DÍA 18º ULAAN UDE – ULAAN BAATAR
Suena mi móvil, con alarma que había dejada conectada de madrugada para no despistarme con la salida hacia mi bus, que tenia hora de partida a las 7,30h desde la plaza, junto a la opera de Ulan Ude. Caliento un café en la cocina del hostel para, mientras recojo mis cosas, tomármelo antes de partir.
Mucho frio al salir al exterior a esas horas, preludio de lo que me iba a deparar el día en el ruso autobús. Caminando contemplo por última vez las estatuas de hielo iluminadas, para llegar al poco, al lado del bus con mucha gente cargando bultos en sus maleteros. Dejo mi mochila grande y subo en busca de mi asiento número 25. El bus va completamente lleno. Al poco rato sale en dirección al sur de Ulán Ude para ir buscando la frontera rusa con la vecina Mongolia. El frío es importante, pero espero que con toda la gente dentro la calefacción vaya haciendo efecto. Pero que va, yo estaba sentado en ventanilla, y el cristal estaba congelado tanto por fuera como por dentro. La única protección era un plástico para no mojarse al ir sentado, pero el frío a medida que íbamos viajando aumentaba al filtrarse viento por la ventanilla y el lateral del bus. Había quemado todos los cartuchos de ropa, no tenía más que ponerme, pero la sensación era de mucho, mucho frio. Madre mía pues aún me quedaba pasar así todo el trayecto que resultarían ser unas 13 horas.
Resignación y dormitando un poco llegamos a la frontera rusa sobre las 11 de la mañana. Un primer policía militar sube al bus a comprobar pasaportes. Luego debemos de bajarnos con nuestras cosas y recoger equipaje del maletero para acceder a la aduana, donde debemos pasarlo todo por un escáner, y pasar control de pasaportes de salida del país.
Los trámites aquí duran casi una hora para todo el bus, subiendo nuevamente a él con todo para dirigirnos a la frontera de Mongolia. En el trayecto de aproximadamente un kilómetro, varias vallas metálicas y de espino con torres de vigilancia separan la parte rusa de la mongola y antes de llegar a esta un último soldado ruso con grueso anorak militar, sube al bus para comprobar por ultima vez pasaportes y sello de salida, mirándote a la cara muy mucho, para que encajes bien con la foto del tipo de tu pasaporte que debes de ser tú, jajá.
En la nueva frontera practicamente igual, variando el uniforme de los policías mongoles que visten largas gabardinas de cuero negro. Al poco varios controladores nos examinan exhaustivamente mirando foto del pasaporte y cara del propietario, para que nadie intente entrada con pasaporte ajeno. Declaración firmada de aduanas y formulario para rellenar de entrada en el país. En otra ventanilla entrega de declaración médica.
Una vez pasados todos los trámites y siendo ya cerca de la una de la tarde, entro oficialmente en la Republica de Mongolia, y pongo pie en mi muy capicúa país número 111. Ya van unos cuantos visitados, pero sigo con la misma ilusión o más por conocer nuevos y sorprendentes países como así resultaría este. Aprovecho para cambiar algo de dinero a la nueva moneda, en este caso al tughrik, que a su vez se divide en 100 mongos. Por si necesitáis cambiar en Piedras Blancas o en Pola de Siero: 1 euro= 1840 tughrik. Seguramente no necesitáis cambio de tughrik, ¿a que no? Pero por si acaso.
Volvemos a meter todos los bultos en el bus y a pasar nuevamente más frio. Nunca había pasado tanto frio en un bus, me costó mucho aguantar, aunque al final mi costado derecho ya se solidarizaba con el congelado costado izquierdo. Mi compañero de asiento, un joven impasible, pero muy majo, que nadie podría negar que fuera asiático. Le mirabas la cara y no tenía ojos, solo dos rayinas con algo similar a unas pupilas dentro escondidas como mirando por una mirilla, y que solo se abría cuando reclamabas su atención cual cangrejo que se asoma a la boca de su caracola casa.
Llegamos a la norteña ciudad de Sükhbaatar, la primera gran ciudad de Mongolia después de cruzar la frontera rusa, y allí nos detenemos para comer. Me voy a una especie de restaurante sin cartel pero que fijo lo es, por la cantidad de perrinos en el exterior esperando gratificación culinaria. Buff, si el ruso es difícil, el mongol ni que hablar. El lugar tiene una especie de carta con las viandas pero me guio más bien por lo que está comiendo la gente, y hago pedido usando nuevamente mi dedo translator, que nunca falla en la traducción.
Al final como una carne con arroz bastante buena y por unos dos euros. Además había pan, que es mi manjar más deseado a la hora de comer, y no en todas partes de este mundo se lleva mucho, aquí aún muy duro, sí. Me toco la pedrea, y como encima me sobró, algunos amigos fuera me lo agradecieron enormemente. Va por tí otra vez Mónica.
Proseguimos viaje hacia la capital, mis muy asiáticos compañeros y yo, divisando, un helado y con carreteras de suelo nevado, paisaje de suaves colinas que se intercalan en llanuras esteparias. Nieve por doquier. Y varias personas a caballo hacen viaje por la estepa que cruza la carretera.
Con ya 10 horas de viaje hacemos parada para pipi en supuesta área de servicio, donde en la lejanía un pequeño barracón de madera sobre un inmenso pozo hace las veces de Toilettes europeas. Y cuidadín con meter la patita por el gran agujero que forman las tablas del suelo del urinario, que caes al hiperespacio de la “merde”.
Seguimos viaje con emisión de malísimas series de acción, pero que hacen brotar las mayores de las risas en el asiático bus. Algo similar a Superagente secreto, o Alfredo Landa en la KGB. Eso sí, la TV del bus puesta en el cristal delantero del vehículo casi lo tapa entero, 42 pulgadas de pantalla plana. Veían la tele hasta los que venían en el autobús que nos seguía. En el exterior yo prefería ver una guapísima puesta de sol sobre las pequeñas colinas. No sería la última en este fabuloso país.
Totalmente de noche entramos en Ulaam Baatar, cuyo nombre significa “héroe rojo” en honor al liberador de la patria mongola por la opresora china en 1921. Aunque de poco sirvió liberarse de una dominación para durante décadas caer en los lazos de otra, en este caso la coetánea Unión Soviética. El susodicho chaval se llamaba Sükhbaatar.
Mucho ajetreo en la estación de buses al lado de la de trenes, que a esas horas tenía un gran atasco de coches y minibuses. Consigo descargarme plano en el móvil de la ciudad antes de salir de la estación con Wifi, y conectando el GPS veo que estoy a unos 4 kms de mi backpacker seleccionado para esta gigantesca ciudad. Ulaan Baatar tiene avenidas similares a las de las ciudades soviéticas, no en vano desde su independencia en 1921, estuvo fielmente ligada a la CCCP, y su influencia en la ordenación de la ciudad es total.
Así todo, con esas gigantescas avenidas, siempre hay un atasco bestial de coches, muy similar a la de sus también vecina china. En Ulaan Baatar viven hoy en día prácticamente un millón de personas de los tan solo dos millones y medio que habitan todo el país, que tiene una superficie tres veces superior a la española. Eso se traduce en una de las menores densidades de población del planeta: 1,5 habitantes por Km2.
No os sigo dando más datos que igual aburre y sigo narrando. Ante esta distancia y tras congelador viaje pacto precio de un taxi local por 3500 tughrits (dos euros) y le llevo hasta mi hostel. Y digo le llevo yo por que el taxista ni idea, y eso que estaba al lado de la plaza central de la ciudad. Guiándome por mi GPS le voy indicando con mi dedo translator derecha, izquierda, de frente, y para aquí, con pequeño golpecillo en su hombro. Voy a sacarme licencia de taxi aquí, como domino Ulaan Baatar. El taxista me paga la carrera…nooooo, se la pago yo igual y no le descuento nada por la información.
Desembarco y arribo a mí deseado alojamiento. Me abre una muy de ojos rasgados chica, que resulta ser la propietaria junto a su familia que vive con ella. Hermano, madre, hija pequeña, hermanas, vamos que llegué a una comunidad viajera dentro de otra comunidad local.
Y no podía ser de otra manera, nada más quitarme las botas y soltar la mochila en mi cuarto allí me encuentro a mis dos amigos fineses, compañeros de viaje en Moscú y en Ulaan Ude.
Estaban junto a un nuevo compi británico de nombre Richard y una alemana de Stuttgart, de nombre Ina. Me presento y comento con Ina que hacía pocos meses estuve en su ciudad visitando las impresionantes factorías de Porsche y Mercedes, así como el gigante estadio Mercedes Arena.
Casi sin darme tiempo a ubicarme, ellos ya estaban preparando los días de estancia en Mongolia y me sumo a la conversación para programar.
Richard va a ir al día siguiente a visitar el monumento a Gengis Khan, y yo le acompañaría. En tanto pasado mañana todos deciden irse hacia la remota Mongolia unos cinco días más. Yo no tengo tanto tiempo porque mi visa rusa con segunda entrada en el país para acabar el Transiberiano me finaliza a finales de mes, y debo estar en Vladivostok máximo el día 30 para abandonar el país.
Al final pactamos alquilar una furgo para los cinco, volviéndome yo en bus público desde Karakorum dos días antes que ellos. La verdad que fue una suerte encontrarlos y con los mismo planes que yo tenía porque nos sale realmente barato el transporte.
Luego se van a tomar una cervecilla, y yo lo dejo para el día siguiente, así me puedo duchar, poner al día en internet y descansar de día terrorífico de viaje.
Tras revisar vuestros mensajes y correos, que cada día son más y me alegra muchísimo, recibo una sorpresa, que es la publicación de un reportaje que me estuvo haciendo por correo, Cristina del periódico El Comercio y La Voz de Avilés, quien contacto conmigo a través de un buen amigo de Salinas. No dejéis de tomaros nunca una cervecina cuando vayáis a Salinas en el Red Castle. Ambiente genial, cervecería en madera preciosa.
Y el reportaje me gusta mucho, porque Cristina escribió sobre la historia de un viaje pero también sobre la historia de una vida, y muy bien escrito siempre agrada. Os comparto enlace por si tenéis ganas de seguir leyendo después de esta entrada de blog.
http://www.elcomercio.es/v/20130120/aviles/tras-pasos-willy-20130120.html
DÍA 19º ULAAN BAATAR (ESTATUA GENGIS KHAN)
Por la mañana nada más desayunar, café con tostada mermelada y mantequilla, así como tortilla francesa que me debía de corresponder con el barato precio de la cama, salimos Richard y yo junto a nuestro chofer Camba hacia a un sitio que impresiona y mucho.
Está más o menos a una hora de la capital, y el propósito es hacer de él el emblema turístico del país, y creo lo conseguirán ya no solo por la estatua ecuestre ya finalizada sino también por toda la extensión de terreno anexa que se debe de convertir en un gran resort con multitud de Gers y campos que asemejen lo que serían las viviendas de las hordas del gran Gengis Khan, y sus soldados a caballo.
En el trayecto desde la capital se pueden ver enormes edificios de viviendas compartidas de la época soviética al lado de Gers (tiendas tradicionales de los mongoles nómadas) que utilizan muchos habitantes del país que se desplazaron a vivir a las afueras de la gran ciudad, quedando aquí posiblemente sedentarios para siempre.
Muy cerca de llegar al monumento, un grupo de grandes pájaros esperan junto a su propietario alguien que se fotografíe con ellos. Uno de ellos descansa tranquilamente sobre un perro disecado…o quizás congelado, aquí todo puede ser posible.
Al acercarnos podemos ver aparecer poco a poco la cabeza de tan gran estatua y para acceder hasta ella, un pórtico de entrada rematado con varias estatuas de jinetes mongoles en sus caballos.
A medio kilómetro de la entrada sobre una colina podemos ver ya completamente al coloso, que se podría asemejar a las ilustraciones que vi en la isla griega de Rhodas, de cómo sería su desaparecido coloso. Sencillamente grandioso, solo equiparable a la imagen para los mongoles de su histórico héroe nacional. Y es que posiblemente esta sea la única gran seña de identidad de un país. Gengis Khan fue el precursor de su gran imperio que hace casi 800 años comenzó con la conquista de Asia y luego casi la dominación de media Europa.
En frente nuestro se alzaba la estatua sobre ese caballo de acero y una altura de 40m a la que luego accederíamos por un ascensor interior, similar al que accede a la corona de la Estatua de la Libertad neoyorquina, y sobre el que está sentado Khan,. La estatua de 250 toneladas de peso hace que te sientas muy, muy pequeño a su lado, y eso que llegas por su interior hasta la cresta de su caballo.
Antes de acceder al ascensor en el hall, una grandísima bota tradicional de Mongolia decora la entrada. Impresionados por tan magna secuencia de enormidades, Richard y yo subimos hasta el vientre del guerrero a través de las patas traseras del caballo, y finalmente por unas escaleras arribamos a un mirador sobre su cresta, donde girándonos tenemos a Khan, Gengis para los amigos, oteando el horizonte con mirada, mirada…bueno la mirada arrasa con todo.
Lo que si tenemos la suerte de ver, es lo que el vería sobre su caballo, toda la nevada Mongolia desde la que se forjó su imperio. Abajo varios de los primeros Gers que se instalaran en esta gran planicie y al fondo las nevadas colinas en un precioso día soleado, que por otra parte es lo más habitual en este país. Mucho frío pero mucho sol todos los días.
Nos deleitamos sacando fotos, a la mano con bastón de mando, a la cabeza, a su mirada, vamos a todo. Y luego bajando vemos fotografías de la construcción de este coloso que según me comenta mi amigo de Pola Nacho, no estaba empezado hace 6 años cuando él estuvo aquí. Un abrazo Nachín, gran viajero también, junto a sus compis de aventura. Mi última foto antes de bajar a la sombra que el sol dibujaba abajo sobre la nieve del cowboy y su horse.
Antes de visitar los museos del país y su antiguo imperio que se encuentran en la planta baja del monumento, Richard no se resiste a sacar unas fotos vestido de guerrero mongol, y yo que no iba a ser menos que el amigo ingles pues también. Lo que no me salía al posar era la mirada de Gengis, el traje es fácil de poner, pero la mirada, eso sí que es difícil de poner.
Dentro del museo la historia de este pueblo y de sus conquistadores empezando por su precursor Gengis y siguiendo con su descendente dinastía como por ejemplo fue la de su hijo Ogoday, continuador conquistador. Objetos de la época, e imagines que llegan hasta el pasado siglo XX, después de la conquista china del país y la posterior liberación junto al bloque soviético. Como en la mayoría de los pueblos, la historia ha estado plagada de sangre, desde la que derramó Gengis y sus hordas, hasta la que derramaron los chinos y luego las alianzas comunistas. En fin, eso no se puede cambiar, si se puede mejorar. Ojala sea así el futuro de Mongolia como el del resto de pueblos del planeta, aunque todos sabemos que eso para la raza humana, es una absoluta utopía.
Me llama la atención dentro del Museo una pequeña figura de hace bastantes siglos que tiene dibujada una pequeña figura, y que ya había visto otras en Nepal en viaje anterior. Símbolo que los nazis alemanes eligieron como su seña de identidad.
Ultimas fotos en el exterior, donde nos despide un gran perro negro de abundante pelo, más que necesario para pasar este frio invierno en tierras de Gengis. Vuelta a la capital dejando atrás lo que dentro de unos años atraerá hasta esta colina a miles de turistas, que cada vez vienen en mayor cuantía a visitar este nuevamente abierto país.
Antes de ir hacia el hostel, Camba ayuda a Campa a sacar su billete de vuelta para días más tarde hacia Rusia, esta vez en nuevo tren, en el Transmongoliano. Al llegar a Golden Gobi, como se llama mi hostel, dejo la mochila y aprovecho todavía es de día para visitar la famosa plaza de Ulaan Baatar y sus grandes edificios.
Yendo caminando hacia ella por la Peace Av. Puedo observar el nuevo Sky Line de esta ciudad, en el que destaca sobremanera el redondeado Blue Sky, rascacielos azul que se ve desde toda la ciudad, y muy cercano a la gran plaza. En el centro de ella la figura a caballo del héroe local Sükbaatar, quien fue proclamado héroe nacional por recomendación soviética al morir supuestamente envenenado tras la liberación del país de la órbita China, quien siguió conservando a nuestros días otra parte del territorio denominada Mongolia interior. Me acuerdo de otro gran amigo y aventurero en bicicleta por esas tierras junto a más amigos, Xuanín de Piedras Blancas.
Al fondo el gran parlamento a esas horas comenzando a iluminarse, presidido por una gran estatua de Gengis sentado en siglo XIII mirando a su nuevo héroe del siglo XX.
En el perímetro de la plaza la Opera, Correos, y varios museos del país arropan a tan gran plaza similar en tamaño a las visitada por mí en Isfahán (Irán), y de mitad superficie a la más grande del mundo que he visto en Pekín (China), la famosa Tiananmen.
Un grupo de jóvenes dejan ser fotografiados en el círculo central de la plaza, y me llama la atención una exposición de casas prefabricadas que hay al lado, que ya hoy en día están dejando a un lado a los tradicionales Gers.
Ceno un poco de pasta en un cercano restaurante turco y me vuelvo a mi hostel, con tiempo todavía para jugar un poco con pequeñaja de la casa que me indica perfectamente cuantos años tiene con sus dos dedos “translator”. Que bien se entiende uno con la tierna infancia, tod@s hablan igual de pequeños, en todos los países del mundo.
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DÍA 16º ULAN UDE
Después de noche corta en el tren, al no ser este un trayecto muy largo entre las dos grandes poblaciones cercanas al lago, el tren arriba a la estación de Ulan Ude. En este trayecto sí que se notó mucho más que abandonamos las grandes estepas y líneas rectas por un trazado mucho más curvado y sinuoso. Aunque fuera de noche, si te das cuenta de que vas entrando y saliendo en muchos túneles por el cambio de sonido exterior del tren.
Toda la parte central del trayecto la hace bordeando el lago de las nerpas, una variedad de foca que vive en este lago, y posiblemente pasaran desde el mar ártico tras alguna glaciación.
Desde la estación, también voy esta vez caminando, saboreando el fresco, muy fresco de la mañana hacia mi nuevo alojamiento, también esta vez muy céntrico. Y tan céntrico, al lado de la gran plaza con otra nueva estatua de Lenin, que ya puedo ver al ir amaneciendo en la ciudad. Luego os hablo de ella, pero lo que más me llama la atención a primeras, es un nuevo parque infantil hecho de hielo ubicado en el centro de tan gran plaza.
En esta ocasión al todavía haber oscuridad antes del amanecer, las figuras están todas iluminadas de vivos colores, formando un espectáculo cuasi pirotécnico de gran belleza.
Veo un fast food abierto, y me tomo un desayuno antes de alojarme. Llego al guesthouse y me abre la puerta su buriato dueño, que en buriata bata me abre con cara de sueño. No es para menos con estos viajeros que mira a qué horas llegan. Pero muy amable me acomoda en habitación con muchas literas, mientras otras chicas allí hospedadas ya se levantan a desayunar en pequeña cocina.
Y me diréis muchos, que es un buriato. Y os lo contesto, un buriato es un habitante de Buriatia.
-Ah, bueno, ¿y?
-Pues os respondo ya del todo.
Buriatia es una pequeña república que pertenecía a la extinta URSS, y hoy en día a la Federación Rusa. La distingue que sus habitantes, al menos actualmente la mitad, son de claros rasgos asiáticos, con una cultura y tradiciones antiguas basadas en el animismo o chamanismo, que luego evolucionaron hacia la religión budista, que a su vez estuvo bastante perseguida en la época soviética. Mira si serán buena y pacifica gente que ahí siguen, adaptándose siempre a los tiempos que les toque vivir. Hoy en día bastante afincados en el budismo y conviviendo muy en paz con su otra mitad de vecinos de origen ruso eslavo.
Pues bien, llegados a este punto, mi nuevo casero y su trabajadora esposa son buriatos, con unos rasgos que podéis ver en una foto que luego sacaría a unas diferentemente guapas buriatas. En realidad son muy parecidos a los mongoles de la vecina Mongolia, y hasta que se sedentarizaron cuasi obligados por las autoridades soviéticas, eran también un pueblo en su mayoría nómada, usando sus grandes tiendas llamadas Ger, que trasladaban de un lugar a otro buscando pasto para su ganado.
En el hostal mi amigo buriato me presenta a las otras inquilinas de Alemania y Austria, a las que se unen enseguida otros dos conocidos míos, que casualidad, también de Moscú y que arriban al poco tiempo. Mis amigos fineses, del hostal Godzillas de la capital, donde también había conocido a Rodrigo el brasileño. Esto es como el camino de Santiago, unos adelantamos y otros adelantan pero en tantos días siempre nos encontramos por la inmensa Rusia.
Después de descansar un poco, salgo con ellos a comer algo a un restaurante mongol que había visto anunciado en el hostel, y que quería ir probando su comida para mi próxima y cercana visita al país vecino.
Hacia el Mongol Nomads, como se llamaba el sitio, vemos ya de día todas las figuras de hielo, y a infinidad de niños tirándose por sus toboganes de cristalino material. Y en el medio, como viéndolo todo, la estatua con la cabeza del todopoderoso Lenin. Pero no es una cabeza cualquiera, de las que se venden en los chinos, no. Esta es la cabeza más grande de Lenin existente en la madre Rusia, y por ende en todo el planeta. Vaya cabezón, casi 8 metros de altura y gran magnitud de pesado bronce recubierto de capa antioxidante. Porque mira que aquí se podría oxidar de alma, pero nada, está como el primer día, y con Lenin muy rejuvenecido, que ahora ya debe de ser mayor, o murió?
Bromas aparte, la figura impone, y hasta parece que tuviera las cejas pintadas con nieve congelada sobre ellas, pero como comentaba en capítulos anteriores, me gusta conviva pacíficamente pasado y presente de un gran país. ¿Por qué destruir algo que fue culturalmente una representación de una manifestación política durante muchos años?, si la mayoría de los rusos hoy vive el presente sin estar constantemente renegando del pasado.
Además, sirve para que cada uno lo valore a su manera, y hasta aquí sigue viniendo a ver esta escultura gente que todavía la venera, y gente que se hace graciosas fotos con tan impresionante testa.
Es nuestro caso, tanto los fineses como yo, aprovechamos a ayudarnos a hacernos fotos con diferentes perspectivas y posturas, con la cabeza como referencia.
Luego buena comida en el mongol restaurante, a un precio asequible, y donde degusto una riquísima sopa y una variedad de sabores de la tierra de Gengis.
Luego nos volvemos paseando por llamativa plaza con una señal anti botellón, que supongo enseguida se importará en nuestros latinos países europeos. Yo me preguntaba, sino será bastante señal de disuasión los casi 30ºbajo cero a los que llegamos esa noche. Como para estar en la calle toda la noche de botellón.
Pero quien me iba a decir a mí que esa misma noche iba a soportar yo ese frío, y no el que más. Os cuento, nuestro buriato casero nos invitó a ir con él a compartir una tradición muy ortodoxa en toda Rusia, y es la de bañarse a las 12 de la noche en el agua del rio helado, como rito de la Epifanía, que para mi suerte o desgracia era ese día.
Más bien suerte, porque vaya espectáculo. A las 23.30h más o menos, uno de los fineses y yo junto a las chicas alemanas y la austriaca, éramos conducidos por nuestro amigo buriato hasta las inmediaciones de un agujero en el hielo, con una importante cantidad de gente acercándose a él. La mitad vestida y tapada hasta los ojos, la temperatura a esas horas era de -29ºC, y la otra mitad en bañador esperando turno para acceder al agujero en el hielo. Que locura, y más la de mis compis, que como buen finés, alemanas de Baviera y austriaca del Tirol, compartieron iniciativa rusa y allá que se metieron también.

En unas improvisadas carpas militares, se quitaban la ropa, para pasar el agua, y volver rápidamente a secarse y abrigarse. Pero el tilín ya estaba hecho. Que de gente bajando la escalera con pasamanos mojado y convertido en barrita de hielo, y los mismos después de sumergirse tres veces y la mayoría persignarse otras tantas, subir por la otra escalera resbalando en el agua convertida en hielo en poquísimo tiempo.
Fotillas con los integrantes del equipo de congelado en alta mar, y retorno al calentin hostel. Charla comentando la jugada con tés bien calentinos. Majisimos todos y sobre todo nuestro casero y su mujer.
Despedida de los fineses que a la mañana se irían para Mongolia. Yo al día siguiente, así que fijo me los volvería a encontrar.
DÍA 17º ULAN UDE
No madrugo en la mañana, después de noche escribiendo un poco. Ya no sé dónde está mi sueño con tantos cambios horarios, aquí es GMT+9, y mi cuerpo no sabe a qué atenerse, así que duermo unas dos o tres horas solo al día y me basta.
En la mañana me acerco a la estación para saber precio del billete de tren en el Transmongoliano aunque ya iba advertido de que desde Rusia hacia Mongolia era muy caro, y efectivamente una vez en la estación lo pude comprobar. Hasta tres veces más caro que el bus y encima tardando 26 horas en llegar a Ulam Bator, el doble que en autobús.
Así que me decanto por sacar billete en el autobús en el centro de la ciudad. Retorno cruzando las vías del tren con muchos vagones en este caso de mineral mercancía negra. Y en el exterior una vieja locomotora con las siglas de la antigua Unión Soviética: CCCP.
De camino un grupo de pirinos deambula por la calle en busca de algo que tragar, y como sé que Mónica lo haría, saco mi desayuno que iba a ser una empanadilla pierogi de carne, y en casi iguales porciones es repartida entre tan fiel compañero animal. Va por ti prenda.
Tengo suerte, solo quedaban dos asientos libres para mañana, y me cojo uno de ellos que es ventanilla, como a mí me gusta, ir viéndolo todo. En esta ocasión cuanto me arrepentiría al día siguiente.
Como algo en una especie de bufet con comida local, muy económica. Filete de carne con puré de patatas y pierogi con un agua, al cambio 2,5€. Mientras como, leo algo sobre un cercano monasterio en una localidad no muy lejos de Ulan Ude. En concreto es el monasterio de Ivolginsk, un centro de culto lamaísta, ahora religión muy practicada por la mayoría de los buriatos. Dudo si ir hasta él, pero al haber estado ya en varios, tanto en Nepal, como en la vecina China, desisto de la idea dejando una posible visita a otro monasterio en mi próximo destino: Mongolia.
Tarde de relax en el hostel, y partida a seguir Transiberiano, de mis compis alemanas y austriaca. Al poco llegan dos americanas de Arizona y Nueva York en viaje hacia Pekín. Vaya trajín de viajeros y viajeras todo el día, en todas las estaciones y por todo el mundo. Como me gusta que la gente se mueva, sobre todo la gente joven, se aprende muchísimo, es la Universidad del Viaje, que de maestros te encuentras.
En España no está muy expandido, pero muchos viajeros de otros países que me encuentro son jóvenes que después de la universidad, o entre trabajo y trabajo, se toman un año sabático para conocer mundo y gentes del mundo, que gran master, el mejor en él que se puede invertir, y fijo que al final se puede hacer con lo que cuestan muchos de esos masteres. Imposible aprender tanto fijo.
Seguiremos con más y más cosas, seguro que de la tierra del gran Gengis, cuidado con sus caballos, arrasaban con todo.
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DÍA 15º IRKUTSK-LISTVYANKA
Me desperezo en mi litera del hostel, cuando oigo picar a la puerta y Yelena abre. Nada más oír el primer tono de voz en ingles del nuevo cliente, ya se quién es. Y es que el mundo es un pañuelo y viajando mucho más. Entra en la habitación compartida un siempre sonriente, que gozada estar al lado de gente así que te alegra el día, excompañero de pequeña charla en hostel de Moscú. Rodrigo, el brasileño con quien compartí unas pocas palabras antes de subirme al Transiberiano en Moscú, aparecía por allí para acompañarme el resto del día.
Rodrigo, también iba a comenzar el Transiberiano unos días después que yo, pero con menos paradas, por lo que aquí en Irkutsk ya me había pillado. Casualidad es que coincidamos en el mismo hostel, pero ser el más barato ayuda a sincronizarse.
Me pregunta que tal, y que intención tengo en el día, si voy a visitar la ciudad u alrededores. Le comento que nada más desayunar salgo hacia el lago Baikal, y que si le apetece acompañarme pues que genial.
Casi sin descansar, pero dándose una ducha rápida mientras desayuno en la pequeña cocina del hostel, acepta la invitación. Yelena me había puesto en la mesa mantequilla casera, pan tostado, mermelada y té. Entre tanto, estaba cociendo huevos, que no resultaron ser con yema tan colorida como los que salen de la parte trasera de las tan cuidadas gallinas de mi madre y Mónica, pero que con hambre atrasada me supieron a gloria. Por cierto un saludo Gloria de Avilés, que tienes un nombre que sabe a poco.
Yelena desayuna conmigo, cuando oímos un gran alarido en el baño, pensando que Rodrigo se había caído en la ducha, o le había dado un ataque, pero no. Me acerco a la puerta y le pregunto si necesita ayuda, pero enseguida me contesta que no, que está bien. Una experta en su casa Yelena acierta en el pronóstico, -hot wáter- me comenta. Y efectivamente, se había tropezado con el regulador de la ducha convirtiendo el agua muy caliente de por aquí en los cuartos de baño, en agua para escaldarse la espalda. El mayor peligro que de momento yo también me había encontrado por aquí, el agua de las duchas. Un fallo de previsión al abrir el grifo caliente antes que el frío, y creo que roza los 90º. Vamos que te queda la espalda para derretir hielo una semana.
Ya preparados, y superado el incidente térmico, salimos caminando primero hacia la estación de trenes, donde yo debía dejar comprado mi billete para esa noche. En el camino, unos tres kilómetros vemos en la nieve, cerca del río Angara, una manada de perros que guiados por su líder buscan sustento para el día. Es muy habitual ver por aquí perros semisalvajes, buscarse la vida por las ciudades, comentándome Rodrigo que la mayoría el Ayto. les da caza para vacunarlos y luego los vuelven a dejar en libertad.
Cruzando el puente sobre el río y las vías del Transiberiano, saco foto muy fotogénica, de los vagones esperando en las vías muertas trabajo para los próximos días. Los ferrocarriles aquí son tan usados que la cantidad de vagones a la espera de formar convoy que ves en las vías es enorme en todas las estaciones.
En la gran estación, tras saber cuál era la ventanilla rusa adecuada, saco mi pasaje hacia Ulán Ude para esa noche, sin ningún problema ya. Yelena me había escrito en ruso toda la información, que después de varios días yo ya casi se leer, y explicar que billete quiero. Como siempre, tercera clase, el más barato, y a ser posible litera que no esté en el pasillo. Todo perfecto señora despachadora, a la noche me tiene Usted aquí para seguir usando su Transiberiano.
Antes de irnos hacia el lago, le digo a Rodrigo que me gustaría ir a ver un barco con mucha historia, que hoy en día esta encallado en el hielo al norte de la ciudad, junto a una presa que se construyó hace unas cuantas décadas.
Caminando y viendo a nuestro paso todavía alguna de las antiguas casas de madera, que sobrevivieron a varios incendios de esta ciudad, y que dan un aire de pasado a varios barrios donde se ubican, nos vamos a coger un bus urbano que creo nos lleve rio arriba.
Rodrigo lleva el GPS activado, y mientras estamos en el bus que tomamos, vemos que vamos hacia la dirección que queremos. Siempre estás un poco desubicado en el bus, ya que aquí nunca se paga al subir, sino al conductor cuando te apeas en tu parada. El bus va por encima de la presa congelada, y por el mapa sé que el barco se encuentra al final de ella en la otra orilla.
Nos bajamos y caminando un poco ya vemos el famoso Angara. Este es uno de los barcos que se construyeron para ayudar a cruzar el Transiberiano el lago Baikal cuando aún no había vías construidas, por lo difícil de la orografía cercana al gran lago.
No os voy a contar toda la historia, pero os resumo que el Transiberiano inicialmente llego hasta aquí, y ante la dificultad del lago y sus montañosa orilla sur, la más fácil de rodear sin tener que irse casi 600 kilómetros hacia el norte, se pensó en cruzar los vagones en un gran barco que los depositara al otro lado del lago, para desde allí seguir con el trayecto hacia el Pacifico sobre raíles.
Se construyó un barco, que tenía que ser rompehielos, para poder atravesar el helado lago en el frio invierno, y no quedarse atascado cuando comenzara la solidificación del agua. Ese barco tuvo que descomponerse en piezas una vez hecho, para a su vez venir correctamente embalado en miles de piezas a bordo del propio Transiberiano, y luego al llegar cerca del lago volver a montarse todo. Imaginaros que obra, hacer, desmontar, cargar, descargar y volver a montarse casi a 6000kms de su puerto de llegada, para a su vez luego transportar al mismo Transiberiano que le transportó hasta aquí, una locuuuuura. Pero se hizo, y en tiempo cuasi record, ya que el ejército ruso lo necesitaba con urgencia para transportar tropas y material hacia sus defensas de la zona siberiana del Pacifico.
No faltaron problemas y errores, como que hasta que comenzó a navegar con vías en sus cubiertas capaces de albergar todo un tren Transiberiano en cada sentido, se pensó en poder cubrir el trayecto en invierno, haciendo unas vías sobre el hielo del lago, con la esperanza de que el hielo soportara el peso, pero no. Después de construir todo un trazado, se probó a pasar con una locomotora, la cual no soportando el peso el hielo en el centro del lago por las corrientes submarinas de agua menos fría, se fue hundiendo, hasta que los presentes se quedaron boquiabiertos con tan magno espectáculo. El Transiberiano, se convertía en el Nautilus, y ahí descansó la locomotora buceadora.
Más tarde se mandó construir otro barco, un poco más pequeño, que es el que estábamos nosotros ahora viendo, de nombre Angara, como el río que atraviesa esta ciudad de Irkutsk , y que es el único que desagua aguas del gigantesco lago, y cuya misión era surcar las aguas del rio hasta el lago y desde allí cruzarlo. Pero el barco era más pequeño de lo que debiera para que con su peso rompiera el gran espesor del hielo en invierno, por lo que resultó un fracaso total.
La única forma de que pudiera cruzar el Baikal era siguiendo la estela del gran rompehielos que le iba abriendo camino. Aún con tan des motivantes malas noticias, la capacidad del hombre para superar obstáculos es total. Se hizo una línea férrea llamada Circumbaikal, que con un numeroso número de túneles y puentes, bordeaba el lago por su parte sur.
Hoy en día esa línea se sigue usando, pero solo con fines turísticos por su lentitud, ya que la nueva línea que yo tomaría esa noche va directa desde Irkutsk hasta el punto más al sur del Baikal, y desde allí a Ulán Ude, ya en la vecina República de Buriatia.
Bueno y no sigo contándoos batallas del transiberiano a su paso por tan imponente lago, sino que os cuento un poco nuestra visita al pequeño Angara, que ahora descansa aquí como historia del río y del Baikal. Descendemos por el terraplén que forma la presa sobre el río hacia el gran pantano congelado que se forma en esta época, y en frente nuestro tenemos al histórico barco encallado en el hielo, como si en cemento armado lo hubieran depositado.
Tomamos unas fotos desde la parte de babor del barco y rodeándolo por la proa, intentamos rescatarlo del hielo sin éxito (es brooooma). Primero Rodrigo, un brasileño de Rio de Janeiro con tejanos en Siberia, y luego Alberto, un asturiano que todavía no ha usado los guantes en todo el viaje. Vaya par de integrantes del ejército siberiano ruso. No pasamos ni la primera oposición a ayudantes de cocina para servir los ranchos de los camaradas soviéticos.
Nos hacemos unas fotos y al no ver a nadie por allí abordamos el barco, con intención de hacernos a la mar (es más broma), para hacernos a la mar echaríamos una vida. Primero deberíamos esperar al deshielo, luego que se rajara la presa, luego navegar el río, luego desmontar el barco, luego montarlo en el Indico y luego, bueno luego, luego seriamos “los reyes del mambo” navegando en el hasta la playa de Copacabana, para que nos viera llegar la madre de Rodri en él. Por falta de imaginación no iba a ser, a que no?
Una vez en cubierta, vemos que está bien conservado para tener sus 100 añitos, y me recuerda mucho a mi navegación en otro de los mitos del agua dulce, y de similar historia que os comparto enlace por si tenéis más ganas de leer. Se trata del gran Liemba, el cual hoy en día sigue navegando por el africano Lago Tanganika.
http://albertocampamontes.blogspot.com/2012/02/cuaderno-de-viaje-africa-ix-lago.html
Desde dentro del puente de mando alguien nos mira, y como si hubiéramos perturbado su intimidad sale a nuestro encuentro. Nos disculpamos ante casero ruso del Angara y desembarcamos de la nao, sin haber completado el abordaje pirata, y diciendo adiós a nuestro sueño de irnos con él al pueblecito brasileño de mi amigo: Riuuuu do Janeeeerio.
Lo miramos por última vez e iniciamos vuelta hacia el centro de la ciudad, en otro bus urbano, para a continuación dirigirnos al Baikal. En el centro camino de la estación de minibuses, le enseño a Rodrigo varios lugares que había visto el día anterior, para que él pueda visitarlos al día siguiente. La plaza Kirov, el Circo, las calles peatonales con sus simpáticas figuras de bronce.
Después de preguntar varias veces, un corpulento señor nos señala una pequeña furgo ya a punto de salir al estar casi completo su aforo. Nuestro destino, Listvyanka, pequeño pueblo a orillas del lago, está más o menos a una hora de viaje por nevada carretera entre bosques siberianos. En la furgo viajamos doce personas, pero nuestra mirada recae en una simpática y coqueta niña que viaja con su mama. Con su colorido anorak y capucha de pelo, va mirando a estos dos peces de aguas más calientes, que se están a punto de congelar unas horas más tarde en tan helador lago frigorífico.
Poco antes de llegar a Listvyanka, vemos donde se juntan las aguas del lago con las del rio Angara, formando un precioso contraste de medio acuífero sólido y líquido, que maravilla. Unos tres kilómetros más adelante nos posamos y sin pensarlo dos veces corremos a tirarnos a bañar en el lago,…nooooooo, eso es en verano, donde miles de rusos de todas las Rusias, se vienen aquí de vacaciones a tomar el sol en la playa que el lago forma junto a esta tranquila villa vacacional, y zambullirse en sus aguas.
Parece increíble, pero como me comenta por Facebook mi amigo Ángel, que estuvo aquí en verano y con calorcito, ahora el lago es una gran pista de patinaje, con una ya buen capa de hielo.
Rodrigo con más precaución por si se rompe el hielo, y yo más alegremente al observar que hasta hay coches circulando sobre el lago, nos subimos a tan deslizadiza superficie. Una gozada dejarte patinar por el hielo, mirando hacia abajo y viendo el fondo cristalino a través del hielo, con burbujas de aire y nieve atrapadas en su compacta capa de hielo.
Cerca de nosotros se está construyendo todo un Port Aventura a la siberiana, es decir un parque de atracciones pero de hielo, con sus muros de hielo, sus toboganes gigantes con altura y curvas iniciales, piscinas de hielo, y todo cortando este material en el centro del lago con un mecanismo de sierra eléctrica.
Me acerco hasta ellos para ver como cortan el hielo y luego lo transportan en una pequeña furgoneta en bloques, pero enseguida me avisan que no me acerque por que donde están cortando y hasta que de nuevo el agua que brota del fondo se vuelve a congelar podría romper. Como entiendo el ruso ya, como si hubiera nacido aquí. Nooo, ni entiendo el ruso ni nací aquí, porque si no no me estaría acercando a los agujeros, ni este ruso me estaría haciendo los grandes aspavientos con las manos que me estaba haciendo, jajá. No hay nada como la mímica. Charlot hablaba sin hablar, y que bien le entendíamos todo al gran cómico en blanco y negro.
Seguimos inspeccionando tan diferente para nosotros medio acuoso, hasta que uno de los dos ya le dice al otro sino sería mejor ir a tomarnos un té, ya que estábamos con signos avanzados de congelación en dedos de los pies de tanto caminar sobre Frigoríficos Fandiño, y en los de las manos de sacar tantas fotos en la cámara de Congelados Basilio.
Tiritando entramos en un pequeño bar a la orilla del lago donde una estufa hacia saltar las lágrimas de satisfacción a tan grandes exploradores polares.
Media horina allí, y listos para salir, o mejor dicho para entrar al frío nuevamente. Caminamos por un sendero que asciende por las montañas que bordean el lago, y así poder desde lo alto contemplar tan bella obra de arte. El Baikal a nuestros pies, más de 600 kilómetros de longitud norte-sur, un ancho que llega a los 80 kilómetros este-oeste y en su interior el 20% del agua dulce de todo el planeta. Es grande pero no tanto como para esta cifra, pero ahí es donde interviene su gran profundidad, hasta los casi 1700 m de vertical cantidad de agua, hace que tenga más líquido, ahora sólido, que todos los grandes lagos norteamericanos. Y para abastecer tanta capacidad 336 ríos siberianos se ponen todos de acuerdo para escupirle agua sin parar al amigo. Im-presionante, diría Jesulín.
-Ya me guztaria a mí, torear en una plasa como ezta, vaya pedaso plasa- comenta el afamado torero.
Todo impresiona aquí, hasta ver que ya puedes cruzar el lago en taxi a gran velocidad, eso sí conociendo por donde no se romperá, que sino acabas visitando la locomotora.
Con pocas ganas de abandonar el lugar, pero con posible pérdida de mi tren si no lo hacemos, tomamos una furgo de regreso, pero haciéndosenos inevitable pararnos a hacer fotos en el entronque del lago con el rio Angara.
Abandonamos esta furgo y nos acercamos a un simpático mirador donde vemos a gente atravesar el lago en skis de fondo y en motos de nieve. La puesta de sol sobre el lago es preciosa, y muy cerca de allí, un pequeño transbordador, transporta pasaje y coches de una orilla a otra del rio, uniendo esta con Port Baikal, donde comienza la ruta del tren Circumbaikal.

Ahora sí, a esperar el minibús definitivo que nos devuelva a Irkutsk, viendo en la parada el cercano museo del lago, con un robot submarino expuesto en una cristalina urna en su exterior, y un precioso perro siberiano que merodea por los alrededores.
Una hora de regreso, todavía nos da tiempo a comer algo camino del hostel para recoger yo mi mochila grande, y despedida de mi gran amigo ya, Rodrigo de Rio.
Camino hacia la estación y tomo el tren de la noche camino de mi nuevo destino: la Republica de Buriatia, os cuento más cosillas “mes amis”, como me presta teneros leyendo. Abrazoski.
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