructor de coches americano, diseñó esta ciudad como lugar donde habitaran los trabajadores que recogieran el caucho para los neumáticos de una marca llamada: FORD.

El sueño de Henry Ford no duró mucho por la competencia asiática en el mercado del caucho, y la ciudad quedó para siempre como un tranquilo lugar a orillas del rio Tapajós.

Por pista ya de tierra, y ligeramente inundada después de tanta lluvia, seguimos hasta llegar a la entrada de la reserva, luego de unas 3 horas de viaje. Se pagan 13 reales por visitante huésped, para acceder a alojarse con estas comunidades y así poder seguir con el proyecto adelante de ecosistema sostenible.

Me quedo en el primer poblado, de nombre Maguarí, que cuenta con unas cuarenta familias indígenas, y en casa de una de ellas pasaré dos noches de este viaje para convivir y saber vivir bien con un medio no tan hostil como pudiera parecer desde fuera del mismo.

El patriarca de la familia indígena me recibe, se llama Joaoquín, después sabré que nació el mismo año que mi queridísima madre, y hasta se conserva tan bien como ella. También decir que mucho más tostado que ella, por numerosos días de amazónico sol, y no por habituales nubosos días asturianos.

Su mujer María tiene con él numerosos “filhos”, que a su vez les han dado numerosísimos nietos. Solo una de sus hijas ha tenido catorce, así que podéis imaginaros si se juntan en el día de la madre.

Una pequeña casa principal, y dos cobertizos de techumbre de paja anexos son sus posesiones, y en uno de ellos yo colgaré mi hamaca para dormir estas noches. Después del palizón de mañana viajera, lo que más deseo es darme una ducha y aunque en el exterior, y aunque con paredes de palmera, y aun con rudimentaria cebolleta…que fresca agua me refresca sudoroso sudor sudoriento.

A continuación cafetillo brasileño, registro en libro con todas las nacionalidades viajeras que han pasado en estos meses por aquí, y programada incursión en la selva al día siguiente. Ahora un poco de descanso y en la tarde, pequeña fiesta en el poblado a cargo de los más jóvenes que improvisan un altavoz con algo de música que sirve de entretenimiento en la noche.

Disfruto conociendo a todas las generaciones familiares del clan, entre las que se encuentra una jovencísima indígena de meses de edad, y que se aferra con fuerza a mi brazo, en para ella al parecer confortable cuello español.

La música la llevan dentro todos los brasileños, sean de la preciosa región de Bahía, del afamado Rio de Janeiro  o de esta selva amazónica, y eso se nota en los ritmos de las canciones que hacían vibrar hasta a la pequeñaja.

Después cena a base de pescado, arroz y tomate, que fenomenalmente cocinada me supo a manjar cotidiano y casero como nuestros asturianos platos. Junto a mí, como una que dejé también es asturiana casa, una gata que parece también encontrarse a gusto al lado de este español. Le habrán dicho por email que a este español le gustan todos los animales, como  a su también española chica del otro lado de este gran oceánico charco.

Así que me voy encantado, de convivir y saber vivir entre geniales gentes, que ofreciéndote sencillas cosas, te hacen sentirte sencillamente afortunado.

Boas noites amazónicos lectores!

25 enero 2014

Amazonia 3 – DE SURINAM AL DELTA DEL AMAZONAS

DÍA 7 PARAMARIBO – NIEUW AMSTERDAM –BELEM (BRASIL)

125, ese el número  que este muy acogedor Surinam, ocupará en mi lista de países y territorios visitados hasta el momento. Solo me apena una cosa en esta celebración de muchos países visitados, y es que mi disco duro interno, que hasta ahora recordaba y memorizaba cada uno de ellos se está llenando y comenzando a funcionar más lento de lo normal hasta ahora.

He intentado resetearme un poco, pero deben ser cosas del paso del tiempo, porque necesito imperiosamente apuntar y escribir, lo que antes se almacenaba sin esfuerzo alguno. Lo positivo es la obligación que ahora tengo de escribir este blog de viaje para disfrute posterior de mis recuerdos, y espero también para trasladaros a todos estos lugares a muchos de vosotros que quizás no os acerquéis algún día a verlos.

Aprovecho mi último día en el país, para ir a conocer cercana población a la capital y de nombre típicamente holandés, como colonia que este territorio fue de los Países Bajos. Al otro lado del rio Surinam y en la confluencia con el rio Commewijne, se encuentra Nieuw Ámsterdam, enclave estratégico por su posición de vigilancia a los dos grandes ríos que desembocan en este caribe surinamés.

Y mencionando Holanda y Ámsterdam, no quedaba otra que utilizar el más conocido medio de transporte de esas tierras. Hay que viajar siempre en todo lo que tengas posibilidad, y yo hoy tenía muy a mano alquilar una grandísima y muy clásica bicicleta para conocer tan holandés nombre de ciudad.

Con esa gran tradición ciclista holandesa, no es de extrañar que una vez me dirija en tan  genial y barato medio de transporte, hacia el medio del tráfico de Paramaribo, me dé cuenta del especial cuidado de coches, autobuses y camiones tienen al adelantarme. En ningún momento sientes la amenaza de que te lleven por delante, porque aquí al igual que en la madre patria de los Neederlands, la bici es muy respetada por los demás vehículos.

Por carretera bien asfaltada y siguiendo el curso del rio Surinam, recorro varios kilómetros de las afueras de Paramaribo donde se suceden las guapas casas de gente más adinerada, así como un gran número de embajadas y delegaciones diplomáticas, como siempre bien custodiadas. Destaca entre ellas la de China, en un enorme edificio y con visible y muy roja bandera.

No es de extrañar que aquí como en muchos otros lugares, sean de las más importantes por la gran cantidad de chinos que viven, trabajan y comercian por medio mundo. Restaurantes, comercios, supermercados, en definitiva que con su espíritu siempre emprendedor y sobre todo muy trabajador, hace que hayan ido poco a poco comiendo el terreno al resto de gente. Aunque a muchos les causen recelo, yo soy de la opinión que si queremos aplicar el dicho de que “la tierra para quien la trabaja”, no veo mejor ejemplo que el de ellos. Muchas veces deberíamos aprender más del extranjero y criticarle menos, quizá siempre se ha tenido que buscar la vida dentro y fuera de sus fronteras.

Al cabo de una hora de etapa del “Tour de Surinam” arribo a embarcadero desde donde nada pequeñas piraguas cruzan a viandantes, biciclistas y hasta motoristas al otro lado del rio donde se encuentra el enclave de Nieuw Ámsterdam. Hay que saber siempre que si te subes a ella y arranca contigo solo el precio se dispara, en este caso casi hasta los 40 dólares de Surinam, unos 8 euros, pero si tienes paciencia y esperas a que llegue más gente, el precio se hace casi insignificante, como fue el caso al llegar dos súbditos jubilados del reino holandés con sus bicis y locales que van a trabajar. Al final menos de un euro por travesía de marrón rio con fuertísima corriente.

Una vez en la otra orilla, me encamino, mejor dicho me embiciclo, como me gusta inventar nuevo vocabulario, hacia la punta donde se juntan los dos ríos, y lugar de ubicación del antiguo fuerte de Nieuw Ámsterdam, del que ahora queda bien poco construido de su estrellada forma.


Antes de llegar una extraña mezquita en medio de la carretera y de color verde celador parece desentonar en casi caribeño enclave, pero….cosas de las fés.
 
Torretas para avistamiento de aves y deguste del paisaje, museo de la época con carruajes, elementos de defensa, y muchos perrinos pasando el día, como todos los días.



Me tomo un fresco agua, al haberme bebido ya todo el que llevaba conmigo, y es el que el día sobrepasa los treinta grados de achicharrador sol, que hace que a la vuelta en la holandesa bicicleta durante otra hora para recoger mis cosas en el Hostel Zus & Zo, me acabe de quemar los antebrazos.
 
Los escolares surinameses salen del cole con sus camisas a cuadros verdes y blancos cual mantelería de domingo en mesa de comedor antiguo.


Llegada a la ciudad, intentando no olvidarme que aquí se conduce por la izquierda, y es aplicable a las bicicletas, por lo que si miras para hacer cruce a tu lado natural, te cepilla un autobús por el lado…mortal. Dejo el ciclo en el backpacker, me doy una ducha repara quemaduras con agua lo más fría posible que aquí son 30º, y me despido del personal en la preciosa recepción y tienda de artesanía de toda la cultura cimarrona y amerindia, verdaderos dueños de estas tierras guayanesas.

Caminando y acabando de retostar mis brazos me acerco hasta la estación de minibuses colectivos para preguntar cómo llegar al aeropuerto de Parbo, que está muy lejos de la ciudad. Un taxi o transfer cuesta unos 15€, mientras que como sucede casi siempre, si no te precipitas y tienes paciencia acabas encontrando un transporte alternativo aunque no sea fácil, ni cómodo. Eureka, cuando se llene un colectivo irá hasta la población cercana al airport, y el precio ni os lo imagináis, 2,15$ de Surinam que haber si ya sabéis cuanto es en euros?....tic,tac,tic,tac….tiempo. Son unos insulsos aproximadamente 40cts de euro. Eso sí, como me suele pasar muchas veces, único blanco entre tantísimo moreno, del que destaca el grandísimo conductor negro con su llamativa camisa pasiega.

El transporte como siempre a tope, a tope, y son casi 2horas de trayecto atravesando esta extensísima ciudad por sus barrios periféricos hasta unas colonias a las que el bus se desvía a dejar y coger gente. Bueno, no tengo prisa, mi vuelo es barato, poco más que el trayecto de casi 3 días por carretera con sus dos noches de alojamiento en la cara francesa Guayana, pero sale a una rara hora. Habéis tomado un vuelo a las 3.15h?, no es muy habitual eh?, la verdad que si tomé otro par de ellos a esa hora en Doha (Qatar) para viajar a Sri Lanka y otra vez a Nepal, y es todo un espectáculo ver el ambientazo que hay a esas horas en estos sitios.

Como me esperaba el internacional aeropuerto de Paramaribo, era muy de andar por casa, estando el hall de la terminal de salidas situado en el exterior y siendo las tiendas y bares sencillos establecimientos indios y chinos.

Con tantísimos mosquitos buscando las luces de la casi discoteca de la exterior terminal, entrar era primordial, pero no empiezan a facturar hasta la una de la mañana una vez se vaya el vuelo de KLM a Ámsterdam, patria mamá del  Surinam.

Pero si sabes presionar un poco, hacerte el tullido y llorando un poco, me dejaron pasar a una zona de sillas de asistencia, donde pude descansar un poco con impagable aire acondicionado.

Me observo un poco y hago parte de daños al salir de las Guayanas, y tras una semana de viaje: algunas picaduras en piernas, dos pequeñas mordeduras en pies y brazos para servir con patatas, y eso que soy moreno y aguanto el sol, pero cuestión de tiempo y nuestro cuerpo asimila todo.

Viendo antes de subir al avión a un rapaz morenu , mallorquín y que juega muy bien al tenis en el torneo de Melbourne, avisan para subir al vuelo de Surinam Airways destino Belem.

 

DÍA  8  BELEM DO PARÁ (BRASIL)

Ya comenzado mi día que no tuvo noche, y siempre digo que me parece increíble la de veces que no he dormido viajando, y que enlazo día y noche y nuevo día  sin aparente cansancio ni malestar. Otras veces en casa duermes 10 horas y te cuesta levantarte. Serán cosas de los ciclos vitales. El caso es que en la oscura noche, el vuelo se va terminando y comienza a verse amanecer, y justo en ese momento que comienza la luz y se atisba el paisaje aparece en medio de un halo mágico mi nuevo amigo de viaje y el gran protagonista de él: el Amazonas.

Si el rio termina en una larga melena, yo estoy viendo solo unos pocos cabellos de él, pero son justo los que acaricia la ciudad de Belem, en el delta sur del gran río, y capital del gran estado brasileño de Pará.

Las luces de la ciudad, las aguas del río y el cielo avioletado hacen que esa imagen se quede en mi cabeza, y creo que para siempre, es más, creo que si algún día el odioso mal de Alzhéimer me tocara, sería incapaz de borrar algo tan bonito, tan intenso, tan fuerte. Inmortalizada fotografía para dedicaros a todos y alguna que otra sorpresa que hará que vosotr@s también podáis vivir lo por mí vivido en esos pocos minutos.

No solo hubo emoción al aterrizar en la terminal cercana al delta del Amazonas, también hubo momento para risa y asombro, ya que hubo muchas veces en que he visto, que una vez el avión en tierra camino de la terminal, algunos pasajeros se quitaban el cinturón o se levantaban a coger su equipaje de mano. Pero nunca había visto como aquí que un segundo después de golpear el tren de aterrizaje en la pista, mis compañeros de fila se quitaron el cinturón como en un acto de valentía extrema, y todavía desacelerando en la pista medio avión ya estaba de pie en el pasillo, volviéndose locas las azafatas a llamar al orden, y pegando bruscos frenazos el piloto para asustar a los apresurada pasaje, que hizo que alguno cayera al suelo…, vamos, de película de los hermanos Marx.

Una vez en tierra brasileña, toca buscar forma económica de llegar al centro de esta muy gran ciudad, aunque por estar situada donde está, no lo pareciese.

Encantadores y serviciales brasileños en el aeropuerto, me indican como dirigirme a cercana plaza del aeropuerto para allí tomar la línea de bus urbano Pratinha-Presidente Vargas, que me dejará en el centro. Tarda tiempo en pasar alguno que paré porque a esas tempranas horas van todos abarrotadísimos de gente que va hacia el centro a trabajar. Al final uno me recoge y brasileños también de visita a la ciudad me hacen el favor de cambiarme un americano dólar en Reales Brasileños para poder pagar el autobús. Esta vez acordaros del cambio: 1 dólar = 2,30 reales, 1€ = 3,1 reales. A partir de aquí os digo precios en reales, así que no quiero despistes, como se dice aquí: “menús samba e mais trabalhar”, queridísimos lectores.

El bus me deja en la céntrica estación rodoviaria, y aprovecho para enterarme de las salidas de los barcos que remontan el rio hacia Santarém y Manaos, así como los días que parten. Interesados vendedores se acercan a ofrecerme uno de los barcos que partirá a última hora del día. El precio es bueno, para varios días de navegación pero decido mirar más en la estación Hidroviaria, de donde salen los barcos por el rio. También en el cercano mercado me voy poniendo al día de una compra que debo realizar y que es como un vale descuento para viajar por estas tierras, se llama rede, sabéis lo que es?

Intento cambiar dinero, y me llevo la sorpresa que nadie cambia, en el mercado, nadie cambia, en un hotel cercano, y nadie cambia en el gran banco de la plaza. Entonces? El fuertemente guarda armado y con chaleco antibalas del banco me indica que solo puedo cambiar en las Docas, que luego me enteraría son unos antiguos muelles portuarios, hoy reconstruidos en centro comercial al lado del Amazonas.

Así que vuelvo al hotel a llorar que al menos me cambien un dólar, que siempre llevo algunos de viaje, por si hay que salir de un apuro y salir del apuro por un 35% más económico que con un euro, que además en general no aceptarían en ningún sitio por ser moneda en vez de billete, e imposible posteriormente de cambiar.

Las recepcionistas, después de dudar un poco, y quizá recelosas que el español de la misma España de Iniesta, les robé su Mundial de Fútbol Brasil 2014….es broma. Me cambian el dólar y ya tengo para el nuevo billete de Ómnibus como llaman aquí al bus urbano, y puedo irme hacia el final de la avenida Pres. Vargas donde está el puerto. Allí me indican donde está Das Docas para cambiar, y compruebo que acerté al no comprar el billete, ya que aquí es todavía más económico: 3dias de navegación hasta Santarém = 150 reales, rede aparte que son 20 reales. YA sabéis lo que es la rede, pues sí, es una hamaca, que luego podrás colgar en la cubierta del barco y no tener que pagar los 600 reales que cuesta una cabina.

Caminando desde allí me voy a visitar la ciudad, comenzando por los antiguos Dockers portuarios hoy acertadamente aprovechados para museo , restaurantes, heladerías y terrazas, y donde tengo oportunidad de cambiar dinero para el pasaje por el rio, la rede y la comida recorriendo la ciudad.

Caminando por la calle salpicada de árboles que son como oasis de sombra en la quemando acera, veo un cuerpo de una mujer tendido boca abajo en el suelo sin moverse. Aquí pensaríamos en un asesinato, una lipotimia o una muerte por infarto, pero en Brasil, y la forma de vivir la vida de muchos brasileños compruebo que es una chica, también asada de calor que no vio mejor manera de combatirlo en medio de la calle, a la sombra de un árbol cualquiera. Paso por encima pisándola y ….es broma, paso al lado esquivándola y sigo mi penitente camino, pensando que, que bien me tiraba allí también a descansar de tanta mochila y calor.

Al poco la calle desemboca en una pequeña plaza, donde ya puedo mirar a mi amigo de tú a tú, a su misma altura y no desde las alturas. Que grande, que de agua, me imagino a Alfredo Landa o a Paco Martínez Soria mirándolo como yo, y asombrándose de tanta majestuosidad fluvial. Me cito con él para que en los próximos días nos conozcamos mejor y hasta podamos compartir momentos de nuestras vidas. No en vano los ríos son las vidas que con el tiempo van a dar al mar. Ojalá mi vida, la de mis queridos y la de todos vosotros sea tan larga como este rio, y llegue al mar llena de tantísima y satisfactoria agua.

Con mis brazos ya superado su punto de cocción, por nuevo e intenso calor y sol do Brazil, me paro en la más famosa heladería de Belem. Se llama Cairu, y todos los sabores son frutas y plantas de la Amazonia, casi todas desconocidas por mí. Pero gentilmente, para elegir te dan a probar cucharadas de todos ellos, y de tanto probar y decirme nombres probando más y más cucharadas de madera, ya casi estaba lleno. Pido uno que me resultaba más fresco de una fruta que a los dos minutos ya no recordaba como el resto de las otras treinta o cuarenta variedades, y la verdad que por 3 reales casi comí, eso sí, solo el postre.

 
 
A continuación continúo a ver el sitio más famoso de Belem, y que me envolvió como hace años en anterior viaje a estas tierras, en el barrio de Pelourinho de Salvador de Bahía. Y es que cuando entras dentro del Mercado de Verso a Peso, una multitud de colorida gente, con brasileñas ropas, variadísimas frutas exquisitamente expuestas y sobre todo la zona de cocinas y mostradores para comer, hace que uno se sienta en el más estrecho contacto con las gentes de esta ciudad.
 
Es la hora de la comida y potadas de arroz, carnes, pescados y habichuelas son servidos en pequeñas raciones a los comensales que se sientan en las bancadas anexas a las barras de madera de las cocinas. Un espectáculo para los sentidos, que hace que uno como sin tener que comer.

No me pararía a ello, en ese momento pero si después antes de embarcarme tomaría mi cena en muy sencillos, nada sucios pero no aptos para escrupulosos viajeros, y muy, muy baratos restaurantes callejeros.

Anexo al Ver o Peso, nombre que viene de la época portuguesa, por ser el lugar donde se pesaban todos los productos que llegaban del rio, está el puerto ribereño con sus antiguas y destartaladas barcazas de pesca, que siguen haciendo la función de abastecer de fresquísimos pescados de agua dulce y salada, este mercado.

En un reluciente y restaurado amarillo edificio llamado la Casa Das Onza Janellas se encuentra un coquetísimo restaurante que luego leo es de los más típicos de Belem, es el guapo Boteco das Onze. Y en el exterior recién casados novios se hacen las fotos de boda con mi amigo el eterno rio, supongo su amor querrán sea como este rio, pero no sé yo, hace falta siempre muy paciente agua para hacerlo eterno.

Continuando visita el pequeño Forte do presidio, antiguo emplazamiento militar como hay muchos por estas tierras, y la plaza donde se encuentra el Museu de Arte Sacra, en un antigua universidad jesuita y la blanca catedral, que viendo su interior me hizo maravillar, porque al igual que os decía de la mezquita de Paramaribo, es digna de mención por sus paredes policromadas y su ambiente de encogimiento.
 

No soy nada religioso, pero respeto todas las religiones. Creo que se podían haber construido otras cosas más valiosas con los esfuerzos económicos y de trabajo, que costaron catedrales, sinagogas o mezquitas, pero como siempre digo una vez históricamente hechas, no queda otra que admirar algunas labores arquitectónicas y escultóricas verdaderamente preciosas. Si a eso añadimos que para mucha gente las religiones, son su motivación al esfuerzo de ser mejor persona, o en otros casos el consuelo para abordar hechos de su vida, bienvenidas sean. Pero lo que nunca haría sería colocar a una por encima de otra, o admitir que una en concreto es la fe verdadera, endemoniando al resto, ya que cada una de las principales observando sus ritos, son un calco de la anterior en el tiempo, con sus variaciones que buscan hacerlas únicas y verdaderas.

Aprovecho en la tarde a comer algo en la Praça de Brandao, donde destartalada casa de comidas, ofrece sus platos con viandas destartaladamente exquisitas. Y es que en tu plato ración te sirven un poco de arroz en su punto cocido, habichuelas con rica salsa y carne picada con huevo revuelto. Todo “6 reais”, algunos cafés de Oviedo son más caros.

De vuelta a la terminal hidroviaria, por las viejas calles de la Ciudad Velha, atestadas de comercios de ropa con precios de hace 30 años en Europa, y donde de vez en cuando me meto, no precisamente para mirar el género , sino para degustar unos instantes el deseado aire acondicionado brasileño, los anunciantes con micrófono de cada tienda intentan atraer a los clientes.

Ya de vuelta en la llena de gente estación portuaria toca esperar en calurosamente húmeda sala con casi mil personas que cogeremos el destartalado barco que partirá a remontar el omnipresente rio.

Todos se agolpan cerca de la puerta para nada más comenzar el embarque salir disparados a coger sitio para colgar su hamaca en cubierta, una cosa de la que yo no tengo demasiada experiencia en escoger lugar idóneo, así que solo sigo a mis predecesores y voy copiando al menos como colgarla de las barras que cuelgan de los techos de las cubiertas.

Si sé que cuando caen las grandes trombas de agua ecuatoriales, es fácil que entre el agua a bordo y se empape la cubierta, así que al menos escojo una zona con planchas de madera donde dejar mi mochila, esperando no acabe empapado o achicharrado por el sol. Lo que sí es sorprendente es que en cuestión de minutos, todo estaba lleno y yo tenía hamacas colgadas a derecha, izquierda, por delante y por detrás.

Un, como casi todos, sonriente y amable brasileiro, me comprueba que los nudos estuvieran bien anudados para que al menos nada más subirme no me fuera a probar la resistencia de la cubierta del barco, y tras unos cuantos quites le dice a este asturiano ya amigo que se suba sin miedo, vamos, que antes se hunde el Titanic 10 veces que mi hamaca hace aguas.

Y allá que voy, tomo impulso, salto y …caigo por el otro lado, nooooo, también broma. Me subo y compruebo que voy a dormir cómodo, porque aunque parezca mentira dormir en una hamaca colgante es muy cómodo como esa noche pude comprobar. Mas aun cuando el barco zarpa y la brisa marina, no, marina no, fluvial, fluvial si, te comienza a refrescar del ahora fuerte calor que desprende el clima y la humanidad que allí estamos embarcados.

Como diría Fellini, “La nave va”, y soltando amarras del puerto de Belem nos adentramos a remontar este Amazonas que al poco tiempo ya me estaba brindando, esta vez una maravillosa y rojiza puesta de sol. No veo mejor manera de despedir relato de hoy, mañana os cuento más cosas de este gran curso fluvial, su naturaleza y sus gentes.

Boas noites mis brasileiros amigos!
 

 

 

 

 

 

 

21 enero 2014

Amazonia 2 – DE GUAYANA FRANCESA A SURINAM


DÍA 4 ST. LAURENT DE MARONI – PARAMARIBO (SURINAM)

La noche fue calurosa pero agradable por los sonidos de la selva, pero aún más, mi despertador, o mejor dicho mis despertadores. Infinidad de pájaros competían en la mañana por deleitarme con sus mejores canticos, por lo que levantarme a las 6, no me constó ni la décima parte que me cuesta en mi asturiana casa.

Aprovecho a ducharme antes de partir, por si la próxima noche se da mal y no hay oportunidad. También en casa una ducha es algo rutinario, aquí es un placer cuando puedes tomarla, por el calor pegajoso que se soporta todo el día y que hace de ella un verdadero lujo.

Me despido de Carmen  y su amerindio marido, dos “cachos de pan”, que no sabían ya cómo hacer que estuviera cómodo durante mi corta estancia. En esta época no hay muchos clientes, y encima con la crisis de allá también aquí se resiente la cosa. El catarro lo tenemos unos, pero el estornudo salpica a todos.

Me voy caminando con el petate a cuestas, y siguiendo con mi suerte, y la amabilidad de la gente por estas tierras, ni llegué a ponerme a hacer autostop en la carretera principal. Una madre con su hija, muy, pero que muy amerindias, enseguida se brindaron a llevarme hasta St. Laurent, y encima, no hacia donde ellas iban, sino hasta el centro centro, donde se encuentra el famoso y antiguo penal, protagonista de las desdichas de “Papillón”.

Se  tiene que acceder al mismo en una visita guiada. Ya se sabe que sin las llaves era difícil escapar de él, pero sin ellas tampoco me sería posible entrar, y encantador negrito guía me informa que a las 11 hace una visita puertas adentro.

Así que aprovecho para sacar unas fotinas del rio Maroni, y su enfrente ya ciudad  surinamesa de Albina, así como para visitar el centro y tomarme un café. Empiezo por el cercano y gran hospital, en edificios antiguos y coloniales como casi todo el casco de esta preciosa pero un poco decandente ciudad.

Después me toca ver como los muchachos le dan a la pelota en su cuidado campo de futbol, muy cerca del cementerio, y del mercado de frutas y verduras, que al ser sábado está repleto de puestos que también atienden los asiáticos laosianos como en Cayenne. Ya me decía Carmen, que ellos son los más trabajadores del país, ya que mucha gente no le interesa trabajar por los subsidios que vienen desde el estado francés, y sin embargo ellos son quienes cultivan y venden tantísimos productos de aquí y también de su continente.

Si hay una cosa que también me agrado de estar en esta colonia francesa, es que a parte del pan en una boulangerie que me topé, me encuentro con una de mis cosas preferidas. Una de mis deliciosa Quiche Lorraine en plena Guayana, que lujazo, que barata, que rica y además enfrente un café tienda sirven un Lavazza que me acabó de alegrar el desayuno.

En el interior me sorprende ver un único vino a la venta, y “Voilá”, no era un Burdeaux francés, sino que era un Coto, de la misma Rioja riojana. Que de cosas curiosas sorprenden un poco tan lejos. Me siento fuera a tomarlo y enfrente mío veo un antiguo todoterreno Toyota que decido fotografiar para un amigo al que también le gustan mucho, y que disfrutó mucho viendo mis aventuras en las arenas, cruzando el desierto del Sahara en el último Dakar de África al que pude acoplarme. Al poco se sientan en la mesa de al lado un francés y dos chicas que me saludan y con los que empiezo a entablar conversación, hablando una de ellas en español. Y es que Michelle, la mujer de Henrí, y también médico como él, era uruguaya, y pronto empezamos a hablar de su tierra que tanto me gustó cuando viaje por ella, y de su historia  y mi historia en la Guayana.

Llevan ya 15 años trabajando como médicos, y para seguir. Sus hijos ya grandes están en Francia y en este territorio tienen ya su vida organizada y muy tranquila como después podría comprobar, ya que siguiendo con mi suerte viajera me invitan amable y sinceramente a comer con ellos. Encantado, agradecido y muy contento acepto, y quedan en recogerme a eso de las 12 y media en el Centro de Transportación, antiguo penal, una vez acabe mi visita a él.

Y bueno, como siempre me suele pasar al ver estos sitios, estos durísimos sitios, con historias reales, muy reales, que hacen estremecer a cualquiera, me traslado a una época no muy lejana donde el ser humano dejó la peor de sus huellas, por las atrocidades que allí se cometieron.

Aunque piensas que tras ver Auswitch, Ruanda, Hiroshima, y más horrores, no vas a ver algo parecido, siempre aparece, y encima en este caso como recientemente con Guantánamo también, con el beneplácito y amparo de la justicia de países no tan civilizados como dicen ser y que se desviven criticando constantemente a terceros países teóricamente màs subdesarrollados.

El Campo de Transportación de St. Laurent, se hizo célebremente conocido por el libro y la película que narra la pesadilla, vejaciones y torturas que pasó un hombre con una mariposa tatuada en su pecho hasta que tras muchos años consiguió escapar del infierno, que pude comprobar pasó.

Un hombre podrá ser inocente o culpable, pero que otro le otorgue los castigos que en esos muros se dieron, no es jamás justicia. Desde que accedes por las metálicas puertas a una de las alas de la prisión, ves sus barracones, sus celdas y su sala de justicia, pero todo te parece, de todo menos justo.

Había tres zonas separadas, para los enviados en cargados barcos desde la Francia de Napoleón III y seguidores. Una más benévola era paro los condenados políticos y deportados al otro lado del mundo, otra para los presos más criminales y otra para los llamados hombres libres que ya cumplían su pena, pero que al no poder pagarse los 2000 francos de le época que costaba el barco de vuelta, se quedaban allí trabajando.

Celdas de castigo con grillete para los pies, camastro inclinado para que cuando se tuviera que orinar encadenado a la cama, el amarillo liquido resbalara, y hasta una gran celda para 40 personas, en la que se metían 80 de los peores criminales para que se dieran de lo lindo, recogiendo de mañana los restos de los que no consiguieron defenderse en la noche. Y hasta una zona de ducha común, conocida como la habitación del amor, y donde pobre del débil que no supiera defender su trasero.

En el centro del recinto, aún se puede ver la zona encementada donde se colocaba la enviada desde Francia guillotina, que aquí trabajaba de lo lindo, recogiendo después  las cabezas de los decapitados para conservarlas en formol en el próximo hospital para posteriores experimentos al más puro y posterior estilo nazi. Vamos!  un alarde de justicia de la época que desgraciadamente en nuestros días, todavía se resiste a desaparecer de muchos países, y no todos del famoso eje del mal.

Bueno y por supuesto que pude ver la celda de castigo numero 47 donde el famoso Papillón grabó su nombre en el suelo, y el camastro donde una y otra vez pensó en la manera de fugarse de allí con su amigo Degá, interpretado en la película por Dustin Hoffman.

Parece que viendo a Steve Mc Queen en la pantalla, todo sería una ficción literaria y luego cinematográfica pero fue real y el propio Papillón la escribió y afortunadamente ganó dinero con ella antes de morir de cáncer de garganta en nuestro país.

Bueno, me despido del penal, y me traslado con mis nuevos amigos a comer a su acogedora y bohemia cabaña cerca de St. Jean, justo el sitio donde estaba la otra gran prisión de la Guayana y hoy sede de los cuarteles de la flota de la armada francesa en esta colonia.

Cuando llego con Henrí y su hermana por selvática pista a su acogedora casa, me recibe Michelle su mujer con la comida ya casi preparada y 4 contentísimos canes de todos los tipos, muy emocionados de contar con nuevo huésped.

Henrí me pregunta al ensenarme toda la cabaña con salón y comedor abiertos a pie de selva y habitación de madera debajo del techo, que me parece ver a unos occidentales médicos viviendo casi como los amerindios habitantes de la zona. Sinceramente me parece genial, una vuelta a lo simple, practico y natural. Convivencia plena con la naturaleza en un territorio tremendamente natural.

Para comer, con agradable conversación de por medio, pollo asado, esta vez si reconocía al animal perfectamente, ensalada y patatas. Pero primero Michelle me dió a probar un licor que hace ella misma a base de Jengibre y lima….refrescante y buenísimo.

Para finalizar mis frutas preferidas en estos lares: Maracuyá, mango y papaya, junto a unos sabrosísimo plátanos de color rojo en vez de amarillo, y que nunca había visto.

Despedida con agradecimiento total y encima me llevaría Henrí en su coche a St. Laurent para  coger la barcaza que me cruzaría la frontera natural que es el rio Maroni, hacia mi nuevo destino, Surinam.

Pero mi suerte del día no acabaría ahí. Tenía pensado cruzar en el transbordador y luego buscarme la vida en un colectivo o algo que me llevara hasta la capital Paramaribo, pero pregunto por la hora de salida de la embarcación a un por su oscura piel, de origen hindú que está cerca de ella esperando, y me dice que me lleva él que va con su coche hacia la capital.

Increíble pero genial, ahí me veo con Ashok, inmigrante que trabaja en Guayana y vive en las afueras de Paramaribo,  y con toda su familia en Holanda, pasando la frontera de Surinam en su coche, un antiguo pero cuidado pickup Toyota, que es lo mejor para las no tan alquitranadas carreteras de nuevo país.

El viaje de unas tres horas, viendo las grandes selvas por las que atraviesa la carretera y que en muchos lugares todavía mantienen esta, con grandes baches y barro.

En el colmo de la amabilidad me para en un sitio para cambiar mis euros por los dólares de Surinam en el lugar que él conocía más favorable, como así fue. Menos mal que compró fruta para su vegetariana cena y tuve oportunidad de al menos corresponderle pagándosela.  A última hora del día entrabamos atravesando el grandísimo y ascendente puente que cruza el rio Surinam y que da acceso a la ciudad de Paramaribo. Él no vive en esa zona, sino a muchos kilómetros de ella pero así todo, me acerca hasta la puerta del backpackers donde iba a probar alojamiento para esa noche.

Despedida de breve pero gran amigo, que nuevamente me encuentro en mis caminos viajeros y que me lo ofrece todo a cambio de nada. Que gozada encontrar tanta gente buena por doquier.

Hay sitio para mí y por poco dinero dormiré en un agradable sitio, que conozco poco después de acomodarme en colectiva habitación a la que al menos esa noche, no recibiría compañeros que la completaran. Cervecina del país para celebrar tan favorable día, que se llama como los locales conocen coloquialmente a su ciudad: Parbo.

 

DÍA 5 PARAMARIBO

No madrugo en exceso para descansar un poco del viaje del día anterior, antes de salir a ver parte de esta sí, gran y extensa ciudad. Es domingo y aunque para algunas cosas pudiera ser negativo por encontrarse casi todo cerrado, para mi resultaría pero que muy reconfortante, y es que había leído que los habitantes de Parbo se reunían en este dominical día para llevar a un lugar a sus cantores pájaros, a una especie de concentración sinfónica. Y bingo, tras preguntar en el albergue, me indican un cercano parque donde nada más llegar veo muchos palos metálicos espetados en su suelo, sujetando infinidad  de jaulas con cantores pajarillos que son observados por sus dueños y otros como yo, curiosos y absortos espectadores.

Parece que uno ha visto casi de todo viajando, pero esto es una verdadera pasada acústica y musical.

Desde allí aprovecho a asomarme al gran y también marrón rio, donde se lavan y bañan hindús como si estuvieran en su también marrón Ganges. Ver el pequeño pero muy guapo fuerte holandés con forma de estrella de Fort Zelandia, y cercano a él también el blanco e inmaculado Palacio Presidencial, donde se halla un presidente al parecer querido y elegido por los ciudadanos de estas tierras, pero no tanto por los antiguos coloniales propietarios de los europeos Países Bajos.

 
 
 
Antiguos edificios de madera recientemente pintada, junto a otros más antiguos en estado mucho más decadente, hacen de esta ciudad Patrimonio Mundial de la Unesco, una relajante y agradable urbe caribeña. Se me viene a  la cabeza la conocida hace años y también muy colorida Phillisburg, en la isla Saint Marteen de las Antillas holandesas, pero esta es mucho mayor y extensa.

La tarde me la decido tomar de descanso, y es que cercano al Zas & Zo, que es como se llama mi alegre y acogedor backpackers, se encuentra un bar llamado Zos donde por comer un plato combinado te dan gratis la bebida y el acceso todo el día a bañarse en su refrescante piscina. Así que para que pagarse un hotel de muchos dólares, si como low cost se puede disfrutar de todo lujo, jajaja. Bueno, lo único,  como suele suceder por estas latitudes, es que no se puede aguantar mucho tiempo tomando el abrasador sol, así que después de unos baños retorno a escribir un poco en mi  colectiva habitación del holandés Zas & Zo.

DÍA 6 PARAMARIBO

Al ser ya lunes aprovecho la mañana para ver cómo puedo llegar hasta la desembocadura del rio más que protagonista de este viaje. Para ello barajo la idea de tomar avión que me dijeron que una vez a la semana vuela desde aquí a la brasileña ciudad de Belem, ya en el delta del Amazonas.

Calculando el precio de llegar hasta allí en colectivos y transbordadores así como las dos noches que necesitaría hacer para llegar hasta la otra ciudad del delta, Macapá, compruebo que por muy poca diferencia puedo ahorrarme dos o tres días completos de viaje. Así que mirando en internet y comparando ofertas de agencias locales, saco el billete en una de ellas para volar también ahorrándome una noche de alojamiento, al ser el horario del vuelo del todo intempestivo: las tres y cuarto de la madrugada del día siguiente.

El resto del día lo dedico a conocer la otra parte de Paramaribo, empezando por su alta y diferente catedral, ya que tanto exterior como interiormente está realizada en madera, maravillando a este boquiabierto espectador de tan soberbio trabajo de carpinteros de la época.

Muy cerca de allí, otra cosa que me satisface mucho, es ver una blanca y judía sinagoga al lado y compartiendo muro con otra también muy blanca pero muy musulmana mezquita. Mencionaros también que es de las más bonitas mezquitas que he visto, no tan grande como la gigantesca de Casablanca o la suntuosa del Sultanato de Omán, que quizá sean las más espectaculares del mundo islámico, pero si tan elegante como muchas otras.

Y es que en este país puedes ver como musulmanes, judíos, hindús, indios, chinos, europeos colonos e indochinos viven en perfecta armonía, y sobre todo respeto mutuo. Lo mismo opiné de mi ciudad más utópica conocida que no es otra que la también multicultural Singapur.

Ya al mediodía me acerco al mercado de la ciudad, que como casi todos bulle de actividad  todavía a esas tardías horas, y en el que se ven las distintas zonas de frutas, verduras, carnes y pescados. Aprovecho para comer una simosa, como aquí llaman a las pequeñas empanadillas rellenas de carne y verduras, y para enterarme de los buses que me lleven al día siguiente hasta el aeropuerto para partir hacia Palestina…ah, no! Que este, será otro mucho más amazónico Belem.

 
Thé, escribiéndoos estas caseras lecturas para acompañamiento en viaje, y viendo las luces de los muchos casinos que atraen a jugadores de póker, ruleta y tragaperras sin restricción alguna por este lugar, me despido hasta próxima entrega…..pero como acaba de suceder otra curiosa cosa os la cuento también.

A parte de salir de copas por los muchos y animados locales que existen en esta animada día y noche ciudad, es normal ver pasar mientras te tomas el thé a unos descapotados minibuses llenos de bailongos jóvenes que se toman su copa a bordo viendo la ciudad en movimiento. Os imagináis como quedaran los laterales del bus cuando la noche avance y el alcohol decida salir de las gargantas de los mareados y muy movidos bebedores?
No digo más, hasta mañana por la mañana si el sol sale...que estoy casi seguro que saldrá.